lunes, 3 de marzo de 2014

Recortes de Haruki Murakami




"Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son esas cosas las que a mí , realmente, me dan miedo. Son esas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. Es importante saber qué es correcto y qué no lo es, por supuesto. Sin embargo, los errores de juicio personales pueden corregirse en la mayoría de los casos. Si uno tiene la valentía de reconocer su error, las cosas, generalmente, se pueden arreglar. Pero la estrechez de miras y la intolerancia de la gente sin imaginación son igual que los parásitos. Provocan cambios en el cuerpo que les acoge y, mudando de forma, se repoducen hasta el infinito [...]"
Kafka en la orilla

"...La memoria es algo extraño. Mientras estuve allí, apenas presté atención al paisaje. No me pareció que tuviera nada de particular y jamás hubiera sospechado que, dieciocho años después, me acordaría de él hasta en sus pequeños detalles. [...] estaba enamorado, y aquel amor me había conducido a una situación extremadamente complicada. No, no estaba en disposición de admirar el paisaje que me rodeaba.
Sin embargo ahora, hasta la primera imagen que se perfila en mi memoria es la de aquel prado. El olor de la hierba, el viento gélido, las crestas de las montañas, el ladrido de un perro. Esto es lo primero que recuerdo. Con tanta nitidez que tengo la impresión de que , si alargara la mano,podría ubicarlos, uno tras otro, con la punta del dedo. Pero este paisaje está desierto. No hay nadie. No está Naoko, ni estoy yo."¿A donde hemos ido?", pienso."¿Cómo ha podido ocurrir una cosa así? Todo lo que parecía tener más valor -ella, mi yo de entonces, nuestro mundo- ¿dónde ha ido a parar?" Lo cierto es que ya no recuerdo el rostro de Naoko. Conservo un decorado sin personajes..."
Tokio blues

Fragmentos literarios


No todo el mundo sabe que a Veracruz y a sus playas lejanas no pienso en la vida nunca volver. Fui feliz allí, el mes pasado, en noche de luna llena, en Los Portales, ni antes ni después de esa noche, en el último mes de julio de mi juventud. Pero no pienso en la vida nunca volver, pues sé muy bien que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte.

Enrique Vila-Matas, Lejos de Veracruz

Él era un puñado de agua, nunca pude asirle, era como estar con el hombre invisible, era como un grifo viejo, y a mí me tomaba por un fontanero.
Creo que nos quisimos, aunque prefiero olvidarlo, era un embrollo demasiado penoso. Es indudable que me deseaba mucho y confundió deseo con amor. No creo que haya sabido lo que significa amar. Creí que me amaba porque me lo repetía continuamente, pero lo único que quería era que yo dependiera de él, quería reducirme a la esclavitud. Era un sentimental peligroso, enamorado del amor, lo que equivale a decir: no enamorado de una persona sino de una pose, de un gesto, de un principio. Son los peores perversos: los que se creen puros pero prefieren una idea de sentimiento a una persona. Este amor, perfectamente pueril y bonito solo engendra dolor y decepción, nadie le sobrevive.
Lo más terrible es que millones de personas se intoxican de este tipo de sentimientos, y yo desde luego también sucumbí, porque si no, ¿cómo habría podido aceptar pamplinas semejantes? Me enseñó a amar con indiferencia, vida asentimental. Hoy ni siquiera le odio ni le echo de menos, la verdad es que ya no quiero recordarle.
Este tipo de hombre prefiere instalarse en un piso de tres habitaciones con la primera que se encuentran que despertarse solos en la cama, y en cuanto conviven con ella le reprochan que les robe la libertad. Estos hombres incapaces de convertirse en a
dultos son los daños colaterales de la liberación sexual. ¿Qué hacer con los individuos que no pueden quedarse solos ni vivir con alguien?
Son “bombas humanas” en potencia.
Para un hombre, crecer sin un padre, condena a vivir sin saber nunca quién eres ni lo que quieres, aparte de conquistar incesantemente a mujeres a las que nunca consigues soportar. Yo le “envenené” de tal manera su vida que a veces me remuerde la conciencia, pero me equivoco, ¡el deshonesto era él, no yo!.
No creí que fuese capaz de hacerme daño, me equivoqué”.

Frédéric Beigbeder, Socorro, perdón

Ideas para inspirarse: el desarrollo de Noruega



Hace 50 años Noruega era uno de los países más pobres de Europa y sin embargo actualmente su caso constituye un ejemplo donde las políticas sociales y económicas se han combinado para conseguir un desarrollo sostenible y justo. ¿Qué hace que este país esté liderando el Índice de Desarrollo Humano durante 5 años consecutivos?
Sin duda muchos pensarán que el petróleo ha sido el principal factor de crecimiento del país, pero muchos países ricos en recursos naturales presentan la paradoja de sufrir elevados niveles de pobreza económica. Un ejemplo de este hecho lo encontramos en el término de “enfermedad holandesa”, utilizado para describir la situación que se produce en un país cuando un descubrimiento de importantes yacimientos de recursos naturales genera una expansión del sector energético correspondiente mientras se produce una desindustrialización considerable de la economía.
El Índice de Desarrollo Humano tiene en cuenta la combinación de indicadores de esperanza de vida, logros educacionales e ingresos del país. El éxito de Noruega es debido a su capacidad para haber generado un desarrollo basado en la inclusión, la transparencia y la responsable gestión de los recursos naturales.

Políticas sociales: inclusión y transparencia
La inclusión es un objetivo prioritario. Para ello ha otorgado especial importancia a la educación y la salud pública, que son gratuitas para todos los ciudadanos. Así mismo, no sólo ha experimentado un elevado crecimiento de la riqueza, sino que ha generado un reparto igualitario, siendo el segundo país del mundo donde la riqueza está repartida de manera más equitativa.
Se impulsa también la igualdad entre sexos, ya que está demostrado que existe una correlación positiva entre el desarrollo de un país y la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Esto se refleja en que Noruega tiene una participación laboral femenina un 20% superior al promedio de la Unión Europea.  Además, por ley el 40% de los representantes parlamentario y los integrantes de las juntas directivas en las empresas tienen que ser mujeres.
Noruega también presenta un nivel muy alto de transparencia. La información gubernamental tiene que ser accesible para el público y de esta manera se contribuye a que las instituciones tengan un alto nivel de control democrático. Esta transparencia genera confianza y más eficiencia, atrayendo así a inversores al país.

Gestión de los recursos
Noruega piensa a largo plazo y se compromete con una gestión responsable y sostenible. Es el sexto país exportador mundial de petróleo y el segundo país exportador de gas. Se caracteriza por tener un manejo de los recursos gestionado con reglas estables y que ha generado un buen clima de inversiones.
Pensando además en las futuras generaciones, y considerando el hecho que el petróleo y el gas son recursos no renovables cuya cantidad se puede ver mermada en un futuro,  ha creado un fondo público donde se destinan los excedentes derivados de los ingresos del petróleo. Este fondo está destinado a invertir y asegurar la economía en el futuro. Así Noruega demuestra tener un enfoque a largo plazo para evitar sufrir el síndrome holandés antes citado.


Haciendo frente a los desafíos ambientales
Se observa también un compromiso con la lucha por el cambio climático, por desarrollar estrategias para reducir las emisiones y proteger los bosques y selvas tropicales. El reto consiste en encontrar combinaciones que proporcionen el acceso necesario de energía al mundo y que cuiden el clima.
Ejemplos de esta lucha por el cambio climático se materializan con su propuesta y voluntad de reducir las emisiones de los gases que provocan el efecto invernadero (GEI) un 30% para el año 2020. La  conservación de bosques y selvas tropicales mitiga los efectos negativos del cambio climático y es por ello que participa en la iniciativa Internacional de Clima y Bosques, donde apoya a diversos países afectados por la deforestación. 
El cambio climático tiene efectos sobre el casquete polar, que  se está derritiendo y esto tiene su incidencia para Noruega y el resto del mundo. Ante este hecho, se ha creado un centro de investigación para el cambio climático en el norte del país y se ha establecido también la Bóveda Global de Semillas de Svalbard. Este banco constituye el banco de semillas más grande del mundo y tiene como objetivo proteger la diversidad de las especies de cultivos que sirven como alimento.
Vemos así que Noruega encabeza el Índice de Desarrollo Humano por ser capaz de generar un crecimiento económico que se distribuye de manera equitativa en la sociedad, por presentar unos altos niveles de transparencia democrática y por su compromiso con el desarrollo a largo plazo, donde la gestión de los recursos naturales se realiza de manera responsable y sostenible.

Discúlpeme pero NO



Discúlpeme pero NO.
No me hace falta una moda para mi identidad,
me visto de sincero y no me queda mal, 
y traigo a la medida mi autenticidad.

Discúlpeme pero NO.
No me hace falta el dinero para saber quien soy,
soy libre como el viento y eso me hace feliz; muy feliz.

Discúlpeme pero no.
No me hace falta una regla para con Dios hablar, 
somos muy amigos y nos gusta variar,
y nos da buen resultado la sinceridad.

Discúlpeme pero no.
No me hace falta un permiso para amar,
de eso sí me sobra y lo quiero entregar
sin calcular y sin esperar.
Los hombres se complican mucho
uniendo tonterías en una verdad,
a todo ponen condiciones 
y ya nadie es libre si quiere amar.

Discúlpeme pero NO.
No me hacen falta fronteras, odio la división,
soy ciudadano del mundo... simplemente soy yo.

Si eso le molesta... discúlpeme por favor.

Frases de reflexión de Nelson Mandela




Ante todo soy un optimista.
Si eso es algo que me viene de forma natural o aprendida, no lo sé. Parte de lo que supone ser optimista es siempre dar pasos hacia adelante, hacia el sol. Hubo muchos días en los que mi fe en la humanidad fue duramente puesta a prueba, pero siempre tuve claro que bajo ninguna circunstancia me rendiría a la desesperación, pues ese es el camino que lleva a la derrota y muerte.

La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia.

Nadie nace odiando a otra persona a causa del color de su piel, origen o religión.
La gente aprende a odiar, y puesto que eso es posible, también lo es que aprendan a amar, algo que es mucho más natural para el corazón humano.

La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en médico, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación.

Una buena cabeza y un buen corazón formarán siempre una maravillosa combinación.

He aprendido que la valentía no es la ausencia del miedo, sino que es el triunfo sobre el miedo. Valiente no es quien no tiene miedo, sino el que logra conquistar sus temores.

Un ganador es un soñador que nunca se da por vencido.

El reto más importante que podamos tener por delante es establecer un orden social en la que la libertad del individuo suponga verdaderamente libertad para el individuo.

La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndoles.

Dejad que la libertad reine. El sol nunca ha iluminado un logro humano más glorioso.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Monserrat Cultural Nº 67

Imagen de Tapa: “Barrio arriba” de Zithzam.

Recortes de Haruki Murakami



“Ya ves, continuamos viviendo cada uno a su manera, incluso ahora”, pensé. Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y sólo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio. Podemos alargar la mano e ir tirando del hilo de los días que nos han destinado, ir dejándolos luego atrás. En forma de trabajo rutinario, el trabajo de todos los días…, haciendo, según cómo, una buena actuación. Al pensarlo, me sentí terriblemente vacío.” 
Sputnik, mi amor 

" ¿Por qué me gustan las medusas? No lo sé. Las encuentro bonitas. Antes, mientras las miraba, he pensado una cosa. Escucha, lo que nosotros vemos es sólo una pequeña parte del mundo. Damos por hecho que esto es el mundo, pero no es del todo cierto. El verdadero mundo está en un lugar más oscuro, más profundo, y en su mayor parte lo ocupan criaturas como las medusas. Eso nosotros lo olvidamos. ¿No te parece? Dos terceras partes del planeta son océanos y lo que nosotros podemos ver con nuestros ojos no pasa de ser la superficie del mar, la piel. De lo que verdaderamente hay debajo no sabemos nada. " 
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo 

Entorno del mito.

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende"
Eduardo Galeano - el libro de los abrazos

Microrelatos

Un fragmento magistral de Norwegian Wood de Haruki Murakami
Cuando me desperté tuve la sensación de seguir soñando.
El interior de la habitación brillaba tenuemente a la blanca luz de la luna. En un acto reflejo, miré hacia el suelo buscando los pájaros de metal esparcidos (sueño). Por su puesto, no había ninguno. Solo estaba Naoko, sentada a los pies del sofá, con la vista clavada al otro lado de la ventana. Tenía las rodillas dobladas y el mentón apoyado en ellas como un huérfano hambriento. Dirigí la mirada hacia el reloj que había en la cabecera, el cual no se encontraba donde lo había visto antes. Deduje, por la luz de la luna, que debían de ser las dos o las tres de la madrugada. Aunque estaba sediento, opté por permanecer inmóvil observando a Naoko. Llevaba la misma bata azul que antes y la mitad de su cabellera estaba sujeta por el pasador con forma de mariposa. Su bonita frente resplandecía a la luz de la luna. —¡Qué extraño!—, pensé. —antes de acostarse se había quitado el pasador.—
Naoko permanecía inmóvil. Parecía un pequeño animal nocturno hechizado por la luz de la luna. El ángulo de la luz exageraba la sombra de sus labios. Aquella sombra vibraba con pequeñas pulsaciones al compás de los latidos de su corazón, o acaso de sus pensamientos. Tal vez susurraba palabras mudas a la noche.
Tragué saliva para calmar la sed y aquel sonido resonó, atronador, en el silencio de la noche. Entonces Naoko, como si ese sonido hubiese sido una señal, se levantó de un salto y, con un tenue frufrú de telas, se arrodilló junto a mi almohada y clavó sus ojos en los míos. La miré, pero sus ojos no decían nada. Las pupilas tenían una transparencia inusitada; eran tan claras que parecía que a través de ellas, podría verse el más allá. Por más que miré, no logré ver nada en sus profundidades. El rostro de Naoko quedaba a treinta centímetros del mío, aunque yo lo sentía a muchos años luz de distancia.
Alargué el brazo e intenté tocarla, pero ella se echó hacia atrás. Los labios le temblaban. A continuación, alzó las dos manos y empezó a desabrocharse la bata. Tenía siete botones. Contemplé, cual si fuera una prolongación del sueño, como sus hermosos y delgados dedos iban desabrochándolos, uno tras otro. Una vez que hubo soltado los siete pequeños botones blancos, Naoko, como una serpiente que se desprende de su piel, dejó que la bata se deslizara desde los hombros hasta la cadera y quedó completamente desnuda, pues no llevaba nada debajo. Lo único que tenía puesto era el pasador con forma de mariposa. Naoko, todavía arrodillada en el suelo, se quedó mirándome. Bañado por la suave luz de la luna, su cuerpo tenía el lustre de la carne recién nacida, y casi despertaba compasión. Al moverse —en un movimiento apenas perceptible—, las partes bañadas por la luz de la luna se desplazaron levemente, las sombras que teñían su cuerpo cambiaron de forma. Los pechos redondos y llenos, los pequeños pezones, la cavidad del ombligo, las caderas, el vello púbico, todas las texturas de aquella sombra cambiaron de forma, igual que las ondas sobre la superficie de un lago.
—¡Que cuerpo tan perfecto!—, pensé. ¿Cuándo había adquirido Naoko unas formas tan perfectas? ¿Dónde estaba el cuerpo que yo había abrazado aquella noche de primavera?…
… El cuerpo que tenía ahora delante era muy distinto al de entonces. Me dije: —Su carne, tras experimentar diversas transformaciones, ha llegado a la perfección y renace bajo la luz de la luna—…
… El cuerpo de Naoko era tan perfecto que no logró excitarme. Me limité a contemplar, atónito, la preciosa curva de la cintura, los pechos redondos y lustrosos, el vientre esbelto que vibraba en silencio con su respiración y, debajo, la sombra de su vello púbico negro y suave.
Expuso su cuerpo desnudo ante mis ojos durante… ¿cuánto? ¿Cinco, seis minutos? Poco después volvió a ponerse la bata y empezó a abrocharse los botones por orden, empezando por el de arriba. Se levantó de repente, abrió la puerta sin hacer ruido y desapareció en el interior de su dormitorio.


"Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son esas cosas las que a mí , realmente, me dan miedo. Son esas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. Es importante saber qué es correcto y qué no lo es, por supuesto. Sin embargo, los errores de juicio personales pueden corregirse en la mayoría de los casos. Si uno tiene la valentía de reconocer su error, las cosas, generalmente, se pueden arreglar. Pero la estrechez de miras y la intolerancia de la gente sin imaginación son igual que los parásitos. Provocan cambios en el cuerpo que les acoge y, mudando de forma, se repoducen hasta el infinito [...]" 
Kafka en la orilla

sábado, 28 de septiembre de 2013

Monserrat Cultural Nº 65

Imagen de Tapa: “Mariposa” de Shichinin Tai.

Editorial

Abrimos este espacio para reflexiones. Hoy citamos a Charles Chaplin. Que lo disfruten.

El editor
A medida que aprendí a tener amor propio,
pude comprender lo ofensivo que puede ser
forzar mis deseos sobre sobre alguien,
sin importarme que no sea el momento adecuado,
ni que esté preparado para ello...
aunque yo mismo sea esa persona sobre la que me imponga.
Hoy sé que de lo que se trata eso es de…
respeto.

Charles Chaplin, poema reflexión
A medida que aprendí a tener amor propio,
dejé de desear una vida diferente,
y me di cuenta de que todo cuanto nos rodea
es una invitación a crecer.
Hoy sé que de lo que se trata eso es de…
madurez.

el amor propio, por chalie chaplin
A medida que aprendí a tener amor propio,
comprendí que siempre, sin importar la circunstancia,
estoy en el lugar y el momento correcto,
y sólo debo relajarme.
Hoy sé que de lo que se trata eso es de…
autoconfianza.

A medida que aprendí a tener amor propio,
dejé de idear proyectos demasiado ambiciosos,
y a robarme mi propio tiempo...
Hoy, a mi propia manera, y mi propio ritmo,
sólo hago aquello que me hace feliz,
aquello que amo y alegra mi ser.
Hoy sé que de lo que se trata eso es de…
sencillez.

Microrelatos


Microrelatos

Obsesiones
Por: Hernán Rosker

Todos los escritores tienen una eminente obsesión por la clasificación. Borges, por ejemplo, catalogaba sus libros de acuerdo a la nacionalidad de los personajes. Connan Doyle por el peso y la altura del autor. Víctor Hugo por el bello facial de los protagonistas.
Quizás el más resonante caso sea el de Polisemio Antojo. Polisemio catalogaba sus libros de acuerdo a la cantidad de palabras. Las aventuras del Ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha: 1.753.281 palabras; La Ilíada: 87.637,402: Historia de dos ciudades: 157.364,521; Los miserables: 168.438.926; etc.  
Una vez, su colega Ramón Del Todo Perdido, le trajo una inquietud. Qué sucedía con los libros traducidos. La longitud de una frase varía porque las reglas gramaticales no son las mismas en cada lengua. Polisemio pareció despertarse de un profundo letargo. Se quedó pensando de lleno en el asunto.
Desde entonces, Polisemio se dedicó a encontrar en su idioma original todos los libros extranjeros que había leído, para reclasificar sus libros. Tal obsesión por la búsqueda de libros en su idioma original lo mantuvo en vilo toda la vida.
En el final, llegó a decirle a Ramón: “Todo cuanto he leído era mentira”.

Relámpagos
Por: Hernán Rosker

Dichosos los que imaginan.
Los que crean el mundo y rechazan lo heredado.
Un solo mandamiento debemos cumplir: adelantarse a lo que viene.
Descubrir lo que aún no fue descubierto.

***
Todo empezó con una gran explosión, a la que llamaron big bang.
Pero, ¿qué originó el big bang?
Y ¿qué había antes del big bang?
¿Nada?
Nada sale de la nada.

El Lento Deambular de las Estrellas entre sus Piernas


Álvaro Barragán García

Ablandaba el tedio criando tortugas a las que pintaba constelaciones en los caparazones, luego las dejaba deambular por el piso y miraba atenta el lento movimiento del universo sobre el suelo. En las tardes de lluvia pasaba horas con la nariz pegada en los cristales viendo pasar el tiempo distorsionado por las cortinas de agua que descendían por el vidrio de las ventanas. Las noches, como las tortugas, pasaban lentas y cansinas a su lado y apenas la rozaban, porque, sentada sobre un sillón Voltaire, leía libros de relatos en los que subrayaba los nombres de los personajes que, de una forma u otra, habían compartido con ella alguna vivencia, algún pensamiento o con los que, sencillamente, le daba por identificarse. Se había llamado Elisa, la del cartero, había sido Rebeca, maltratada por el paso ineludible de los años e incluso La Flaca, porque ayer quiso mirarse en el espejo de un cuento de una tal Clotilde Rodríguez y se vio reflejada en la pequeña perrita a la que sus hermanos de camada hurtaban el pezón de su madre. Era autocompasión, ella lo sabía, pero dejaba que el sufrimiento que le producía la conciencia de su soledad y la certidumbre de que envejecía entre estrellas ambulantes, le provocara la caricia del placer que proporciona el dolor autoinfligido.

Sólo las esporádicas visitas de Tomaso conseguían arrancarla durante unos minutos de esa especie de depresión inducida en la que se había acomodado como quien se habitúa al frío. Tomaso llegaba subiendo los escalones de dos en dos; nunca cogía el ascensor, en parte porque su estatura le impedía llegar al botón del sexto piso, en parte porque, a la carrera, liberaba el exceso de energía que acumulaba en su cuerpo de ocho años. Aporreaba la puerta con los puños (al timbre sí llegaba, pero no le gustaba su sonido, siempre tenía la impresión de estar aplastando una chicharra con el dedo) esperaba a que Elisa, Rebeca, La Flaca o quien quiera que esa tarde fuera, le abriera y sin mirarla a los ojos siempre posados sobre dos bolsas grises, abría la tapa de una pequeña caja de cartón en cuyo interior se revolvía excitado un ecosistema vivo de moscas, saltamontes y lombrices, perdido entre manojos de césped arrancados de cuajo y hojas de morera. Para las tortugas, decía, y no más dejaba el micromundo en las manos de ella iniciaba una loca carrera por el pasillo y las habitaciones recolectando constelaciones de debajo de armarios, camas y sillones. ¡Falta Orión! gritaba desde detrás de una cómoda. Ella sonreía, alisaba su cabello como si ese fugaz rastro de luz en su rostro le hubiera inducido de repente la necesidad de sentirse guapa y le contestaba: está aquí, junto a Casiopea. Merendaban pan con chocolate mientras miraban al universo engullir insectos como un agujero negro, luego, saciados unos, saciados otros, soltaban a las tortugas y comenzaba de nuevo la lenta expansión estelar sobre el parqué. Tomaso se iba prometiendo volver otro día y ella se hundía de nuevo entre las orejas de su sillón Voltaire para buscarse en las páginas de cualquier libro de relatos.

Los golpes seguidos de los pequeños nudillos sobre la puerta la rescataron del fondo del pozo de su melancolía. Volvió a alisarse el pelo y se dirigió a abrirle a Tomaso mientras con su mirada localizaba el emplazamiento de las estrellas nómadas. Asió el picaporte y con un leve giro le abrió. Volvió a sonreír. Venía con las manos vacías y la cara sucia, había llorado. Mi madre no quiere que vuelva, le dijo, dice que sólo a una loca se le ocurre pintarle el caparazón a las tortugas. Adela (hoy se llamaba así) acercó la mano a su cara y retiró de su párpado una última lágrima perdida. ¿Tú crees que yo estoy loca?, le preguntó. Tomaso la miró a los ojos y descubrió el desamparo en sus pupilas, luego buscó con su mirada y localizó a Pegaso junto al paragüero. Volvió a mirarla y le contestó: no te preocupes, puedes darle mi chocolate. Dio media vuelta y bajó a saltos la escalera dejándola vacía como una caracola sobre la arena de la playa. Llovía, pegó la nariz al cristal y suavizó el paso del tiempo mirando sin ver el reflejo distorsionado sobre la acera empapada de las primeras farolas de la noche. Luego volvería a sus cuentos, esta noche se buscaría en Lucía, la que pintaba tortugas para ver las estrellas deambular entre sus piernas.
Fuente: www.ficticia.com

Microrelato


El Vuelo del Pájaro Elefante
Ángel Olgoso

Avanzo a través del túnel que excavé durante meses en la toba blanda. Me arrastro por este nauseabundo arroyo con la desesperación de los que se saben imantados por fuerzas fatales, de los que han infligido dolor, de los que han sido martillos inclementes para numerosos clavos. Después de dos horas de angustia, mi cuerpo asoma fuera de la boca del túnel. El zumbido de los oídos desaparece. Logro esquivar los reflectores en el mortal damero del patio de la prisión. Me muevo como un veneno recién inoculado. Acometo sin respiro los vastos y resbaladizos muros de cantería. Tras ocultar las sábanas encordadas, atento a los paseos de los guardianes, me interno en las sombras reconocibles de la tercera galería. Puedo escuchar el roce de mis pisadas y el frotecillo asombrado del mecanismo de la suerte. Por fin estoy ante los barrotes. Inspiro profundamente, adelgazándome, y me deslizo entre ellos. Con infinito alivio regreso a las dulzuras de mi celda, a salvo de la aturdidora, extenuante y espantosa libertad.

Poesía porque sí

Versos extraídos de “El Libro de las Dos Versiones”
De Edith Vera


Versión Primera
Ríe esta niña
y su corazón
es todo una fruta de seda colorada.

Versión Segunda
Salvaje fruta,
esa sonrisa que viene desde la tierra
y se calza en el pecho
de la niña.


Versión Primera
El sol viaja en el cielo
y es puro oro.
Nacen bajo su luz
enormes girasoles, retamas
y el corazón de las manzanillas.

Versión Segunda
¿A qué penumbra hay que acudir
para leer
a Xul Solar, sus enigmas,
los mensajes de otros soles?
¿Entrecerrado los ojos,
guardando los asombros?


Versión Primera
A mis pies
deteniendo el paso,
la mariposa muerta.
¡El viaje interrumpido
entre la flor y el aire,
cerrando
una vida tan breve!

Versión Segunda
Desde la mariposa muerta
parten alas y alas.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Monserrat Cultural Nº 64

Imagen de Tapa: “Vuelo Floreciente” de Kerby Rosane.

Editorial

Una historia para entender lo que es la fortaleza. Que lo disfruten.

El editor


"El atleta más fuerte no es el que llega antes ante la meta. Ése es el más rápido. El más fuerte es el que cada ves que se cae se levanta. El que cuando siente el dolor en el costado no se para. El que cuando ve la meta lejos no abandona. Cuando ese corredor llega a la meta, aunque llegue último, es un ganador. A veces, aunque quieras, no está en tu mano ser el más rápido, porque tus piernas no son tan largas o tus pulmones son más estrechos. Pero siempre puedes elegir ser el más fuerte. Sólo depende de ti, de tu voluntad y de tu esfuerzo. No os voy a pedir que seáis los más rápidos, pero os voy a exigir que seáis los más fuertes."


La Bibliotecaria de Auschwitz (Framento)
Antonio G Iturbe.

Microrelatos





"Piensa en esto.. -dijo-. Si el día presente quiere parecerse al día pasado, el tiempo pasa lento y duele. Si el día presente quiere parecerse al día futuro, el tiempo pasa lento y duele. Si el día presente se parece al día presente, el tiempo transcurre en su justa música y acompaña."

Fragmento de Los días del fuego (Saga de los Confines, 3era parte), Liliana Bodoc


Sorpresa
Por:Felipe Garrido

Boca arriba en la cama abrió los ojos y vio en el techo una franja de luz que dejaban entrar las cortinas. “Es tarde”, pensó y tuvo el impulso de levantarse. Pero no sabía por qué o a qué tenía que levantarse, así que se cobijó hasta la barbilla con el gusto de quedarse acostado un rato más. Aunque, en realidad, no estaba muy seguro de que eso debiera alegrarlo porque, al final de cuentas, tampoco sabía por qué estaba allí, en esa habitación desconocida, donde nada le era familiar. El papel tapiz, ni lo muebles de mimbre, ni el crucifijo de plata, ni la cama demasiado blanda, ni esas manos con que tomaba las sábanas. Intentó recordar qué había sucedido el día anterior, qué esperaba hacer ese día, dónde estaba, con quién vivía.
Después de un rato de estupor se puso de pie con un cuerpo que nunca había visto, se asomó al espejo del tocador, contempló asustado a un extraño que lo veía con miedo. Quiso decir algo, pero lo aterró la idea de pronunciar una voz que no hubiera escuchado antes jamás.

Microrelatos



El otro él
Por: Juan Ramón Jiménez
Bajando mi amigo la escalera, al llegar a cierto sitio, aparecía de pronto, en él, el otro él. Jamás faltó. Ignoro si él lo sabía, si se daba cuenta de que se le veía algo que él quizás ignoraba que llevaba en sí.
Yo le veía el otro él desde arriba, abierta aún la puerta de mi casa en su despedida, en un raro escorzo feo, antipático, molesto.
No se le parecía en nada. Era como un escamoteo rápido de algún él extrahumano. Se componía de todo él, sin él, o con él deformado, abollado, ennegrecido, pasado por sacristía, horno y ataúd, en triple negrura desagradable y fantástica. Como un él posible e imposible.
Venía a casa. Hablábamos, reíamos, pensábamos; él escandaloso y aparatoso, yo exaltador y llameante. Jamás se me ocurría pensar en el otro. Pero al irse, llegando al sitio aquel de la escalera, el escorzo claudicante, oscuro y enigmático aparecía un instante y se iba con él.


El otro yo
Por: Mario Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Poesía porque sí

Hoy:
ALEJANDRA PIZARNIK



DIARIOS (fragmento)

Fe en ti sola, Alejandra. Fe en ti sola.
Imposible la plena comunicación humana. Los otros, siempre nos aceptan mutilados, jamás con la totalidad de nuestros vicios y virtudes. O nos detestan por algún aspecto nuestro que les mortifica o nos aceptan por algo que es ángel en nuestra carne. También solemos tener días en los que nos permiten comunicarnos y días en que nos amurallan. Estos últimos coinciden con los días en que más necesidad de contacto humano tenemos. Seguramente nos rechazan por ese aspecto de mendigos repelentes que proporcionan la angustia y la soledad.
Todo esto, dicho de un modo confuso. Porque no entiendo casi nada del asunto. Pero hoy y mañana y siempre repito que sólo es posible vivir si en la casa del corazón arde un buen fuego.


Estar

Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.

No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.

Signos en los muros
narran la bella lejanía.

(Haz que no muera
sin volver a verte)


Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.