
miércoles, 24 de marzo de 2010
De Cronopios y de Famas
Comercio
Los famas habían puesto una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos.
Como los famas son muy descuidados, los cronopios esperaron circunstancias favorables y cargaron muchísimas mangueras en un camión. Cuando encontraban una niña, cortaban un pedazo de manguera azul y se la obsequiaban para que pudiese saltar a la manguera. Así en todas las esquinas se vieron nacer bellísimas burbujas azules transparentes, con una niña adentro que parecía una ardilla en su jaula. Los padres de la niña aspiraban a quitarle la manguera para regar el jardín, pero se supo que los astutos cronopios las habían pinchado de modo que el agua se hacía pedazos en ellas y no servía para nada. Al final los padres se cansaban y la niña iba a la esquina y saltaba y saltaba.
Con las mangueras amarillas los cronopios adornaron diversos monumentos, y con las mangueras verdes tendieron trampas al modo africano en pleno rosedal, para ver cómo las esperanzas caían una a una. Alrededor de las esperanzas caídas los cronopios bailaban tregua y bailaban catala, y las esperanzas les reprochaban su acción diciendo así:
¡Crueles cronopios cruentos!. ¡Crueles!
Los cronopios, que no deseaban ningún mal a las esperanzas, las ayudaban a levantarse y les regalaban pedazos de manguera roja. Así las esperanzas pudieron ir a sus casas y cumplir el más intenso de sus anhelos: regar los jardines verdes con mangueras rojas.
Microrelatos
Por Emilio Alberto Vaccaro
Nos conocimos hace muchísimo tiempo. El Sol era todavía un disco blanco enceguecedor en el cielo, que inundaba de vida la Tierra. El agua, aún era el medio por el que circulaba esa vida. Todo el planeta rebosaba de vida, de miles de formas de vida.
Ahora han transcurrido miles de millones de años. El Sol,enorme en su agonía de gigante roja, antes de colapsar en enana blanca, se lo ha tragado todo. Hace millones de años que la última gota de agua ha caído sobre la tierra calcinada y se ha perdido para siempre. El que fuera un hermoso planeta azul se ha covertido en una roca enrojecida y ardiente, próxima a estallar o a ser barrida por los vientos solares, como lo ha sido la Luna.
Sobre lo que fue la Tierra ya no queda, desde milllones de años atrás, ni la más insignificante molécula viviente. Todo está muerto como si no hubiera existido nunca. En medio de todo eso sólo queda, inconmensurable, inmutable y eterno, mi AMOR POR VOS.
El mercado
- Mujer, ¿Cuánto te ha costado esta espumadera?
- 1,90.
- ¿Cómo, tanto? ¡Pero es una barbaridad!
- Sí; es que los agujeros están carísimos. Con esto de la guerra se aprovechan de todo.
- ¡Pues la hubieras comprado sin ellos!
- Pero entonces sería un cucharón y ya no serviría para espumar.
- No importa; no hay que pagar de más. Son artificios del mercado de agujeros.
Macedonio Fernández / Cuadernos de todo y nada
La pincelada
Por: Oscar Fortuna
Estaba en mi mente y no lo podía sacar, “Los sueños de la razón producen pesadillas” no era una obra de la que se hablara mucho en el museo; casi todos los visitantes la miraban con atención, hacían los gestos habituales de aprobación o rechazo y seguían con el cuadro siguiente. Pero a mí me pasaban otras cosas con esa obra; tenía sueños con ella, sueños que se transformaban en pesadillas, y solo había una forma de acabar con ellos.
El insomnio que me producían estos sueños me había llevado a conseguir este trabajo, y gracias a ello mantenía la cordura. Ser el guardia nocturno tenía sus ventajas, así podía contemplar cada línea, cada gesto de esos dibujos, y así mi mente había memorizado ese cuadro. Pasaba horas enteras frente al dibujo sumido en el silencio, esperando a que eso ocurriera para completar la obra y terminar con mis pesadillas.
El problema llegaba durante el día, cuando tirado en mi cama imaginaba mi recorrido nocturno y llegaba allí, frente a él, esperando a que eso pasara, a que por fin pudiera culminar aquella obra magnífica.
Fueron doce años así, hasta que una noche llegó él, y pude culminar esa obra con el rojo sangre que tanto necesitaba.
Información, Caos y Libertad
Cada “hecho” adquiere distintos significados a medida que lo pasamos por nuestro prisma dialéctico y estudiamos sus brillos y sombras. El “hecho” nunca está inerte o “neutro”, pero puede ser tanto “bueno” como “malo” (o más allá de ellos) en un sinnúmero de variaciones y combinaciones. Somos nosotros, finalmente, los artistas de este discurso inmensurable. Creamos valores. Lo hacemos porque estamos vivos. La información es un desorden tan grande como el mundo material que refleja y transforma. Abrazamos la confusión, toda ella. Todo es vida. Pero dentro del vasto caos de lo vivo, cierta información y ciertas cosas materiales empiezan a conglutinarse en una poética o una forma-de-saber o una forma-de-actuar. Ni “información” o siquiera un sólo “hecho” constituyen algo en sí mismos. La sola palabra “información” implica una ideología, o más bien un paradigma, enraizado en el miedo inconsciente al “silencio” de la materia y del universo. “Información” es un substituto de la certeza, un fetiche restante de la dogmática, un no-lugar, un espectro.
Los “hechos poéticos” no son asimilables a la doctrina de la “información”. “Saber es ser libre” sólo es cierto cuando la libertad se entiende como una técnica psicocinética. La “información” es un caos; el conocimiento es el ordenamiento espontáneo de ese caos; libertad es surfear la ola de esa espontaneidad.
Hábitat de una pecera
Tengamos en cuenta que dentro de una pecera se organiza de forma natural e independiente un ciclo biológico sobre el cual intervenimos para facilitar que los peces se desarrollen en su mayor plenitud. Esto es posible porque todos los seres vivos están impulsados naturalmente a sobrevivir en el medio que se les ofrece.
Mantener sanos y cómodos a los peces en los acuarios que podamos proporcionarles es condición ineludible para disfrutar de una buena pecera. Por ello es indispensable asesorarnos al momento de elegir el tipo de peces y peceras que deseamos en nuestro hogar. Si desconocemos los principios básicos que rigen sus hábitos y caracteres, estaremos continuamente comprando peces por hobby y obligándolos a sobrevivir como puedan.
Tipos de acuario
Los peces provienen de diferentes partes del mundo con particularidades ambientales muy distintas. Sólo si conocemos algo de su medio de origen nuestros peces podrán desarrollarse sanos y hallarán las condiciones para reproducirse.
Es fundamental considerar la cantidad de aspectos que debemos tener en cuenta al momento de elegir los más adecuados para nuestro hogar y para el tipo de cuidado que podremos proporcionarles.
En cuanto a la decoración es necesario considerar que cada elemento en contacto con el agua modifica su composición natural. Algunos materiales liberan partículas de calcio, otros la tornan más ácida, como las raíces, mientra que determinadas plantas sirven como filtradores naturales. Por otra parte, las cerámicas horneadas permiten reproducir con gran similitud el hábitat natural de distintas especies y evitan los efectos tóxicos de algunos plásticos. De todos modos, errar en este aspecto no suele ser tan nocivo como la mala combinación de especies, producto del desconocimiento. Por eso, es fundamental tomar conciencia de los cuidados especiales que son necesarios para preservar los pequeños paraísos que son las peceras para sus habitantes.
Ecología y Salud
Algunas enfermedades pueden ser causadas por los virus, bacterias, protistas y hongos que por su pequeño tamaño se los denomina microbios.
La mayoría de las veces estos microorganismos viven dentro de organismos huéspedes sin causar aparentemente ningún tipo de efecto. Es así, que muchas personas portan el bacilo de la tuberculosis sin manifestar ningún síntoma de enfermedad, otras poseen el virus del herpes el cual permanece en estado latente durante meses o años. Pero, estos microbios manifiestan su potencial maligno cuando las defensas del individuo se debilitan debido a factores como la desnutrición, la fatiga o la aparición de otras enfermedades.
Algunas veces, las bacterias pueden ocasionar daño a un organismo por las toxinas que producen como es el caso de la difteria, el tétanos, el botulismo o la escarlatina.
Desde que algunos microbios se identificaron como agentes causantes de enfermedades se introdujo la necesidad de la higiene y la asepsia acompañadas de la erradicación de vectores de microorganismos como pulgas, piojos, moscas, mosquitos, etc. y la eliminación de basura para evitar su multiplicación.
Muchas enfermedades tanto virales como bacterianas pueden prevenirse a través de la inmunización.
Sin embargo, no todas las bacterias nos producen daño, algunas nos benefician enormemente. Algunas producen antibióticos que impiden la multiplicación de otras bacterias, otras descomponen y reciclan la materia orgánica muerta, otras fijan el nitrógeno del suelo para que sea aprovechado por las plantas y otras nos permiten elaborar el yogurt y otros alimentos.
Por lo tanto, podemos decir que hay bacterias que nos perjudican enormemente y otras bacterias que colaboran con nuestra vida y salud.
Si Usted necesita alguna aclaración o quiere realizar una consulta sobre este artículo u otros temas de ECOLOGIA & SALUD puede hacerlo a:
Entorno del Mito
Por: Eduardo Galeano
Parientes
En 1992, mientras se celebraban los cinco siglos de algo así como la salvación de las Américas, un sacerdote católico llegó a una comunidad metida'en las hondonadas del sureste mexicano.
Antes de la misa, fue la confesión. En lengua tojolobal, los indios contaron sus pecados. Carlos Lenkersdorf hizo lo que pudo traduciendo las confesiones, una tras otra, aunque él bien sabía que es imposible traducir esos misterios:
–Dice que ha abandonado al maíz –tradujo Carlos–. Dice que muy triste está la milpa. Muchos días sin ir.
–Dice que ha maltratado al fuego. Ha aporreado la lumbre, porque no ardía bien.
–Dice que ha profanado el sendero, que lo anduvo macheteando sin razón.
–Dice que ha lastimado al buey.
–Dice que ha volteado un árbol y no le ha dicho por qué.
El sacerdote no supo qué hacer con esos pecados, que no figuran en el catálogo de Moisés.
jueves, 25 de febrero de 2010
Editorial
En la lingüística, y en el contexto particular de la gramática, el gerundio es una conjugación del verbo que demuestra una acción; pero no está definida ni por el tiempo, el modo, el número, ni la persona. El gerundio correctamente usado significa ya simultaneidad, ya anterioridad con relación al verbo al que modifica (por ello, la gramática dice que el tiempo del gerundio es relativo).
Así, con el gerundio HACIENDO, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires posterga indefinidamente soluciones a los muchos problemas de la ciudad y sus vecinos, que son los que sufren la ineficacia de este gobierno que solo aporta PROblemas.
HACIENDO un uso relativo del presupuesto de la ciudad, Macri incrementó sin gerundios la cantidad de asistentes, consultores y asesores para “embellecer” la ciudad con sus cientos de carteles amarillos que informan de mejoras por todos lados, que luego nunca se concretan.
Con políticas exclusivas, Macri y sus asesores le quitaron presupuesto -y prácticamente existencia real- a los planes de vivienda de la ciudad, especulando con cada porción de terreno para el mercado inmobiliario, cada vez más excluyente para cualquiera que pretenda tener su propia casa.
Con barrios enteros inundados, Macri responde con grandes carteles que aseguran estar “HACIENDO” las mejoras para que esto no ocurra más. Pero ya lo sabemos, mientras siga el gerundio, el problema no se va a terminar, y la promesa continúa.
Con sistemas de transporte colapsados, y luego de prometer 10 kilómetros de tramos nuevos por año en la red de subtes, Macri se ataja acusando al Gobierno Nacional de no escuchar sus reclamos. Lo mismo hace respecto de salud -con hospitales sin insumos- y la educación -con edificios arruinados y en constante estado de precariedad-. Siempre es culpa de otro, siempre el responsable es el otro.
El otro que te roba, el otro que te pide, que está ahí tirado pidiendo limosna, que no deja que esta ciudad sea bella y ordenada y pulcra, como Macri y tantos bellos, ordenados y pulcros quisieran. Y así, culpando a ese otro que apenas sabe de política y de intereses ocultos -y tampoco sabe nada de gerundios-, la ciudad se hunde en un caos del que parece imposible salir. Macri propone una “nueva policía”, que picana en mano traerá orden a tanto caos. ¿Cuánto más resistirá el sentido común a tanta mentira, tanto desvarío mediático que impone miedo día tras día?
Ojalá despertemos, y nos demos cuenta que la solución no está en culpar al otro. Si cada uno se hace cargo de su parte, y en comunidad trabajamos para resolver lo de nuestra casa, nuestra manzana, y así de a poco llegar a mejorar nuestro barrio, no serían necesarios representantes que en nombre del pueblo y el miedo llenen de carteles y policías la ciudad, mientras esta se cae a pedazos.
El gobierno de Macri es como el gerundio: no está definido ni por el tiempo, el modo, el número ni la persona. Entonces, la próxima vez que haya elecciones, pensemos bien antes de votar: que no nos gane el miedo al otro.
Cuento
Algo muy grave va a suceder en este pueblo
Por: Gabriel García Márquez
Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: -No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Entonces le dice su madre:
-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.
La verdadera utilidad de las cárceles
La utilidad de las prisiones podemos revelarla fácilmente: cuantos más delincuentes existan, más crímenes existirán; cuanto más crímenes hayan, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica por qué en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad como si se tratase de una novedad cada nuevo día.
Desde 1830 en todos los países del mundo se desarrollaron campañas sobre el tema del crecimiento de la delincuencia, hecho que nunca ha sido probado, pero esta supuesta presencia, esta amenaza, ese crecimiento de la delincuencia es un factor de aceptación de los controles. Pero eso no es todo, la delincuencia posee también una utilidad económica; vean la cantidad de tráficos perfectamente lucrativos e inscritos en el lucro capitalista que pasan por la delincuencia: la prostitución; todos saben que el control de la prostitución en todos los países de Europa es realizado por personas que tienen el nombre profesional de proxenetas y que son todos ellos ex presidiarios que tienen por función canalizar los lucros recaudados sobre el placer sexual. La prostitución permitió volver oneroso el placer sexual de las poblaciones y su encuadramiento permitió derivar para determinados circuitos el lucro sobre el placer sexual. El tráfico de armas, el tráfico de drogas, en suma, toda una serie de tráficos que por una u otra razón no pueden ser legal y directamente realizados en la sociedad pueden serlo por la delincuencia, que los asegura.
Si agregamos a eso el hecho de que la delincuencia sirve masivamente en el siglo XIX y aun en el siglo XX a toda una serie de alteraciones políticas tales como romper huelgas, infiltrar sindicatos obreros, servir de mano de obra y guardaespaldas de los jefes de partidos políticos, aun de los más o menos dignos. Los partidos políticos tienen una mano de obra que varía desde los colocadores de afiches hasta los aporreadores o matones, mano de obra que está constituida por delincuentes. Así tenemos toda una serie de instituciones económicas y políticas que opera sobre la base de la delincuencia y en esta medida la prisión que fabrica un delincuente profesional posee una utilidad y una productividad para el capitalismo.
Prosa Libre
Decimos que no hay seguridad.
Sí, no es seguro que puedas vivir de tu trabajo
(si lo conseguiste y pudiste conservar)
No es seguro que puedas comer, vos y tus hijos.
No es seguro que, aún preparándote para un trabajo
puedas desarrollarte, ejercer tu profesión
y evolucionar dignamente.
No es seguro que puedas estudiar.
No es seguro que puedas conservar la vivienda
y menos comprar tu casa.
No es seguro que tu capacidad tenga un espacio
y se te pague por ello.
No es seguro tener acceso a la salud.
Y nosotras, aquí, como lapidadas.
Aunque no es el medioevo.
Siempre dentro de muros.
Por lo que nos faltó afuera, estamos en este lugar.
Todo cerrado y enrejado.
Nos deben haber puesto por eso.
Ahora sí estamos “seguritas”,
a salvo de la inseguridad externa del hambre,
de la violencia y de las carencias.
Con la protección infinita de las plegarias de la soledad.
Con la protección infinita de la iglesia universal.
Con la protección infinita del aislamiento.
Con la protección infinita del exilio de los afectos,
del exilio de la sexualidad y del exilio de la identidad.
Con la protección infinita de la violencia que se contiene.
¡Que sociedad generamos!
Se invierte dinero en mantener a la gente viva, encerrada;
en lugar de invertirlo en crear condiciones
que mantienen a la gente viva, en libertad.
Laura Preguerman
Texto extraído de Fanzín 31, publicación del taller de poesía realizado por YO NO FUI, asociación civil y cultural sin fines de lucro que trabaja en proyectos artísticos y de capacitación en oficios en los penales de mujeres de Ezeiza y, afuera, con las mujeres que salen en libertad, promoviendo la autogestión y dando apoyo y contención en el proceso de inclusión social.
Para saber más:
www.yonofui.org.ar
proyectoyonofui@gmail.com
Rincón de Poesías
Por: Carilda Oliver Labra
cuando voy en tu boca, demorada,
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.
Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.
Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;
y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.
Lo que pasa
Por: Juan Gelman
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche,
en la tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo
como un fuego,
jueves, 26 de noviembre de 2009
Editorial Diciembre 2009
Etimológicamente, parece provenir de diversas raíces, de hecho tal vez no sea posible establecer quienes fueron los primeros en nombrarla. Pero existe en innumerables lenguas y habita en todos los cuerpos.
Aparece en la danza cotidiana de todas las cosas. Se percibe en el genio de los artistas y se contagia y expande como una plaga, como un hermoso secreto echado a rodar en miles de oídos.
Tras ella viajaron y viajan infinidad de navegantes, quienes han podido tocarla dicen que esa palabra tiene un sonido universal porque habla su propio idioma, ese que viene del corazón, el mismo que estalla de solo pensarla.
De la libertad, de ella hablamos.
Pájaros prohibidos
¿Son naranjas? ¿qué frutos son?
La niña lo hace callar:
Ssshhhhh
Y en secreto le explica:
Bobo ¿no ves que son los ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.
Otra forma de festejar la na(vida)d
El propósito principal del potlatch es por supuesto dar regalos. Cada jugador debería llegar con uno o más regalos y marcharse con uno o más regalos diferentes." "Los regalos deben ser hechos por los jugadores, no prefabricados.""Los regalos no tienen por qué ser objetos físicos. El regalo de un jugador podría ser música en vivo durante la cena, el de otro podría ser una actuación. Sin embargo, habría que recordar que en los potlatches amerindios se esperaba que los regalos fueran soberbios y aún ruinosos para quienes los daban." "Nuestro potlatch, sin embargo, es no-tradicional en el sentido de que, teóricamente, todos los jugadores ganan –todo el mundo da y recibe por igual. No se niega sin embargo que un jugador aburrido o tacaño perderá prestigio mientras que un jugador imaginativo y/o generoso ganará “nombre”. En un potlatch verdaderamente exitoso cada jugador será igualmente generoso de forma que todos los jugadores quedarán igualmente satisfechos. La incertidumbre del resultado añade un gusto de aleatoriedad al evento.
P otlach, una práctica antes que un concepto, un lenguaje perdido en la Historia, pero aun vivo en nuestros más bellos ritos: el sexo, el banquete y la embriaguez de la danza, "donde se ve que la dispersión no va hacia el sin sentido, sino que es una modalidad de encuentro con el sentido que pasa a través de la pérdida de centralidad del sujeto". Una economía ya no basada en la acumulación sino en el derroche, en el goce de lo producido. Las sociedades como la nuestra viven de la acumulación de lo que producen, vigilan este excedente de forma celosa. En cambio, cuando hablamos de Potlach nos referimos a los experimentos históricos basados en el gasto improductivo, donde el disfrute deviene general, en ellos nadie puede apropiarse de él, o para decirlo de otra manera, nadie puede privarnos de este goce.
Buscamos otras formas de pensar/hacer prácticas culturales que se diferencien del espectáculo de masas, y de las miradas reduccionistas y elitistas que piensan que la experiencia cultural es signo de la profesionalización de la propia vida en saberes específicos, aislados unos del otro. Pretendemos romper con una cultura separada de nuestra vida cotidiana, una cultura agotada, cosificada y mercantilizada en la cual no podemos reconocernos ni en sus movimientos más triviales.
El festival, este banquete llamado Potlach, es una forma de crear zonas autónomas, donde el exceso, la intensificación y el derroche generan una vida consumida en vivir en lugar de sobrevivir. Un espacio de ruptura en un contexto regido por la mercantilización de la cultura que no deja lugar al deseo y el don. Un espacio de intercambio de experiencias, saberes y prácticas comunes, entre personas y colectivos, resistiendo a la dispersión atomizante a la que estamos expuestos. Queremos encontrar una forma de producción diferente, colectiva, creativa, basada en el apoyo mutuo, entrelazada en una red difusa y diversa de grupos, organizaciones, colectivos e individuos.
Dar para ser. Sólo desde esta perspectiva podría explicar como una maestra, jaqueada por las dudas sobre la pertinencia de los contenidos que trasmite, constreñida a un presupuesto que la paraliza, frente a un aula famélica, cada mañana retoma su puesto y su porfía. Y así, da para ser, el que sostiene una olla popular, el que cura, el que consuela, el que calla en la tortura o el que lucha. Casi todos, cuanto más los despropiados, solidarios, impropios para la propiedad, dan para ser.
Proponemos un intercambio ligado a la pasión, fundamentado en la presencia de otras conciencias y en el placer de dar(nos), simultáneo a la satisfacción de recibir. Vivimos en un período de taquicardia, de discontinuidades rítmicas (trabajo-ocio, producción-consumo, etc.) que crean un sin sentido del cual nos apropiamos individualmente y reproducimos en forma incesante, necesitamos un sentido que haga saltar por el aire a todas las garantías que poseemos en busca de una subjetividad que permita reconocernos.
Este espacio es un simple laboratorio, un don que se da sin percibir sus límites, una práctica que derrochamos y que esperamos que se esparza como un virus, sin limitarse a espacios y tiempos de excepción. Solo en el dar podemos encontrarnos.
Sredni Vashtar
La señora De Ropp, aun en los momentos de mayor franqueza, no hubiera admitido que no quería a Conradín, aunque tal vez habría podido darse cuenta de que al contrariarlo por su bien cumplía con un deber que no era particularmente penoso. Conradín la odiaba con desesperada sinceridad, que sabía disimular a la perfección. Los escasos placeres que podía procurarse acrecían con la perspectiva de disgustar a su parienta, que estaba excluida del reino de su imaginación por ser un objeto sucio, inadecuado.
En el triste jardín, vigilado por tantas ventanas prontas a abrirse para indicarle que no hiciera esto o aquello, o recordarle que era la hora de ingerir un remedio, Conradín hallaba pocos atractivos. Los escasos árboles frutales le estaban celosamente vedados, como si hubieran sido raros ejemplares de su especie crecidos en el desierto. Sin embargo, hubiera resultado difícil encontrar quien pagara diez chelines por su producción de todo el año. En un rincón, casi oculta por un arbusto, había una casilla de herramientas abandonada, y en su interior Conradín halló un refugio, algo que participaba de las diversas cualidades de un cuarto de juguetes y de una catedral. La había poblado de fantasmas familiares, algunos provenientes de la historia y otros de su imaginación; estaba también orgulloso de alojar dos huéspedes de carne y hueso. En un rincón vivía una gallina del Houdán, de ralo plumaje, a la que el niño prodigaba un cariño que casi no tenía otra salida. Más atrás, en la penumbra, había un cajón, dividido en dos compartimentos, uno de ellos con barrotes colocados uno muy cerca del otro. Allí se encontraba un gran hurón de los pantanos, que un amigo, dependiente de carnicería, introdujo de contrabando, con jaula y todo, a cambio de unas monedas de plata que guardó durante mucho tiempo. Conradín tenía mucho miedo de ese animal flexible, de afilados colmillos, que era, sin embargo, su tesoro más preciado. Su presencia en la casilla era motivo de una secreta y terrible felicidad, que debía ocultársele escrupulosamente a la Mujer, como solía llamar a su prima. Y un día, quién sabe cómo, imaginó para la bestia un nombre maravilloso, y a partir de entonces el hurón de los pantanos fue para Conradín un dios y una religión.
La Mujer se entregaba a la religión una vez por semana, en una iglesia de los alrededores, y obligaba a Conradín a que la acompañara, pero el servicio religioso significaba para el niño una traición a sus propias creencias. Pero todos los jueves, en el musgoso y oscuro silencio de la casilla, Conradín oficiaba un místico y elaborado rito ante el cajón de madera, santuario de Sredni Vashtar, el gran hurón. Ponía en el altar flores rojas cuando era la estación y moras escarlatas cuando era invierno, pues era un dios interesado especialmente en el aspecto impulsivo y feroz de las cosas; en cambio, la religión de la Mujer, por lo que podía observar Conradín, manifestaba la tendencia contraria.
En las grandes fiestas espolvoreaba el cajón con nuez moscada, pero era condición importante del rito que las nueces fueran robadas. Las fiestas eran variables y tenían por finalidad celebrar algún acontecimiento pasajero. En ocasión de un agudo dolor de muelas que padeció por tres días la señora De Ropp, Conradín prolongó los festivales durante todo ese tiempo, y llegó incluso a convencerse de que Sredni Vashtar era personalmente responsable del dolor. Si el malestar hubiera durado un día más, la nuez moscada se habría agotado.
La gallina del Houdán no participaba del culto de Sredni Vashtar. Conradín había dado por sentado que era anabaptista. No pretendía tener ni la más remota idea de lo que era ser anabaptista, pero tenía una íntima esperanza de que fuera algo audaz y no muy respetable. La señora De Ropp encarnaba para Conradín la odiosa imagen de la respetabilidad.
Al cabo de un tiempo, las permanencias de Conradín en la casilla despertaron la atención de su tutora.
-No le hará bien pasarse el día allí, con lo variable que es el tiempo -decidió repentinamente, y una mañana, a la hora del desayuno, anunció que había vendido la gallina del Houdán la noche anterior. Con sus ojos miopes atisbó a Conradín, esperando que manifestara odio y tristeza, que estaba ya preparada para contrarrestar con una retahíla de excelentes preceptos y razonamientos. Pero Conradín no dijo nada: no había nada que decir. Algo en esa cara impávida y blanca la tranquilizó momentáneamente. Esa tarde, a la hora del té, había tostadas: manjar que por lo general excluía con el pretexto de que haría daño a Conradín, y también porque hacerlas daba trabajo, mortal ofensa para la mujer de la clase media.
-Creí que te gustaban las tostadas -exclamó con aire ofendido al ver que no las había tocado.
-A veces -dijo Conradín.
Esa noche, en la casilla, hubo un cambio en el culto al dios cajón. Hasta entonces, Conradín no había hecho más que cantar sus oraciones: ahora pidió un favor.
-Una sola cosa te pido, Sredni Vashtar.
No especificó su pedido. Sredni Vashtar era un dios, y un dios nada lo ignora. Y ahogando un sollozo, mientras echaba una mirada al otro rincón vacío, Conradín regresó a ese otro mundo que detestaba.
Y todas las noches, en la acogedora oscuridad de su dormitorio, y todas las tardes, en la penumbra de la casilla, se elevó la amarga letanía de Conradín:
-Una sola cosa te pido, Sredni Vashtar.
La señora De Ropp notó que las visitas a la casilla no habían cesado, y un día llevó a cabo una inspección más completa.
-¿Qué guardas en ese cajón cerrado con llave? -le preguntó-. Supongo que son conejitos de la India. Haré que se los lleven a todos.
Conradín apretó los labios, pero la mujer registró su dormitorio hasta descubrir la llave, y luego se dirigió a la casilla para completar su descubrimiento. Era una tarde fría y Conradín había sido obligado a permanecer dentro de la casa. Desde la última ventana del comedor se divisaba entre los arbustos la casilla; detrás de esa ventana se instaló Conradín. Vio entrar a la mujer, y la imaginó después abriendo la puerta del cajón sagrado y examinando con sus ojos miopes el lecho de paja donde yacía su dios. Quizá tantearía la paja movida por su torpe impaciencia. Conradín articuló con fervor su plegaria por última vez. Pero sabía al rezar que no creía. La mujer aparecería de un momento a otro con esa sonrisa fruncida que él tanto detestaba, y dentro de una o dos horas el jardinero se llevaría a su dios prodigioso, no ya un dios, sino un simple hurón de color pardo, en un cajón. Y sabía que la Mujer terminaría como siempre por triunfar, y que sus persecuciones, su tiranía y su sabiduría superior irían venciéndolo poco a poco, hasta que a él ya nada le importara, y la opinión del médico se vería confirmada. Y como un desafío, comenzó a cantar en alta voz el himno de su ídolo amenazado:
Sredni Vashtar avanzó: Sus pensamientos eran pensamientos rojos y sus dientes eran blancos. Sus enemigos pidieron paz, pero él le trajo muerte. Sredni Vashtar el hermoso.
De pronto dejó de cantar y se acercó a la ventana.
La puerta de la casilla seguía entreabierta. Los minutos pasaban. Los minutos eran largos, pero pasaban. Miró a los estorninos que volaban y corrían por el césped; los contó una y otra vez, sin perder de vista la puerta. Una criada de expresión agria entró para preparar la mesa para el té. Conradín seguía esperando y vigilando. La esperanza gradualmente se deslizaba en su corazón, y ahora empezó a brillar una mirada de triunfo en sus ojos que antes sólo habían conocido la melancólica paciencia de la derrota. Con una exultación furtiva, volvió a gritar el peán de victoria y devastación. Sus ojos fueron recompensados: por la puerta salió un animal largo, bajo, amarillo y castaño, con ojos deslumbrados por la luz del crepúsculo y oscuras manchas mojadas en la piel de las mandíbulas y del cuello. Conradín se hincó de rodillas. El Gran Hurón de los Pantanos se dirigió al arroyuelo que estaba al extremo del jardín, bebió, cruzó un puentecito de madera y se perdió entre los arbustos. Ese fue el tránsito de Sredni Vashtar.
-Está servido el té -anunció la criada de expresión agria-. ¿Dónde está la señora?
-Fue hace un rato a la casilla -dijo Conradín.
Y mientras la criada salió en busca de la señora, Conradín sacó de un cajón del aparador el tenedor de las tostadas y se puso a tostar un pedazo de pan. Y mientras lo tostaba y lo untaba con mucha mantequilla, y mientras duraba el lento placer de comérselo, Conradín estuvo atento a los ruidos y silencios que llegaban en rápidos espasmos desde más allá de la puerta del comedor. El estúpido chillido de la criada, el coro de interrogantes clamores de los integrantes de la cocina que la acompañaba, los escurridizos pasos y las apresuradas embajadas en busca de ayuda exterior, y luego, después de una pausa, los asustados sollozos y los pasos arrastrados de quienes llevaban una carga pesada.
-¿Quién se lo dirá al pobre chico? ¡Yo no podría! -exclamó una voz chillona.
Y mientras discutían entre sí el asunto, Conradín se preparó otra tostada.
Entorno del Mito: El miedo al mar
En la Edad Media Dante coloca a Ulises en el Infierno por haberse atrevido a cruzar el Estrecho de Gibraltar: una acción que implicaba la soberbia de ir más allá del mundo conocido. Porque el mar siempre fue “lo otro” y “lo distinto”.
Por medio de las travesías marítimas llagaban las novedades, las noticias de modos de vivir diferentes. El mar fue durante milenios el símbolo del caos primordial; una masa informe que contenía fuerzas malignas, dragones y demonios. El mar era el adiós a la estabilidad cotidiana, a la conservación de las costumbres familiares, a la seguridad conocida. Simbolizaba la modificación del propio mundo.
Muchas veces el miedo al cambio fue causa de guerras y de ensañamiento. Las Guerras de Religión que asolaron el s.XVI en Europa tuvieron esa base; los protestantes denunciaban a la Iglesia Católica de haber trastocado la tradición antigua del cristianismo; los católicos salían en defensa de las instituciones inmutables de la Iglesia.
En un momento la conquista de los mares posibilitó a Europa el dominio del mundo; sin embargo sigue aferrada a su territorio y expulsa a los inmigrantes que llegan de las mismas tierras que un día sometió; ellos continúan simbolizando algo distinto.
Desde cierto punto de vista en el s.XXI los océanos ya no tienen más misterios; pero sigue vigente el miedo de lo que alguna vez fueron símbolo: la indefinición fluctuante del límite entre “lo mío” y “lo tuyo”; el temor “al otro”.
De Cronopios y de Famas
Viajes
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.
El Rincón de la poesía
Cola
Detrás de él va un niño
que lleva un suéter rojo
que va detrás de un viejo
que tiene un sombrerito,
detrás de una señora
con una saya azul,
que va detrás de un perro
que va detrás de un coro
de marineros rusos,
detrás de una muchacha
públicamente hermosa,
que va detrás de un ciego
detrás de su bastón,
que va detrás de un día
color de cornetín,
que va detrás de un ciervo
que se perdió en el bosque,
detrás de las Cabrillas
y de la Cruz del Sur,
que va detrás de un beso
detrás de una postal,
que va detrás de un manco,
de un cojo y de un ciempiés,
detrás de un apagón,
detrás de dos paraguas
que van detrás de Arthur
detrás de sus camellos
que van detrás de todo
con todas las banderas
las herramientas todas
y con soldados mil.
Yo voy detrás de usted.


