lunes, 28 de junio de 2010

Al infinito ida y vuelta

Por: Ernesto Alaimo (www.ernestoalaimo.blogspot.com)

Escenas de un día cualquiera en la ferretería de los poetas

Entra una dama púrpura que parece la resurrección del abismo prenatal en el deseo de quienquiera la contemple. Su color entre purpúreo y azul sombrío late, oscureciéndose hasta negro y volviendo, con su respirar.
–Hola. ¿Está el encargado? –pregunta con una voz del mismo color.
–Sí, soy yo. ¿Qué necesita, prodigiosa dama?
–Vendo el placer de mi secreto. No sé si le andan faltando voluptuosidades…
–Mmm… a ver, me voy a fijar en el depósito.
Cuando el encargado, único personal presente, se va, la mujer se apaga absolutamente como un cerrar los ojos de tristeza.
Al volver y no encontrarla, el encargado se pone a rabiar:
–¿Cómo la dejé pasar? Seguramente vivíamos un mes de lo que estaba ofreciendo. ¿O no sería de esas chistosas…?
Pero antes de que acabe de sospechar, la dama resurge de su ausencia o su silencio, no queda claro, y lo interroga paciente con ojos de los que desatan guerras.
–Eeeeh –trastabilla la cabeza del encargado–. ¿Cuánto está pidiendo por cada pliego?
–No mucho, algo para comer nada más. Algunas esperanzas, algo de paz. Si usted quiere le doy todo por un puñado de perseverancias, para pasar la semana.
Al oír el “le doy todo” el corazón del encargado sufrió un no pequeño estrangulamiento al nivel de la garganta, pero luego volvió en sí (o en otro, en esos casos ya no se puede saber), y ahora decide no aprovecharse de la incandescente desdicha de la dama que sin saberlo tiene una mercadería muy preciada y buscada, y anda regalándola por ahí. Carraspea.
–Mire, mi estimada dama. Primeramente permítame decirle que es un honor para mí y para esta institución que usted esté presente aquí. Segundo: lo que usted tiene vale mucho, pero mucho… como mínimo yo tendría que darle todo el amor del que nos escribe, ¿me entiende? Y yo, la verdad es que me salvaría tener esa cantidad, pero no la merezco aún, nunca la he tenido. Pero yo le pido encarecidamente que me espere, así yo puedo reunirla. Por favor, espéreme, tal vez en sólo un par de años puedo conseguir lo que vale. Deme ese honor; considere que yo soy el primero que le dice la verdad, y usted podría estar ahora derrochando todo su océano nocturno sin saberlo. Déjeme que le dé como seña toda la paciencia, la entrega, el coraje que tenemos aquí; serán unos veinte kilos de cada uno, y ante todo lo que guardo con más celo desde siempre: una plantita de ternura que sembré hace ya veinte años y de la que jamás he cortado una flor.
Escuchando todo esto, la incandescencia bruna se fue deteniendo en un tono de púrpura que se iba incendiando cada vez más con infusiones carmesí y rojo, y hasta atisbaban destellos blancos, envueltos siempre en cápsulas de callado trueno azul. Hacia el final de la oferta, el propio rostro de la dama empezaba a mutarse, impredecible pero inminentemente, hasta que el color de su detenimiento hizo evidente que se aproximaba una sonrisa, y probablemente, lluvia de estrellas oculares. Advirtiendo esto, el encargado empalideció de horror y suplicó:
–Dama mía, por favor, tenga la piedad… estamos en un lugar cerrado, hay cosas frágiles, hay combustibles, podemos sucumbir si la mercadería se entera…
Ya el rostro de la dama empezaba a ser una aurora insoportable para las cosas de este mundo cuando los sensores del cielorraso detectaron el crepúsculo y se activó la alarma contra paroxismos, descargando una tibia lluvia de escepticismo en todo el local, cubriendo a los presentes con sus tropos.
La lluvia, que no mojaba a la dama, fue apagándola en un contracrepúsculo desgarrador que se llevaba al peligroso sol otra vez bajo su horizonte, y se llevaba a la dama otra vez hacia su ausencia absoluta, pero esta vez se leía en lo que quedaba de sus ojos sin sol atardeciente que se iba para no volver. La lluvia no pudo apaciguar la desesperación que hizo presa del encargado al ver la promesa convertirse en puro espejismo; empezó a temblar contraído, incrementando el volumen de su cuerpo; la lluvia recrudeció aún más pero no había forma de controlarlo. Al fin, se fue del mostrador hacia el depósito y la alarma, cuando la vibración acabó de acabarse minutos después, se desactivó.
A los diez minutos, un empleado lo rescató. Había tratado de suicidarse ingiriendo un bidón entero de resignación, cuando la dosis máxima soportable para la vida humana es medio litro. Lo llevaron de inmediato al Hospital del Desesperado, todavía con signos vitales. Evidentemente, tenía más de lo que creía para ofrecerle a la dama.

Poesía porque sí

Hoy: Susana Thenon

ORACIÓN

Cuándo dejará la luna
de preferir a esos pocos
que tanto a media noche
como al alba
gritan su ardor sin freno.
Cuándo será definitivo
el derecho a soñarse
sin verificar números,
papeles rotos, sexos,
velocidad sin prisa de la sangre.
Cuándo morirá el cielo
-sus castigos-
y el rayo será un niño
entre las hojas.
Cuándo arderán los vientos
sepultados.

MEDIATOR DEI

El contrabandista de los miedos antiguos,
el malabarista delirante en su balcón rojo
(con pequeños pies oxidados),
baña las manos en el pecho de las nubes
y se cubre de azul para no ver sangre.

MUNDO

Este es el mundo en que vivimos
los mendigos buenos aires siglo veinte
junto al humo descalzo
flotando sin alas sobre los techos
efímeros como pastillas de chocolate
inútiles como pájaros huecos.
Estos son nuestros rostros que se caen a pedazos
mientras el sol emigra cansado de mirarnos
y el frío nos celebra con su fiesta de muerte.
Pero yo no quiero este sino de espantapájaros:
mi olfato busca afanoso el olor de la alegría
y mi piel se agranda cuando digo amor.

Hablando de la Libertad

Extractos de conferencias de J. Krishnamurti

El hombre ha vivido biológicamente, por cerca de dos millones de años. Ha acumulado muchísimas experiencias, muchos conocimientos y ha vivido a través de muchas civilizaciones, pasando por innumerables presiones y esfuerzos. Cada uno de ustedes, lo sepa o no, reconozca o no, es ese hombre, es el resultado de millones de años. O bien continúa evolucionando lentamente, interminablemente, a través del dolor, del sufrimiento, de la ansiedad, de toda clase de conflictos, o se sale por completo de esa corriente cuando quiera, como bajándose de un bote a la orilla de un río; puede hacerlo en cualquier momento. Y es sólo la mente libre la que puede hacerlo.
¿No es un error creer que, como individuos nada podemos hacer? Si tenemos esa actitud mental, no pensamos por nosotros mismos: respondemos como autómatas.
Después de todo, la masa es una entidad formada por gente que se ve atrapada, hipnotizada, por palabras e ideas. En el momento en que las palabras no nos hipnotizan, nos hallamos fuera de esa corriente, cosa que a ningún político le agrada. ¿No deberíamos mantenernos fuera de la corriente y sumar fuera de ella cada vez más y más para afectar la corriente? ¿No es importante que hay primero una transformación fundamental en el individuo, que ustedes y yo cambiemos radicalmente primero, sin esperar que el mundo entero cambie?
¿No es un criterio “escapista”, una forma de pereza, un medio de eludir el problema, eso de creer que ustedes y yo, al menos en pequeño grado, no podemos alterar la sociedad en su conjunto?
¿Es el miedo lo que nos contiene y no nos deja correr el riesgo? ¿Qué es el miedo? El miedo sólo puede existir en relación a algo, no aisladamente. Cuando digo que la muerte me da miedo ¿temo realmente a lo desconocido o sea la muerte- o tengo miedo de perder lo que he conocido? Mi miedo no es a la muerte, sino a perder mi asociación con las cosas que me pertenecen.
El miedo surge cuando deseo estar en determinado molde. Mi dificultad es mi deseo de vivir en un marco determinado ¿No puedo romper el marco? Sólo puedo hacer tal cosa cuando veo la verdad: que el marco causa temor y que ese temor fortalece el marco.

Hablando de la Libertad

Extractos de conferencias de J. Krishnamurti

El hombre ha vivido biológicamente, por cerca de dos millones de años. Ha acumulado muchísimas experiencias, muchos conocimientos y ha vivido a través de muchas civilizaciones, pasando por innumerables presiones y esfuerzos. Cada uno de ustedes, lo sepa o no, reconozca o no, es ese hombre, es el resultado de millones de años. O bien continúa evolucionando lentamente, interminablemente, a través del dolor, del sufrimiento, de la ansiedad, de toda clase de conflictos, o se sale por completo de esa corriente cuando quiera, como bajándose de un bote a la orilla de un río; puede hacerlo en cualquier momento. Y es sólo la mente libre la que puede hacerlo.
¿No es un error creer que, como individuos nada podemos hacer? Si tenemos esa actitud mental, no pensamos por nosotros mismos: respondemos como autómatas.
Después de todo, la masa es una entidad formada por gente que se ve atrapada, hipnotizada, por palabras e ideas. En el momento en que las palabras no nos hipnotizan, nos hallamos fuera de esa corriente, cosa que a ningún político le agrada. ¿No deberíamos mantenernos fuera de la corriente y sumar fuera de ella cada vez más y más para afectar la corriente? ¿No es importante que hay primero una transformación fundamental en el individuo, que ustedes y yo cambiemos radicalmente primero, sin esperar que el mundo entero cambie?
¿No es un criterio “escapista”, una forma de pereza, un medio de eludir el problema, eso de creer que ustedes y yo, al menos en pequeño grado, no podemos alterar la sociedad en su conjunto?
¿Es el miedo lo que nos contiene y no nos deja correr el riesgo? ¿Qué es el miedo? El miedo sólo puede existir en relación a algo, no aisladamente. Cuando digo que la muerte me da miedo ¿temo realmente a lo desconocido o sea la muerte- o tengo miedo de perder lo que he conocido? Mi miedo no es a la muerte, sino a perder mi asociación con las cosas que me pertenecen.
El miedo surge cuando deseo estar en determinado molde. Mi dificultad es mi deseo de vivir en un marco determinado ¿No puedo romper el marco? Sólo puedo hacer tal cosa cuando veo la verdad: que el marco causa temor y que ese temor fortalece el marco.

Hablando de la Libertad

Extractos de conferencias de J. Krishnamurti

El hombre ha vivido biológicamente, por cerca de dos millones de años. Ha acumulado muchísimas experiencias, muchos conocimientos y ha vivido a través de muchas civilizaciones, pasando por innumerables presiones y esfuerzos. Cada uno de ustedes, lo sepa o no, reconozca o no, es ese hombre, es el resultado de millones de años. O bien continúa evolucionando lentamente, interminablemente, a través del dolor, del sufrimiento, de la ansiedad, de toda clase de conflictos, o se sale por completo de esa corriente cuando quiera, como bajándose de un bote a la orilla de un río; puede hacerlo en cualquier momento. Y es sólo la mente libre la que puede hacerlo.
¿No es un error creer que, como individuos nada podemos hacer? Si tenemos esa actitud mental, no pensamos por nosotros mismos: respondemos como autómatas.
Después de todo, la masa es una entidad formada por gente que se ve atrapada, hipnotizada, por palabras e ideas. En el momento en que las palabras no nos hipnotizan, nos hallamos fuera de esa corriente, cosa que a ningún político le agrada. ¿No deberíamos mantenernos fuera de la corriente y sumar fuera de ella cada vez más y más para afectar la corriente? ¿No es importante que hay primero una transformación fundamental en el individuo, que ustedes y yo cambiemos radicalmente primero, sin esperar que el mundo entero cambie?
¿No es un criterio “escapista”, una forma de pereza, un medio de eludir el problema, eso de creer que ustedes y yo, al menos en pequeño grado, no podemos alterar la sociedad en su conjunto?
¿Es el miedo lo que nos contiene y no nos deja correr el riesgo? ¿Qué es el miedo? El miedo sólo puede existir en relación a algo, no aisladamente. Cuando digo que la muerte me da miedo ¿temo realmente a lo desconocido o sea la muerte- o tengo miedo de perder lo que he conocido? Mi miedo no es a la muerte, sino a perder mi asociación con las cosas que me pertenecen.
El miedo surge cuando deseo estar en determinado molde. Mi dificultad es mi deseo de vivir en un marco determinado ¿No puedo romper el marco? Sólo puedo hacer tal cosa cuando veo la verdad: que el marco causa temor y que ese temor fortalece el marco.

Ecología y Salud

Por: Antonella Perasso y Lidia Perrazo
Una maniobra fácil que salva vidas

Cuando comemos, el alimento es masticado y se mezcla con la saliva formando una pasta semisólida llamada bolo alimenticio. Este es empujado por la lengua hacia la faringe. Si no sigue el camino correcto y en lugar de dirigirse a la vía digestiva se dirige a la tráquea, provoca una obstrucción respiratoria, que puede causar asfixia y la muerte en un lapso de 5 minutos.
La única forma de salvar a la persona es practicar la maniobra de Heimlich.
Pasos a seguir:
1-Colocarse detrás de la víctima y rodearle la cintura con los brazos.
2-Se pone una mano empuñada y la otra sobre ella en el abdomen de la víctima a nivel del ombligo.
3- Se presiona con ambas manos fuertemente hacia arriba.
4- Se repite este paso hasta que la vía respiratoria quede despejada.
La maniobra también puede realizarse con la víctima sentada o acostada de espalda sobre el suelo.
Practique la maniobra de Heimlich, pues puede salvar a quien este en situación de riesgo de muerte.



Fuente y consultas: lidiarosaperasso@yahoo.com.ar

lunes, 31 de mayo de 2010

Monserrat Cultural N° 31


Imagen: raíces al sol, de Ryan Wian

Editorial

Es de todos. Eso dicen. Desde los habitantes nativos que estaban aquí antes de que nadie plantara cruces y diera nombres santos a las inabarcables llanuras, hasta el cómodo señor que administra hoy esas llanuras cubiertas de cereales regados con el mortal glifosato. Y sí, debe ser así; la Argentina, país con todos los climas y paisajes, tierra de gente solidaria, de otros que se mueren de hambre, unos poquísimos hartados en la abundancia, y muchos campeones de la queja: no hay día que no escuche arriba del colectivo o subte o tren -repartir la revista implica grandes caminatas y grandes viajes, estimado lector- a alguna señora quejándose porque cuando sube todos se hacen los dormidos para no ceder el asiento, o peor aún, ver alguna embarazada esperando a que alguno de los que miran para afuera en la ventana se levante y se lo ceda.
Y sí, es una vergüenza, pero si pasa todos los días, es un síntoma. La queja desahoga, pero no cambia nada. Es un gasto de energía que no implica mejoras para nadie, ni siquiera para el que se queja. ¿No sería mejor hacer, en vez de quejarse? Si por cada cosa que nos molesta hiciéramos algo para cambiarlo, involucrándonos, las cosas mejorarían, y la queja desaparece. Tomando parte en acciones cotidianas esa queja puede transformarse en algo positivo.
Los pensamientos y los discursos que los materializan dan forma a la vida, y por lo tanto influyen en nuestra vida cotidiana, se expresan en la sociedad y en consecuencia determinan políticas. Si los medios dicen que “está todo mal” y nosotros lo repetimos, instalamos el malestar. Toda persona es una célula del organismo social, y cada uno aporta con sus acciones para que ese organismo crezca sano y evolucione o se enferme y desaparezca.
Y volvemos al comienzo: todos somos parte de este todo, en la misma tierra. Más allá de bicentenarios, fronteras políticas y/o culturales, si el espíritu de integración y las ganas de ayudar(nos) y mejorar cada día en las pequeñas cosas no se queda en el discurso vacuo de la queja, sino que activamos nuestras energías haciéndonos cargo de todo las causas que asumimos como propias, estaremos viviendo una realidad más amable, más justa, más bella.

Siempre he creído que lo bueno no era sino lo bello puesto en acción.
Jean Jacques Rousseau

El editor

Ecología y Salud

Por: Antonella Perasso y Lidia Perrazo

Los cambios en el color de la piel

Blanco, negro, amarillo, pardo, nuestra piel tiene esos diferentes matices después de millones de años de adaptación a un lugar determinado y donde el clima jugó un papel importante.
El color de nuestra piel es el resultado de la producción de melanina, pigmento que nos protege de los efectos nocivos de la radiación ultravioleta. La exposición frecuente a los rayos solares provoca especialmente en las personas de piel blanca un envejecimiento prematuro ya que aparecen arrugas y manchas en la piel y también aumenta la posibilidad de cáncer.
La melanina es producida por los melanocitos y siempre que este pigmento se produzca en forma constante la pigmentación será pareja.
A medida que pasan los años, el número de células que contienen pigmento disminuyen pero las que quedan aumentan de tamaño de modo que la piel envejecida se muestra como más delgada, más pálida y traslúcida.
Es común observar que a partir de los 40 años de edad aparecen manchas cutáneas especialmente en áreas más expuestas al sol como dorso de manos, cara, antebrazos, hombros y escote. Estas manchas planas grises o marrones son llamadas léntigo y se oscurecen más por la acción de la luz solar. Si bien estas lesiones son benignas e indoloras suelen representar un problema cosmético.

Un consejo, utilice:
_ Para manos: cremas preparadas con cantidades iguales de crema nutritiva y crema blanqueadora.
_ Para rostro: crema facial aclaradora de manchas.


Fuente y consultas: lidiarosaperasso@yahoo.com.ar

Poesía porque sí

Hoy: Susana Thenon

CÍRCULO

Digo que ninguna palabra
detiene los puños del tiempo,
que ninguna canción
ahoga los estampidos de la pena,
que ningún silencio
abarca los gritos que se callan.
Digo que el mundo es un inmenso tembladeral
donde nos sumergimos lentamente,
que no nos conocemos ni nos amamos
como creen los que aún pueden remontar sueños.
Digo que los puentes se rompen
al más leve sonido,
que las puertas se cierran
al murmullo más débil,
que los ojos se apagan
cuando algo gime cerca.

Digo que el círculo se estrecha cada vez más
Y todo lo que existe
Cabrá en un punto.

AQUÍ, AHORA

Sé que en algún lugar
la alegría se desparrama
como el polen
y que hace tiempo
los hombres se yerguen
como jardines definitivos.
Pero yo vivo aquí y ahora,
donde todo es horrible
y tiene dientes
y viejas uñas petrificadas.
Aquí, ahora,
donde el aire
se asfixia
y el miedo es impune.

Microrelatos

La función del Arte/2
Eduardo Galeano

El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando.
El cacique se tomó su tiempo. Después, opinó:
—Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
Y sentenció:
—Pero rasca donde no pica.
a

El inmediatismo
Por: Hakim Bey

Toda experiencia es mediada -por los mecanismos de la percepción sensorial, la mentalización, el lenguaje, etc. –y, ciertamente, todo el arte consiste en una mediación adicional de la experiencia." ASI PUES "La tarea de la organización inmediatista... Cuanto mayor sea la porción de mi vida que pueda ser arrancada del ciclo Trabaja/Consume/Muere, y (de)vuelta a la economía del “encuentro”, mayores serán mis oportunidades de placer. Uno corre cierto riesgo al frustrar así las vampíricas energías de las instituciones. Pero el propio riesgo forma parte de la experiencia directa del placer, un hecho conocido en todos los momentos insurreccionales –todos los momentos de despertar– de intensos disfrutes arriesgados: el aspecto festivo del Levantamiento, la naturaleza insurreccional del Festival.

Una explicación a tanta epidemia

¿Y por qué hay tanta gente enferma?
—Porque es más fácil enfermarse que decidirse a buscar el lugar que a uno le corresponde en el mundo.
—¿Cómo, cómo?
—Sí —dijo el médico—. Nos vamos agregando cosas postizas e innecesarias y nos perdemos de vista y nos olvidamos de cuál es nuestra verdadera forma. Y si no nos acordamos de la forma que tenemos, ¿cómo podemos encontrar el lugar adecuado? ¿Y quién se atreve a arrancarse los postizos que tiene pegados a los párpados, a las uñas y a los talones? Entonces algo anda mal en la casa y en el mundo, y nos enfermamos.
—Ah —dijo ella—, como el fruto del caloco que está adentro de cinco cáscaras.
—Sí.
—¿Y todos tenemos cosas postizas?
—Casi todos.
Se quedaron en silencio.
—Lo grave no es tener cosas postizas —dijo el médico—, lo grave es amarlas.

Extracto de El estanque, del libro Kalpa Imperial, De Angélica Gorodischer

Al infinito ida y vuelta

Por: Ernesto Alaimo (www.ernestoalaimo.blogspot.com)

Escenas de un día cualquiera en la ferretería de los poetas

Entra un hombre que aparenta más edad de la que aparenta, con grandes ojeras y el cabello corto negro ceniciento.
–Hola. Necesito un litro de pintura.
–¿De qué color?
–Y… un silencio… algo así como jazmín hecho trizas en la sombra, pero algo marmolazo; como que se cagó de frío.
–No se diga más. Aquí tiene.
–¡Ah, genial! ¿Cuánto le debo?
–Serían tres soles de mimbre caucásico, de ése que ya no lastima si los ojos se desprevienen.
–Uh… subió bastante esto, ¿no?
–Sí: todo lo que es pintura se fue por las nubes.
–Bueno ¿Sabés? Ahora ando algo corto… pero esta misma noche te los sueño. ¿Dale?
–Listo. Hasta luego. Después traeme la imagen.
–¡Seguro! Chau.
*
Una señora mayor entra ayudada por un bastón y espera su turno. A un costado hay un niño de grandes ojos y grande boca, que mira hacia la calle, como atento a algo que por supuesto no es la calle.
Un empleado se acerca, saluda e inquiere.
–Está el chico antes que yo –contestan sus setenta años.
–No, no se preocupe. Es un fantasma.
La señora abre los ojos hasta tenerlos como los del chico, cosa que en general significa bastante asombro, y mira a ambos varones alternativamente.
–Sí –insiste sonriendo el empleado–. Vea. Tóquelo.
La señora, que no se detuvo en sospechas ni miedos, extendió (eso sí, lentamente) su brazo y en su brazo su mano y en su mano su dedo índice hacia el niño, que seguía exactamente en la misma posición que al principio. Al llegar el dedo de la señora a la cara del chico, se topó con el frío.
–Ande, meta sin miedo.
El dedo avanzó tras la superficie del rostro, sumergiéndose en un líquido parecido al agua, pero un poco más denso, y que tenía la curiosa propiedad de incitar a quedarse a lo que estuviera dentro.
–Está de oferta. Acaba de llegar, importado. Inspiración de primera calidad.
La señora lo miró con los ojos del doble de tamaño y el aliento cortado. De pronto, su ceño se frunció: había reaccionado.
–Pero, ¿qué ferretería es ésta?
–La ferretería de los poetas.
–¡Ah! ¡Disculpe! –ostentando todo lo posible su enfado para contrarrestar su humillación–. Me confundí. Yo buscaba una de las normalitas.
–Qué se le va a hacer –condescendió el ferretero–. Hasta luego.

Escenas de un día cualquiera en la ferretería de los poetas
*
–Buenas… ¿Tiene clavos? –pregunta el hombre algo pelado, canoso, con cierto aire a Galeano.
–¿Clavos para qué?
–Tengo que clavar unas mariposas en mi espalda, bah, yo no, yo no llego con los brazos, ¿vio? –y empieza a reírse buscando complicidad–. Pero también quería clavar unas sobre una tabla de terciopelo caliente, ¿vio?, que va sobre una viga, abigarrada está a la viga que la abriga.
–¡No me diga! –y el empleado rió también–. Mire –dice, mientras hurga agachado en los cajones bajo el mostrador–: tengo unos clavos especiales para superficies candorosas, ¿ve? –le extiende en la mano unas cuantas espinas de cactus con ojos como cabezas para remachar–. Usted martille el ojo sin miedo, que al romperse derrama un pegamento. No sufre.
–Deme quince mil.
*
Entra un joven de aire ausente, realmente sin presencia, aunque el empleado que lo saluda adivina un fondo, o una superficie, muy deshecho.
–Hola, emmm… yo necesito un alma.
–Uhh… –suspira el empleado, conmovido, y chista–. Th! Mirá: nosotros no vendemos; tenemos accesorios para alma, viste, cuando se rompen, se vacían, sangran, pero almas almas… –Se acerca al joven desconsoladamente blanco y le dice por lo bajo– en realidad no se permite entrar a las personas sin alma, es una regla del patrón, pero andá tranquilo (igual, no te va a doler); yo creo que podés encontrar en algún bar o alguna sala de teatro chiquito, ahí a veces se pierden las almas, qué sé yo… Buscá, y por ahí encontrás, en algún rincón. Si no, lo que te queda es esperar en alguna plaza al sol, a que se les caiga alguna a los tórtolos y ruede lejos sin que se den cuenta, pero eso ya es criminal.
–No, deje, deje, gracias –y empezó a irse sin pasos, deslizándose por las irregulares baldosas de piedra.
–¡Suerte, che!
*
Entra un hombre. Es alto.
–Lamparitasss.
–¿Comunes?
–Sí, eh, de ideas, sí sí, comunes.
–¿Qué potencia?
–Y… estoy fundido, totalmente fundido. Como para cuarenta sonetos.
–75 watts.
–Bárbaro. ¿Qué salen?
–Quince bocados.
–Regio. ¿La probás?
–Cómo no –y enroscó el foco en un portalámparas de prueba; al presionar la tecla para encenderla, la lámpara estalló en una ola voraz de colores, texturas, sonidos, imprecaciones, vocablos exóticos e insinuantes, miradas, llantos, timbres de voz, lugares. Todo en un relámpago que dejó a todos los presentes aturdidos, abrumados.
–Estaba… estaba fallada –dijo al fin el empleado, recuperándose de la emoción.
–No importa. Yo ya tengo lo que necesitaba. ¡Adiósss!
–¡Atorrante! –masculló iracundo el pequeñoburgués que observaba.
*
Asoma una mujer de anteojos al pelo con cuadernos entre los brazos, que al ver la gran cantidad de gente en el local, encuentra a un empleado desprevenido al otro lado del mostrador y pregunta:
–Disculpame, una preguntita así no espero: ¿tenés entre luces?
–¿De mañana o de tarde?
–De tarde.
–No, atardeceres me parece que no me quedaron. Pero ahora, en dos horas, tenés uno en la plaza. Nosotros, cuando se agotan, los sacamos de ahí.
–Gracias. ¡Ah! ¿Y máquina de inventar nombres?
–¿Castellano?
–Sí.
–Sí, tenemos.
–Ah, bueno. Entonces espero.

martes, 27 de abril de 2010

Monserrat Cultural N° 30

Editorial

Este mes el editorial está dedicado a la persona que amplió y ensanchó mis ojos y mis brazos: bienvenido al mundo, Amaru.
El editor

La llegada
El Hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado.
Recibió una caracola:
-Para que aprendas a amar el agua.
Abrieron la jaula de un pájaro preso,:
-Para que aprendas a amar el aire.
Le dieron una flor de malvón:
-Para que aprendas a amar la tierra.
Y también le dieron una botellita cerrada:
-No la abras nunca, nunca. Para que aprendas a amar el misterio.

El Mundo
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

La uva y el vino
Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto:
-La uva -le susurró- está hecha de vino-
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.

Textos de Eduardo Galeano

Ecología y Salud

Por: Antonella Perasso y Lidia Perrazo
También hay bacterias buenas

Hay un conjunto de bacterias que viven en nuestro intestino, la mayoría no son dañinas, muchas son beneficiosas y otras pueden llegar a ser perjudiciales. Incluso muchas especies animales dependen muy estrechamente de su flora intestinal, ya que sin esos microorganismos las vacas no serían capaces de digerir la celulosa, ni las termitas alimentarse de madera. En el ser humano ayudan a la absorción de nutrientes, son imprescindibles para la síntesis de la vitamina K y B, fortalecen el sistema inmune, inhiben la proliferación de bacterias nocivas, eliminan sustancias tóxicas y presentan efectos anticancerígenos.
El intestino de los fetos no posee bacterias pero es colonizado por ellas rápidamente al nacer. Primeramente a partir de la flora vaginal y gastrointestinal de la madre, posteriormente, aparecen las bifidobacterias favorecidas por la leche materna. Luego la flora va cambiando durante el crecimiento hasta que el individuo se convierte en adulto.
Esta flora es influenciada por diversos factores que la afectan negativamente como el envejecimiento, dieta, estrés, antibióticos y tipo de alimentos.
Los géneros de bacterias más investigados son el Lactobacillus y el Bifidobacterium. A comienzos del siglo XIX, el microbiólogo francés Tissier reconoció el efecto beneficioso del Bifidobacterium.
El género Bifidobacterium es típico de la microbiota que predomina en el tracto digestivo humano y su población es muy estable. Los Lactobacillus son fluctuantes por tal motivo deben ser ingeridos diariamente para obtener sus beneficios.
Los Probióticos son bacterias que al ser administradas en dosis adecuadas ejercen funciones benéficas, por eso es necesario consumirlos diariamente. Su capacidad de resistir las secreciones digestivas les permiten llegar al intestino donde se desarrollan, lo colonizan transitoriamente y se pierden por materia fecal.
Los lácteos enriquecidos con lactobacilos equilibran la flora intestinal, mejoran el estado inmunológico y reducen el riesgo de contraer cáncer de colon.
Estas bacterias se utilizan en Japón desde hace más de 70 años y el Dr. Minoru Shirota fue el primero en incorporarlas a un alimento.
Por tal motivo busque en la etiqueta de los lácteos, los Lactobacilos casei, defensas y shirota e ingiéralos todos los días. Así tendrá una mejor calidad de vida.

Fuente y consultas: lidiarosaperasso@yahoo.com.ar

Felices los normales

Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.
Roberto Fernández Retamar

ORACIÓN

Por: Juan Gelman

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una como mi sangre.
Tu boca entre a mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.

Con esta sed quemándome.
La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

El bautismo

Por: Eduardo Galeano

El agua más fría del cielo bombardeó Buenos Aires aquella tarde del invierno.
A las cinco en punto, en pleno diluvio, lluviazón, helazón, nació un niño en la calle Centro. El padre arrancó al niño de los brazos de la madre, se lo llevó a la azotea y lo alzó, desnudito, ante la lluvia feroz. Y a la luz de los relámpagos lo ofreció a la lluvia, gritando a pleno pulmón, voz de trueno entre los truenos:
—¡Hijo mío, que las aguas del cielo te bendigan!
El recién nacido se pescó tremenda pulmonía. Pasó cuatro meses de mal en peor. Y cuando ya lo daban por muerto, se salvó.
También se salvó de llamarse Descanso Dominical. El padre, un anarquista pobre y poeta, siempre perseguido por la policía y por los acreedores, quiso llamarlo así en homenaje a esa reciente conquista obrera, pero el Registro Civil no le aceptó el nombre. Entonces se reunieron los amigos, anarquistas pobres y poetas, siempre perseguidos por la policía y por los acreedores, y discutieron el asunto. Y fueron ellos quienes decidieron que se llamaría Cátulo, Cátulo Castillo, el niño que unos cuantos años después fue capaz de inventar La última curda y otros tangos de esos que son para escuchar de pie, sombrero en mano.

Entorno del mito

El río de barro
Por: Clara Gorostiaga

Su descubrimiento se debe a una casualidad, su nombre a una leyenda y su exploración a un acto de rebeldía.

Tres expediciones mandó el rey de España al sur del continente americano. La primera, capitaneada por Solís, fue sorprendida por el descubrimiento del Mar Dulce, como él lo llamó. Le hizo suponer que estaba en la entrada del ansiado paso entre el Atlántico y el Pacífico. Pero en el curso de la navegación del río lo atacó un grupo de indígenas quienes lo devoraron a la vista de su tripulación.
La segunda la dirigió Magallanes, que pasó de largo y continuó hasta el estrecho que lleva su nombre. Desde allí los barcos siguieron hacia el oeste concretando la primer vuelta al mundo.
El tercer navegante fue Gaboto. Mal informado por náufragos y desertores, creyó estar a las puertas del camino que llevaba a la legendaria Ciudad de la Plata, rica en este metal. Tomó la decisión de desoír el mandato real y pronunció una frase con cierta resonancia fundacional para nuestro modo de ser:
“Diga Su Majestad lo que le den sus reales ganas, que yo haré las mías”.
Remontó el Paraná y fundó el poblado de Sancti Spiritu, cerca de donde hoy está la ciudad de Rosario. Desde allí, uno de sus lugartenientes marchó en busca de una ciudad inexistente por esos parajes. Se dice que llegó hasta las sierras de San Luis y no se supo más de él.
Ciertamente hemos heredado ese carácter individualista que pasa por encima de cualquier autoridad para realizar su parecer. También poseemos una abundante imaginación, que bordea a veces la fantasía, pero con capacidad de empresa para alcanzar los objetivos. Entusiasmados con un proyecto, quimérico o pragmático, insensato o serio, legal o fuera de toda norma, somos capaces de abocarnos a él con todas nuestras fuerzas.
Los resultados son variados, y tanto pueden llenarnos de orgullo como sumirnos en la nube negra del resentimiento y la frustración. En este último caso, las consecuencias llegan hasta el dramatismo, representado sobre todo por la inercia y la inmovilidad.
Pulsar las teclas que nos unan en un emprendimiento común, conlleva la necesidad de un convencimiento individual. Cuando cada uno siente que vale la pena poner su ingenio y su generosidad en algo que le parece que vale la pena, salimos adelante.
Esto está demostrado por la historia. Sólo es posible por un medio que es la base de nuestra energía: tener una educación en común, que aúne y respete al mismo tiempo las diferencias; que nos ayude a coincidir en qué queremos y que esté al alcance de todos.