UNO (fragmento)
Cómo hablarles de ella y de la esponja rosada que le bailaba en la boca, de la tumba de manzanas que guardaba en el armario de su pecho. De un solo manotazo me azotó el demonio de la lujuria para esta y otras vidas, para este y otros horizontes. Yo detrás de ella, cruzando el umbral, reventando las burbujas que nos estorbaban el paso, cerrando la puerta, resguardándola con leones, evitando que las estrellas y sus melodramas naveguen por las cicatrices de nuestro río. Los dos en un túnel de espuma, rezando a los dioses de cuatro patas, a los paisajes que luego quedaron cortos, rezando con movimientos tibios, abrigándolos en las chimeneas de nuestros pechos. Ella y yo, yo y la vía láctea deslizándonos en su cintura, en el extremo opuesto de su risa, en el lado derecho de sus peces de colores. Mi monte nublado, mis líneas de la mano mudas, arrimándome a la culpa por seguir lamiendo su sombra, la ola que se regaba desde sus axilas tiernas…
Walter Jimbo
Brújula de polvo
cuando tenga un hijo/ habrá un sol ocultándose de mi ventana/ y quizás porque ya no seré/ la única sangre derramada por el mundo/ cada día se alternarán/ la dicha y la agonía/ qué podré decirle a mi hijo/ sobre la guillotina del tiempo/ la miel silvestre de las caricias/ o los verdugos que acechan nuestras espaldas/ tendré que dejarle caer/ sobre una almohada de agujas/ o sobre un abismo de pétalos/ será otro jinete embistiendo la noche/ y no tendrá más alternativa/ que deambular con su brújula de polvo
Marcelo Villa Navarrete
el hombre desgarra
con sus dientes de acequia el aire del caos
camina la espalda del ángel
y con su voz de silencio
llora sobre un dios acorralado
Alba Estrella Gutiérrez
Domingo en Montserrat
Vivo en una casa revestida de sol,
encrucijada de prolijidad antigua
y deshilachada adolescencia.
Libros, cuadros, pretéritas molduras,
coordenadas de tiempo y de madera.
El barrio que habito es árido,
sus angostas veredas verticales
estrechan toda idea de horizonte.
Sólo la voluptuosidad de algunas cúpulas
redimen su rectilínea tristeza.
Dos o tres viejos campanarios
dialogan el silencio del domingo.
Casi en puntas de pie salgo a la calle,
como huyendo con un secreto amante.
Con mi barrio callado, interior y mío.
Al conquistar la primera esquina
me abandono al zigzagueo,
y en irreversible ceremonia
me concedo el tiempo de caminar sin rumbo,
lejana y abierta.
Antes de la noche estaré de vuelta.
María Elena Mittelman
hay un niño perdido
no sabe de guerra
el hambre lo apuñala
por su espalda indefensa
con los ojos abiertos
hilvanados de asombro
muere todos los días
muere en todos los muertos
en cartones de sueños
una cruz invertida
es un dios indefenso
un grito en la noche
lo descalza de miedos
en un andén vacío
le trafican el nombre
travestido de ausencia
hay un niño perdido
y buenos aires
llora
Alba Estrella Gutiérrez
domingo, 28 de agosto de 2011
sábado, 30 de julio de 2011
Editorial
Diversión, el arma silenciosa.
El arma del silencio es un tipo de arma biológica. Ataca la vitalidad, la capacidad intelectual y la movilidad de los individuos de una sociedad, mediante la manipulación y la desintegración del entramado social,. Este tipo de arma es utilizada por la mayoría de las naciones en lo que se conoce como “guerras de baja intensidad”.
La experiencia ha mostrado que el método más simple para volver eficaz una arma silenciosa es ganar el control, manteniendo a las personas ignorantes de los principios básicos del poder. Esto se logra generando confusión y desorganización en la población, distrayéndola con temas sin importancia real. Así es como se manipulan los pensamientos, desplazando las necesidades personales hacia prioridades fabricadas (la moda y la tecnología contribuyen especialmente a ello).
Esto evita el interés, el posible descubrimiento de las armas silenciosas y del fomento del automatismo social como herramienta de control mundial.
¿Cómo se aplica el arma silenciosa?
-Desarrollo del egocentrismo, el individualismo, el “no te metás”(inducidos todo el tiempo mediante los medios masivos de comunicación), asociados a la idea de bienestar.
-Bombardeo constante de escenas de violencia, guerra y sexo por parte de los mismos medios. (El miedo paraliza a las personas y no les permite pensar claramente, y el deseo las desvía de la búsqueda de valores dignificantes).
-Oferta excesiva de lo que la mayoría desea: "comida chatarra" para la mente y el espíritu, con lo que se reemplazan las necesidades por deseos. (Sucede con las drogas de bajo costo como el paco: mantiene pasiva a una gran masa de gente que podría cambiar el curso de la historia -sobre todo la personal- si descubriera su poder, y de paso los destruye a muy bajo costo).
La regla general de este tipo de arma es que siempre hay ganancia en la confusión: a mayor desentendimiento de las personas sobre el poder político, mayor provecho para los que controlan el sistema de poder. Así, la mejor estrategia es crear problemas, para luego ofrecer aparentes soluciones. (Un claro ejemplo a nivel mundial fue la “pandemia de gripe porcina”).
Por suerte, el botón de apagado de cada pantalla permanece aún en cada hogar. La decisión de someterse a este sistema o de cambiarlo aún está en nosotros.
El arma del silencio es un tipo de arma biológica. Ataca la vitalidad, la capacidad intelectual y la movilidad de los individuos de una sociedad, mediante la manipulación y la desintegración del entramado social,. Este tipo de arma es utilizada por la mayoría de las naciones en lo que se conoce como “guerras de baja intensidad”.
La experiencia ha mostrado que el método más simple para volver eficaz una arma silenciosa es ganar el control, manteniendo a las personas ignorantes de los principios básicos del poder. Esto se logra generando confusión y desorganización en la población, distrayéndola con temas sin importancia real. Así es como se manipulan los pensamientos, desplazando las necesidades personales hacia prioridades fabricadas (la moda y la tecnología contribuyen especialmente a ello).
Esto evita el interés, el posible descubrimiento de las armas silenciosas y del fomento del automatismo social como herramienta de control mundial.
¿Cómo se aplica el arma silenciosa?
-Desarrollo del egocentrismo, el individualismo, el “no te metás”(inducidos todo el tiempo mediante los medios masivos de comunicación), asociados a la idea de bienestar.
-Bombardeo constante de escenas de violencia, guerra y sexo por parte de los mismos medios. (El miedo paraliza a las personas y no les permite pensar claramente, y el deseo las desvía de la búsqueda de valores dignificantes).
-Oferta excesiva de lo que la mayoría desea: "comida chatarra" para la mente y el espíritu, con lo que se reemplazan las necesidades por deseos. (Sucede con las drogas de bajo costo como el paco: mantiene pasiva a una gran masa de gente que podría cambiar el curso de la historia -sobre todo la personal- si descubriera su poder, y de paso los destruye a muy bajo costo).
La regla general de este tipo de arma es que siempre hay ganancia en la confusión: a mayor desentendimiento de las personas sobre el poder político, mayor provecho para los que controlan el sistema de poder. Así, la mejor estrategia es crear problemas, para luego ofrecer aparentes soluciones. (Un claro ejemplo a nivel mundial fue la “pandemia de gripe porcina”).
Por suerte, el botón de apagado de cada pantalla permanece aún en cada hogar. La decisión de someterse a este sistema o de cambiarlo aún está en nosotros.
El editor
Poesía porque sí
Acostados en un sillón debajo de la autopista,
no hacen más que preguntarse
para que vinieron a este mundo
y leen algun diario,
alguna historieta,
o un libro robado, o encontrado.
Los ariscos pasan en colectivo
escuchando música
creyendo formular neuronalmente
alguna que otra teoría
de la justicia, y el merecimiento
que tienen de tener casa, o dormir en la calle.
Algún dia van a escapar todos
del gran laberinto entretejido
por los medios y la costumbre.
Cuando no queden más veranos donde esconderse,
ni inviernos donde llorar,
las manos serán tan intangibles
como el concepto de libertad.
Eso será la libertad.
La verdad de la manzana
La manzana despertaba.
Quiza no fue buena idea comerla, pero despertaba.
Por eso crece en los árboles.
Por eso se cae cuando madura.
Por eso el hombre sentado la ve caer.
Por eso la patea.
Por eso la imita.
Porque el hombre es la manzana,
y de a poco cae,
madura,
y se descubre.
Ignacio Escobio
nachoescobio@hotmail.com
http://eserinconapartado.blogspot.com/
EL TIEMPO
Por: María Elena Mittelman
Estoy enojada con el tiempo, siento que me está estafando.
Yo sé que la vivencia del transcurso del tiempo es subjetiva e intransferible, y que no existen parámetros para medirla. Pero mal que bien, cuando se habla de un año, de una vuelta alrededor del sol, de un regreso al punto de partida del horóscopo, de haber pasado por otros dos solsticios y equinoccios, uno se hace a la idea de un lapso razonablemente largo, que no puede abarcarse como si fuera un instante.
Un año es un tiempo que incluye muchos días y noches, encuentros, olvidos, libros, melodías, lluvias, riesgos, sueños e insomnios, aromas, dolores, uñas rotas, miradas ensimismadas, olor a café por las mañanas, un timbre imprevisto, palabras sedientas de palabras, desesperaciones por esperar y por no esperar, voces que llegan y voces que no llegan, agua fresca y el calor del fuego, alguna risa incontenible, alguna lágrima, una orquídea nostálgica, una casi infinita gama de silencios, en fin....
Pero no sé qué fenómeno macabro lleva a que todo eso se triture, se deshaga, se compacte, se pulverice, y quede reducido a algo casi imperceptible, apenas una vaga e inestable creencia....Aquí es nuevamente primavera, y mi primavera anterior comenzó ayer, o como mucho la semana pasada, y tengo la certeza de que el ramillete de jazmines que he comprado hoy, estará aun blanco y fresco cuando comience la primavera próxima.
Sucede como en los cuentos para niños, nos ilusionan con magos, duendes, hechizos, y también nos vendieron el cuento de que el tiempo transcurre prolija y mansamente a nuestro lado, y es mentira..., corre salvaje, mucho más adelante, se va , se escapa, se pierde de vista...., y de pronto ya dio toda otra vuelta, y nos sorprende apareciéndose de pronto por la espalda, haciéndonos una morisqueta, poniéndose por un instante a la par de nosotros, y así....., cada vez mas rápido, gira y gira vertiginosamente en derredor ......
Me estafaron, me dijeron que la vida es larga.
También sé que no es cuestión de tanta queja, que a veces te roban porque te dejás robar, te olvidan porque no hacés nada para que germine el recuerdo. Y entonces me pregunto qué hice, o qué no hice, para que el tiempo me estafe con tanta impunidad.. Y también me pregunto qué sistema antirrobo, qué ingeniosa alarma podría instalar en mi cerebro, en mi sangre, en mis insomnios, para agarrarlo al ladrón con las manos en la masa, y encerrarlo, e impedirle que siga mareándome con sus aceleradas vueltas.Qué bueno sería condenarlo, obligarlo a que de ahora en más respete mi ritmo, me acompañe, sea mi amigo, camine serenamente junto a mí.
Aunque sospecho que no existe el juez que dicte esa condena. No es que quiera lavarme las manos, y echar culpas , pero me parece escuchar una risita burlona que proviene del rincón de los jazmines, y me parece ver cómo las agujas del viejo reloj a cuerda apenas disimulan sus provocativas piruetas, y la conocida foto familiar en blanco y negro se vuelve monstruosa, demasiadas caras inquietantemente parecidas a la mía y sin embargo ajenas, y yo misma cristalizada en mi sonrisa un poco boba a los 6 años, todos iguales, los vivos y los muertos, todo se abalanza y destruye cualquier utópico pensamiento mío de soborno, de penitencia, de perdón…
Recién era todo tan nítido y diferenciado..., y de pronto los jazmines blancos, el reloj verde, los grises de la foto que nunca llegan a ser del todo negros o del todo blancos (hasta eso del blanco y negro es mentira), terminan siendo una única masa absurda, cada vez más homogénea e informe, licuándose, derramándose, inundando en mí cualquier resquicio de esperanza o de memoria.
Estoy enojada con el tiempo, siento que me está estafando.
Yo sé que la vivencia del transcurso del tiempo es subjetiva e intransferible, y que no existen parámetros para medirla. Pero mal que bien, cuando se habla de un año, de una vuelta alrededor del sol, de un regreso al punto de partida del horóscopo, de haber pasado por otros dos solsticios y equinoccios, uno se hace a la idea de un lapso razonablemente largo, que no puede abarcarse como si fuera un instante.
Un año es un tiempo que incluye muchos días y noches, encuentros, olvidos, libros, melodías, lluvias, riesgos, sueños e insomnios, aromas, dolores, uñas rotas, miradas ensimismadas, olor a café por las mañanas, un timbre imprevisto, palabras sedientas de palabras, desesperaciones por esperar y por no esperar, voces que llegan y voces que no llegan, agua fresca y el calor del fuego, alguna risa incontenible, alguna lágrima, una orquídea nostálgica, una casi infinita gama de silencios, en fin....
Pero no sé qué fenómeno macabro lleva a que todo eso se triture, se deshaga, se compacte, se pulverice, y quede reducido a algo casi imperceptible, apenas una vaga e inestable creencia....Aquí es nuevamente primavera, y mi primavera anterior comenzó ayer, o como mucho la semana pasada, y tengo la certeza de que el ramillete de jazmines que he comprado hoy, estará aun blanco y fresco cuando comience la primavera próxima.
Sucede como en los cuentos para niños, nos ilusionan con magos, duendes, hechizos, y también nos vendieron el cuento de que el tiempo transcurre prolija y mansamente a nuestro lado, y es mentira..., corre salvaje, mucho más adelante, se va , se escapa, se pierde de vista...., y de pronto ya dio toda otra vuelta, y nos sorprende apareciéndose de pronto por la espalda, haciéndonos una morisqueta, poniéndose por un instante a la par de nosotros, y así....., cada vez mas rápido, gira y gira vertiginosamente en derredor ......
Me estafaron, me dijeron que la vida es larga.
También sé que no es cuestión de tanta queja, que a veces te roban porque te dejás robar, te olvidan porque no hacés nada para que germine el recuerdo. Y entonces me pregunto qué hice, o qué no hice, para que el tiempo me estafe con tanta impunidad.. Y también me pregunto qué sistema antirrobo, qué ingeniosa alarma podría instalar en mi cerebro, en mi sangre, en mis insomnios, para agarrarlo al ladrón con las manos en la masa, y encerrarlo, e impedirle que siga mareándome con sus aceleradas vueltas.Qué bueno sería condenarlo, obligarlo a que de ahora en más respete mi ritmo, me acompañe, sea mi amigo, camine serenamente junto a mí.
Aunque sospecho que no existe el juez que dicte esa condena. No es que quiera lavarme las manos, y echar culpas , pero me parece escuchar una risita burlona que proviene del rincón de los jazmines, y me parece ver cómo las agujas del viejo reloj a cuerda apenas disimulan sus provocativas piruetas, y la conocida foto familiar en blanco y negro se vuelve monstruosa, demasiadas caras inquietantemente parecidas a la mía y sin embargo ajenas, y yo misma cristalizada en mi sonrisa un poco boba a los 6 años, todos iguales, los vivos y los muertos, todo se abalanza y destruye cualquier utópico pensamiento mío de soborno, de penitencia, de perdón…
Recién era todo tan nítido y diferenciado..., y de pronto los jazmines blancos, el reloj verde, los grises de la foto que nunca llegan a ser del todo negros o del todo blancos (hasta eso del blanco y negro es mentira), terminan siendo una única masa absurda, cada vez más homogénea e informe, licuándose, derramándose, inundando en mí cualquier resquicio de esperanza o de memoria.
lunes, 27 de junio de 2011
Editorial
Las experiencias generan más felicidad que comprar cosas.
Ya todos sabemos que el consumo desmedido produce derroche de energía y más basura en un planeta al borde del colapso. En su lugar, se propone la elección de experiencias sobre cosas: en vez de regalar un nuevo televisor, por qué no invitar a una cena o a un fin de semana de relax.
Estudios diversos respaldan estas premisas, comprobando que las experiencias pueden dar más felicidad que las cosas. Cuando compramos algo material, nos angustia pensar en qué otra cosa podríamos haber comprado, mientras que con una cena o un masaje el disfrute no es interrumpido por pensamientos o acciones basados en cálculos. Con las experiencias, sea compartiendo un asado con amigos, una salida al teatro o simplemente un paseo por el parque nuestro cuerpo y mente se relajan y pueden recurrir a esa experiencia en el recuerdo, recuperando la sensación. En el caso de la compra de objetos, la sensación gratificante dura mucho menos en comparación con la experiencia compartida, y casi nadie relaciona el recuerdo de una compra como un hecho al que recurre en momentos difíciles.
Los estudios concluyen con algo que muchos saben, pero pocos llegan a comprender o vivirlo realmente. La idea se podría resumir en una frase del Indio Solari: “vivir, solo cuesta vida”.
Entonces, la próxima vez que te sientas ansioso, en vez de ir al kiosko a comprar una golosina o cigarrillos, probá dar una vuelta por un parque o una plaza, o poné un disco de la música que te guste y tomate el tiempo para escucharlo tranquilo. Quizá ese momento baste para entender que a veces es mejor dejar un vacío dentro nuestro para que nuevas experiencias y emociones nos sorprendan gratamente.
Ya todos sabemos que el consumo desmedido produce derroche de energía y más basura en un planeta al borde del colapso. En su lugar, se propone la elección de experiencias sobre cosas: en vez de regalar un nuevo televisor, por qué no invitar a una cena o a un fin de semana de relax.
Estudios diversos respaldan estas premisas, comprobando que las experiencias pueden dar más felicidad que las cosas. Cuando compramos algo material, nos angustia pensar en qué otra cosa podríamos haber comprado, mientras que con una cena o un masaje el disfrute no es interrumpido por pensamientos o acciones basados en cálculos. Con las experiencias, sea compartiendo un asado con amigos, una salida al teatro o simplemente un paseo por el parque nuestro cuerpo y mente se relajan y pueden recurrir a esa experiencia en el recuerdo, recuperando la sensación. En el caso de la compra de objetos, la sensación gratificante dura mucho menos en comparación con la experiencia compartida, y casi nadie relaciona el recuerdo de una compra como un hecho al que recurre en momentos difíciles.
Los estudios concluyen con algo que muchos saben, pero pocos llegan a comprender o vivirlo realmente. La idea se podría resumir en una frase del Indio Solari: “vivir, solo cuesta vida”.
Entonces, la próxima vez que te sientas ansioso, en vez de ir al kiosko a comprar una golosina o cigarrillos, probá dar una vuelta por un parque o una plaza, o poné un disco de la música que te guste y tomate el tiempo para escucharlo tranquilo. Quizá ese momento baste para entender que a veces es mejor dejar un vacío dentro nuestro para que nuevas experiencias y emociones nos sorprendan gratamente.
"No es fácil ser un hombre libre, huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia..."
G.Delleuze“La tristeza, los afectos tristes (…) disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos"
G.Delleuze
El editor
Poesía porque sí
1/5
si estuviera en los setenta
hoy estaría seguramente
con una bandera, caminando, gritando
haciendo sonar algún estruendo pero
estoy acá: desde la ventana empañada veo
pasar a muchos hombres y algunas mujeres
van con gorras, remeras que representan
distintas maneras de entender la política
imperceptible me siento para casi todos pero
alguno me saluda, sobre todo me miran los niños y yo
me pongo los auriculares, necesito
algo de música que levanteme el ánimo
Ø
acomoda el cartón y se acuesta
lentamente porque tiene que agacharse hasta el piso
con la panza que le cae como una bolsa de boxeadora
mientras él sigue pitando algo que no se distingue
muy bien desde el colectivo
se tapan con una manta blanca, se cubren hasta la cabeza
desde mis anteojos todo se ve en sepia
pero llego a distinguir a una chica barriendo
la mugre de la vereda con una rama gigante
porque quiere que su puesto luzca
lo más parecido a uno de la feria de enfrente
y vender todos los ramitos de olivo
a los que salen a las 11 de la iglesia y
sigue la tradición de colocarlo
en el crucifijo plateado que está
sobre la cabecera de la cama
Victoria Sastre (Buenos Aires, 1982)
mvsastre@hotmail.com
mvsastre@hotmail.com
Cuento
RAMONITA
Por: María Elena Mittelman
El cuerpo diminuto, arrugadísimo, casi inexistente de Ramonita, se me impuso con su realidad increíble. En el crepúsculo denso, sus ojos transparentes y lúcidos se abrieron como un refugio y albergaron mi asombro.
Me habías hablado muchas veces de ella, nombrándola con cariñosa intimidad como tu "noviecita de La Boca", y junto a la ráfaga olorosa de Riachuelo pobre y soñador, tu historia me llegaba en tonalidades de simpatía candorosa e inocente.
Nuestro propósito, al ir a visitar a Ramonita , tenía que ver con trasnochadas charlas que veníamos sosteniendo desde hacía largo tiempo sobre el hombre, la fe y el pecado. Pero entrampados en nuestros códigos de tantos años de aulas y de libros, el tema terminaba por languidecer entre palabras vacías y conclusiones inútiles.
Hacía falta un lenguaje más encarnado y primitivo, y mientras nos dirigíamos desde nuestras pequeñoburguesas calles habituales al áspero caos del puerto, yo ensayaba para mis adentros, con cierto nerviosismo, el próximo encuentro con ese personaje legendario que tus frecuentes menciones habían agigantado en mi fantasía.
Pero al verla, al dejarme envolver por su presencia vigorosa, comprendí que eso del "noviazgo" encerraba una profunda ironía. Comprendí que, lejos de ser una metáfora, Ramonita estaba implantada en tu mundo con una fuerza apasionada y vital, capaz de conmoverte y angustiarte como sólo el amor puede hacerlo, una fuerza totalmente ajena a la inocencia y al candor.
Fue después de atravesar barrios cada vez más pintorescos y humildes, de subir y bajar escalones obstinadamente erigidos contra los embates de las sudestadas, de orientarnos por la creciente proximidad del río más que por los escasos carteles deteriorados, que llegamos. Y allí estábamos, en ese mítico rincón de chapas y cortinas multicolores, síntesis de vidas esforzadas y humildes y de pintores bohemios, buscando la prometida y prometedora respuesta.
Golpeaste discretamente la puerta casi virtual de la pieza, dolorosamente miserable. Y luego de un largo minuto, la figura insólita de Ramonita emergió de la sombra como de la irrealidad de un sueño.
Se disculpó por su tardanza, diciéndonos que había estado hincada allí adentro, rogando por el bien del mundo. Y esa afirmación, que quizás en otro contexto y en otros labios me hubieran provocado sospecha o incredulidad, se instaló en mí con la misma naturalidad con que Ramonita nos miraba desde su transparencia, recortada contra el verdor de sus plantas hermosísimas.
Sacó tres sillas al patio crepuscular, extensión común de varias otras piezas-hogares, piezas-talleres, piezas-aguantaderos, piezas administradas por un dueño surreal, cotidiano e inaccesible a la vez. Dueño no solamente del espacio, sino también del tiempo, de las horas de jornadas duras, de las noches de insomnio, de los meses siempre demasiado largos, dueño de los incontables años de desposesión.
Pero con Ramonita era diferente. Ella había violado el dolor y la leyenda. Gracias a la ayuda de sus hermanos de fe, Ramonita se sabía dueña absoluta de las tres chapas del techo, y esa propiedad delirante la hacía trascender la estrechez del jornal, del lugar y de los días y erigirse en su pieza-hogar, pieza-patria y pieza-templo, con la serenidad del arraigo legítimo.
Mientras evoco todas estas imágenes, sujetas necesariamente al tiempo cronológico en el que se extienden las palabras, me sorprende la lentitud engañosa con que se impregna todo. Porque lo vivido, lo real, la presencia de Ramonita , sus plantas hermosísimas, su oración, sus ojos transparentes y su pieza con sus tres chapas inexpugnables, Ramonita y sus tres sillas en el patio crepuscular.... fueron una ráfaga instantánea que desbarató nuestra premeditada y ahora absurda idea de hablar del pecado.
El pecado y la fe, como temas de conversación explícita con Ramonita, hubiera sido algo tan fuera de lugar, tan obsceno, como preguntarle a un niño sobre la infancia o a un moribundo sobre la muerte.
Mientras su voz sencilla nos encantaba con anécdotas menudas y domésticas, yo fui poco a poco, como en una cirugía fantástica, estirando la piel gastada, modelando la turgencia de formas perdidas, recreando sobre su expresión vivaz la frescura esbelta de los pómulos, inyectándole en las venas el rumor olvidado de la sangre nueva. Y la ví, pujante y sensual, dueña de todos los secretos primarios, maestra innata y rotunda de la vida.
Ramonita, desde su raza remota, desde sus manos laboriosas, rescataba el carácter sagrado e irrenunciable de todo lo creado, mostrándonos su cuerpo disfrutado y sus ojos llenos como estandartes orgullosos de novia atemporal.
En el otro tiempo, en el otro cielo, el crepúsculo daba los últimos toques a su tela de luces y sombras contrastantes.
Supimos que era hora de irnos. Supimos que Ramonita, después de saciarnos con su sabiduría perturbadora y primordial, necesitaba volver a la intimidad de su pieza hogar-patria-templo, para seguir cosiendo su larguísimo vestido de novia y orando por el bien del mundo.
Por: María Elena Mittelman
El cuerpo diminuto, arrugadísimo, casi inexistente de Ramonita, se me impuso con su realidad increíble. En el crepúsculo denso, sus ojos transparentes y lúcidos se abrieron como un refugio y albergaron mi asombro.
Me habías hablado muchas veces de ella, nombrándola con cariñosa intimidad como tu "noviecita de La Boca", y junto a la ráfaga olorosa de Riachuelo pobre y soñador, tu historia me llegaba en tonalidades de simpatía candorosa e inocente.
Nuestro propósito, al ir a visitar a Ramonita , tenía que ver con trasnochadas charlas que veníamos sosteniendo desde hacía largo tiempo sobre el hombre, la fe y el pecado. Pero entrampados en nuestros códigos de tantos años de aulas y de libros, el tema terminaba por languidecer entre palabras vacías y conclusiones inútiles.
Hacía falta un lenguaje más encarnado y primitivo, y mientras nos dirigíamos desde nuestras pequeñoburguesas calles habituales al áspero caos del puerto, yo ensayaba para mis adentros, con cierto nerviosismo, el próximo encuentro con ese personaje legendario que tus frecuentes menciones habían agigantado en mi fantasía.
Pero al verla, al dejarme envolver por su presencia vigorosa, comprendí que eso del "noviazgo" encerraba una profunda ironía. Comprendí que, lejos de ser una metáfora, Ramonita estaba implantada en tu mundo con una fuerza apasionada y vital, capaz de conmoverte y angustiarte como sólo el amor puede hacerlo, una fuerza totalmente ajena a la inocencia y al candor.
Fue después de atravesar barrios cada vez más pintorescos y humildes, de subir y bajar escalones obstinadamente erigidos contra los embates de las sudestadas, de orientarnos por la creciente proximidad del río más que por los escasos carteles deteriorados, que llegamos. Y allí estábamos, en ese mítico rincón de chapas y cortinas multicolores, síntesis de vidas esforzadas y humildes y de pintores bohemios, buscando la prometida y prometedora respuesta.
Golpeaste discretamente la puerta casi virtual de la pieza, dolorosamente miserable. Y luego de un largo minuto, la figura insólita de Ramonita emergió de la sombra como de la irrealidad de un sueño.
Se disculpó por su tardanza, diciéndonos que había estado hincada allí adentro, rogando por el bien del mundo. Y esa afirmación, que quizás en otro contexto y en otros labios me hubieran provocado sospecha o incredulidad, se instaló en mí con la misma naturalidad con que Ramonita nos miraba desde su transparencia, recortada contra el verdor de sus plantas hermosísimas.
Sacó tres sillas al patio crepuscular, extensión común de varias otras piezas-hogares, piezas-talleres, piezas-aguantaderos, piezas administradas por un dueño surreal, cotidiano e inaccesible a la vez. Dueño no solamente del espacio, sino también del tiempo, de las horas de jornadas duras, de las noches de insomnio, de los meses siempre demasiado largos, dueño de los incontables años de desposesión.
Pero con Ramonita era diferente. Ella había violado el dolor y la leyenda. Gracias a la ayuda de sus hermanos de fe, Ramonita se sabía dueña absoluta de las tres chapas del techo, y esa propiedad delirante la hacía trascender la estrechez del jornal, del lugar y de los días y erigirse en su pieza-hogar, pieza-patria y pieza-templo, con la serenidad del arraigo legítimo.
Mientras evoco todas estas imágenes, sujetas necesariamente al tiempo cronológico en el que se extienden las palabras, me sorprende la lentitud engañosa con que se impregna todo. Porque lo vivido, lo real, la presencia de Ramonita , sus plantas hermosísimas, su oración, sus ojos transparentes y su pieza con sus tres chapas inexpugnables, Ramonita y sus tres sillas en el patio crepuscular.... fueron una ráfaga instantánea que desbarató nuestra premeditada y ahora absurda idea de hablar del pecado.
El pecado y la fe, como temas de conversación explícita con Ramonita, hubiera sido algo tan fuera de lugar, tan obsceno, como preguntarle a un niño sobre la infancia o a un moribundo sobre la muerte.
Mientras su voz sencilla nos encantaba con anécdotas menudas y domésticas, yo fui poco a poco, como en una cirugía fantástica, estirando la piel gastada, modelando la turgencia de formas perdidas, recreando sobre su expresión vivaz la frescura esbelta de los pómulos, inyectándole en las venas el rumor olvidado de la sangre nueva. Y la ví, pujante y sensual, dueña de todos los secretos primarios, maestra innata y rotunda de la vida.
Ramonita, desde su raza remota, desde sus manos laboriosas, rescataba el carácter sagrado e irrenunciable de todo lo creado, mostrándonos su cuerpo disfrutado y sus ojos llenos como estandartes orgullosos de novia atemporal.
En el otro tiempo, en el otro cielo, el crepúsculo daba los últimos toques a su tela de luces y sombras contrastantes.
Supimos que era hora de irnos. Supimos que Ramonita, después de saciarnos con su sabiduría perturbadora y primordial, necesitaba volver a la intimidad de su pieza hogar-patria-templo, para seguir cosiendo su larguísimo vestido de novia y orando por el bien del mundo.
lunes, 30 de mayo de 2011
Editorial
Cansado de tanta contienda electoral, de tanta palabra vacía de algunos que buscan desesperadamente el voto; esta vez tomo un respiro y comparto con ustedes un poco de poesía; porque el alma también necesita de brisa fresca que alivie su andar.
El editor
El editor
POEMAS DE "PERSISTENCIA DEL ÁRBOL"
de Marcelo Villa Navarrete
1 Si la sangre no anega el desierto, si no hierve la saliva al cruzar el laberinto, si por la hojarasca no ruedan los ojos, entonces no.
2 Surco de neón, río invisible que brama y no cesa; cantar de cerezos, efluvio de seda y alabastro; sol siamés que germina e incendia un bosque.
3 No este cuerpo que extravió la lluvia, no estas manos invisibles desgarrando la sangre, no estos gritos que lamen los talones, no este hedor a mañana de agujas recobradas, no este nombre, no esta prisa, no el silencio.
4 Este y otros rostros. El bufido de cada peldaño al rozar el acantilado. Una sola mortaja de pétalos hilvanada con vinagre y rocío. Embarcaciones con velas de hielo. Este y otros pasos. Los sauces se recuestan en la espesura. Silencio.
5 Quién ha deslizado sus dedos en orquídeas de invisibles pétalos, quién ha tensado el arco y dispuesto la flecha para horadar la pulpa, quién era miel y hundió su lengua en miel.
6 En mis manos usted devenía en pluma, en camelia, en bolsa de té. De cada beso usted huía mas quedaba su sonrisa. Y una vez, la última, usted entró, buscó refugio en mis costillas. Corrí aullando entre campanarios y bocinas de automóviles: la sangre hervía y ya era tarde, siempre fue tarde: usted bebió silencio y no resbaló de mí.
7 Estas sábanas de soterrados pinceles, este azufre sobre lámparas, este vórtice desecho, yo.
8 Mírame: no pedí ese árbol desangrado (¿era sangre del árbol o de mis ojos?), pero como tantas veces subí, ebrio de sal y pétalos, y procuré no escuchar el latir del viento. En realidad fue solo un estribillo, cada vez más nítido y vacío, y el hambre de caer, apagarse, ser mis escombros, y decir: mírame.
9 Ni el ardor o el hielo de sus cejas, ni el páramo de su pecho, ni el eclipse surcado en su ombligo. Sí sus pies y sus manos de hostia, sí la leche de sus labios, sí el trigo derramado en su cintura.
10 Cae fría, ciega, exhausta, la luna, sobre estos cuerpos que solo saben inflamarse, reconocerse a oscuras, subir al dolor.
El Contrato tácito del "mundo libre"
He aquí el contrato que cada uno firma cada mañana simplemente por levantarnos y no hacer nada.
Poco importa nuestras creencias o nuestras ideas políticas, el sistema instaurado en nuestro mundo libre reposa sobre el acuerdo tácito de una especie de contrato realizado con cada uno de nosotros. Aquí el texto que nunca has leído, pero que sin saberlo has firmado:
1) Acepto la competencia como la base de nuestro sistema, aunque soy consciente de que esta operación crea frustración e ira en la gran mayoría de los perdedores.
2) Estoy de acuerdo en ser humillado o explotado, siempre y cuando no se modifique la vida a la que estoy acostumbrado, aunque incluso eso signifique humillar o explotar a alguien que ocupa un lugar más bajo en la pirámide social.
3) Acepto la exclusión de los inadaptados, marginales y de los endebles, porque creo que la gestión de la sociedad tiene sus límites.
4) Estoy de acuerdo en pagar a los bancos de mi salario para que ellos inviertan los ingresos obtenidos a su conveniencia, y además no deberán reintegrarme nada de sus enormes beneficios (que usarán para robar a otros países pobres, y a este mismo, lo que se acepta implícitamente). También acepto que me cobren una alta comisión por prestarme dinero que es, además, de otras personas.
5) Acepto que se congelen y se tiren toneladas de alimentos para mantener los precios del mercado o manipular la economía, en lugar de ofrecerlos a millones de personas que sufren y mueren de hambre cada día.
6) Estoy de acuerdo en que esté prohibido poner fin a su vida rápidamente, sin embargo, puedo tolerar que se haga lentamente, con la ingestión o inhalación de sustancias tóxicas permitidas por los gobiernos.
7) Acepto que se haga la guerra para mantener la paz…
8) Estoy de acuerdo en que se divida a la opinión pública mediante la creación de partidos políticos de izquierda y derecha que pasarán su tiempo peleándose, ya que esto me da la impresión de que hay “gobernabilidad”, y se están ocupando de mí. Acepto también toda clase de divisiones posibles, siempre que me permitan localizar un “enemigo” designado y focalizar mi enojo y frustración en él.
9) Estoy de acuerdo en que el poder de moldear la opinión pública esté en manos de especuladores no elegidos democráticamente y completamente libres de controlar a los gobiernos, porque estoy convencido de la buena utilización que ellos hacen de esto, además si sale en los “medios” debe ser verdad.
10) Acepto la idea de que la felicidad se reduce a la comodidad, el consumo, el sexo, y la libertad de poder satisfacer todos los deseos, porque eso es lo que la publicidad repite todo el día. Cuanto más infeliz me siento, más consumo: Así puedo cumplir mi papel en el sistema contribuyendo al buen funcionamiento de nuestra economía.
11) Estoy de acuerdo en que el valor de una persona se mida por el tamaño de su cuenta bancaria, y que se aprecie su utilidad en función de su productividad más bien que por su calidad y creatividad, y que se la excluya del sistema si no es productiva.
12) Estoy de acuerdo en que se pague generosamente a los jugadores de fútbol y a “gente del espectáculo”, y mucho menos a los maestros y a los médicos, encargados de la educación y la salud de las generaciones futuras.
13) Acepto que excluyamos (depositemos) a los “mayores” en lugar de beneficiarnos de sus experiencias y sabiduría, que como sabemos, en nuestra sociedad moderna y altamente evolucionada, eso no sirve de mucho.
14) Acepto que me presenten noticias negativas y aterradoras del mundo todos los días, así puedo apreciar lo normal de mi situación y la suerte que tengo de que a mi eso no me suceda. Sé que mantener el miedo en nuestra mente no sólo es normal sino que además puede ser beneficioso para nosotros.
15) Estoy de acuerdo en consumir alimentos tratados con hormonas, sustancias “químicas” y pesticidas sin que explícitamente me lo aclaren. Estoy de acuerdo en que los cultivos transgénicos se propaguen, permitiendo que los grandes monopolios (como el “pool” de siembra) se beneficien con patentes, jugosos dividendos y privilegios, manteniendo bajo su yugo a la agricultura mundial, y obviamente al pequeño y mediano productor.
16) Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países desfavorecidos (como Argentina) y que al no poder pagar los intereses usureros, no solo les de el derecho a intervenir en la política “interior” del país, sino además a quedarse con sus recursos.
17) Estoy de acuerdo en que las multinacionales no apliquen los avances sociales de los países “más desarrollados” en los países más pobres (como Argentina). Considerando que ya es “un regalo” que las personas puedan trabajar, aunque sea como esclavos, incluso está bien que se sirvan de las leyes existentes en estos países para que niños y mujeres trabajen en condiciones inhumanas y precarias. En nombre de los derechos del hombre y del ciudadano, no tenemos porque intervenir.
18) Estoy de acuerdo en que los políticos puedan ser gente de dudosa honradez e incluso corruptos. Que gocen de inmunidad, buena paga y de otros privilegios. Para el resto, está bien que no haya tolerancia ni privilegios.
19) Estoy de acuerdo en que las empresas farmacéuticas experimenten, especulen y vendan medicamentos, incluso si esto representa negociar con la salud de la población, y también que los fabricantes de alimentos vendan sus productos obsoletos o que usen sustancias cancerígenas que deberían estar prohibidas.
20) Acepto la búsqueda, a toda costa, del beneficio económico como el objetivo supremo de la humanidad, y la acumulación de riquezas como la realización de la vida humana.
21) Acepto la destrucción de los bosques, la virtual desaparición de los peces de los ríos y océanos. Acepto el aumento de la contaminación industrial y la propagación de venenos químicos y elementos radioactivos en la naturaleza. Acepto el uso de todo tipo de aditivos químicos en mi dieta porque estoy convencido de que si los ponen es por que son útiles y seguros, por otra parte, es lo que hacen “todos”.
22) Acepto esta situación, y admito que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla.
23) Acepto ser tratado como ganado, porque de todas formas, creo que no valgo más que eso.
24) Estoy de acuerdo en no hacer preguntas, ignorar todo esto y no crear una oposición real, porque estoy muy ocupado con mi vida y mis preocupaciones. Acepto, incluso si no me lo piden, defender a muerte este contrato.
25) Por lo tanto, acepto, de plena conciencia, y por último, la triste matriz que ponen delante de mí, aunque esta me impida ver la realidad de las cosas. Sé que lo hacen por mi causa y la de todos, gracias.
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Ecología y Salud,
Política
Poesía porque sí
Por: María Elena Mittelman
QUIZÁS
Quizás deba mostrar
un poco más de mi cansancio,
con una sonrisa
decir
no puedo,
y embarcada en mi nave de lejanía
y viento,
volver
a cruzar los túneles celestes de mis ojos
hasta el punto de dolor y olvido
donde quedé cautiva,
enredada
en una curva de la infancia.
A la edad que tenemos,
hay que sumarle
el tiempo que nos arrebató la desmemoria.
Breves e infinitos años iniciales,
herméticos a todo intento
de relato,
a la vez clave y misterio,
burbuja prehistórica
en la que dicen que fuimos
improbablemente felices.
A la edad que tenemos
es bueno saber si fue conquista o fue derrota
el tiempo que nos arrebatò la fantasía.
Somos ciudades de postguerra,
largamente doloridas e íntimas.
Pero al final del dolor,
en el sitio del recuerdo
sólo queda el recuerdo de una sombra.
Y las sombras son livianas
y libres.
A la edad que tenemos
hay que devolverle
el tiempo que nos arrebataron la condena y la culpa.
Porque los plazos prescriben
y a esta vida sin caràtula
debiéramos quererla y abarcarla
en toda su extensión sobreseída.
Debièramos ejercer el derecho al desapego,
que no es desamor,
Y perdonarnos.
A la edad que tenemos
hay que restarle
cada instante que podamos arrebatar a los lamentos.
A cambio,
las manos estarán menos crispadas,
el cuerpo se dejará acunar por el sillón antiguo,
buscaremos la vieja taza azul
que nos acompañó en tantas esperas
exhalando aromas.
Y el tiempo será de limón y de canela.
QUIZÁS
Quizás deba mostrar
un poco más de mi cansancio,
con una sonrisa
decir
no puedo,
y embarcada en mi nave de lejanía
y viento,
volver
a cruzar los túneles celestes de mis ojos
hasta el punto de dolor y olvido
donde quedé cautiva,
enredada
en una curva de la infancia.
A la edad que tenemos,
hay que sumarle
el tiempo que nos arrebató la desmemoria.
Breves e infinitos años iniciales,
herméticos a todo intento
de relato,
a la vez clave y misterio,
burbuja prehistórica
en la que dicen que fuimos
improbablemente felices.
A la edad que tenemos
es bueno saber si fue conquista o fue derrota
el tiempo que nos arrebatò la fantasía.
Somos ciudades de postguerra,
largamente doloridas e íntimas.
Pero al final del dolor,
en el sitio del recuerdo
sólo queda el recuerdo de una sombra.
Y las sombras son livianas
y libres.
A la edad que tenemos
hay que devolverle
el tiempo que nos arrebataron la condena y la culpa.
Porque los plazos prescriben
y a esta vida sin caràtula
debiéramos quererla y abarcarla
en toda su extensión sobreseída.
Debièramos ejercer el derecho al desapego,
que no es desamor,
Y perdonarnos.
A la edad que tenemos
hay que restarle
cada instante que podamos arrebatar a los lamentos.
A cambio,
las manos estarán menos crispadas,
el cuerpo se dejará acunar por el sillón antiguo,
buscaremos la vieja taza azul
que nos acompañó en tantas esperas
exhalando aromas.
Y el tiempo será de limón y de canela.
viernes, 29 de abril de 2011
Editorial
Leyendo una revista encontré este cuento que representa muy bien algunas conductas y reacciones que muchos constatamos cotidianamente. Lo comparto con ustedes, esperando que se multiplique en todos la actitud del zapatero.
El editor
La verdadera importancia
Por: Paulo Coelho
Jean paseaba con su abuelo por una plaza de París. A determinada altura vio cómo un cliente increpaba a un zapatero por determinado defecto que presentaba su calzado. El zapatero escuchó con calma las quejas, pidió disculpas y prometió reparar el error.
Pararon para tomar un café en un bar. En la mesa de al lado, el camarero le pidió a un hombre que moviese un poco la silla para hacer espacio. El hombre soltó toda una retahíla de improperios, y se negó.
-Nunca olvides lo que acabas de ver – le dijo a Jean su abuelo -. El zapatero aceptó las reclamaciones, mientras que este hombre de nuestro lado no ha querido moverse. A los hombres útiles, que hacen algo útil, no les incomoda que los traten de inútiles. Pero los inútiles siempre se creen importantes, y esconden toda su incompetencia detrás de la autoridad.
Historia del chajá y de la buena prensa
Historia del chajá y de la buena prensa
Por Gustavo Roldán
Por Gustavo Roldán
—¡Minga! —gritó el Diablo—. ¡A mí no me van a echar la culpa de todas las porquerías que pasan en el mundo! ¡Ya me tienen podrido!
El pobre Diablo tenía razón. Si había llovido demasiado, era culpa del Diablo; si la sequía se venía larga, era cosa del Diablo; si llegaba la peste, el Diablo había metido la cola.
Y cuando algo ponía contentos a los hombres, meta dar gracias a Dios y a todos los santos.
—¡Carajo, carajo y tres veces carajo! ¡Lo que es tener buena prensa! ¡Pero esto no va a quedar así!
Y se sentó a meditar en un brasero encendido.
Pensó y pensó, pero estaba demasiado enojado para tener buenas ideas.
—Mejor me preparo unos amargos.
Y se levantó del brasero para poner la pava.
Como era de imaginar, el agua se le calentó de más, la yerba se lavó y no se quemó la lengua simplemente porque el Diablo no se quema con un mate caliente.
Al final respiró hondo, contó hasta siete mil, porque contar hasta diez no alcanza para un buen Diablo, y se tranquilizó un poco.
—Hay que tomar al toro por las astas —se dijo—, y lo vamos a hacer ya mismo.
Ahí nomás se comunicó con Dios y le pidió una cita para discutir algunos asuntos.
—¡Cómo no! —le dijo Dios—. Venite cuando quieras y charlamos un rato.
—¡Eso sí que no! ¿No sabe lo que pueden llegar a decir si ven a un diablo en el cielo? ¿Por qué no viene usted a visitarme?
—¿Y las habladurías? ¿Te imaginás lo que puede decir la gente si se entera que yo estuve en el infierno? También tengo que cuidar la imagen, uno se debe a su público.
—Tiene razón. Mejor busquemos un lugar neutral.
—Es lo mejor —dijo Dios—. ¿Qué te parece si nos encontramos en la Tierra? De paso echamos un vistazo a las cosas de la gente.
Y así fue. Una semana después se encontraron en la Tierra. Por supuesto, los dos disfrazados de hombres, porque no era cuestión de que no los dejaran charlar pidiéndoles autógrafos. Ya se sabe lo que pasa con los que son famosos.
Para mayor tranquilidad, y porque a los dos les gustaba pasear por el campo, se metieron por un caminito perdido y caminaron y caminaron.
El Diablo no se anduvo con vueltas y de entrada nomás planteó todas sus discrepancias con lo que andaba pasando.
Dios lo escuchó atentamente, sin distraerse con los pajaritos que pasaban volando ni con el color de las flores. Al final le dijo:
—Creo que tenés bastante razón, pero no hay que olvidar que aquí yo soy el bueno y vos sos el malo. Además, tan pero tan inocente no sos. Mirá que nos conocemos bien.
—Sí, don Dios, pero las cosas tienen un límite. Acuérdese de la historia del diluvio y del arca de Noé. Yo no fui el que los ahogó a todos los hombres. No voy a negar que saqué mis ventajas, si era un gusto ver como llegaba gente al infierno. Fueron días de fiesta para mí.
—Me imagino —dijo Dios mordiendo un palito.
—Tampoco tuve nada que ver con la destrucción de Sodoma y Gomorra. Ni yo hubiese sido tan duro. No fue un trabajo muy limpio, digo, pensando en los chicos y en los recién nacidos.
—Vamos, vamos, que también sacaste tus ventajas.
—Sí, pero yo voy a otra cosa. A mí también me preocupa el prestigio personal, y la gente me echa la culpa de cosas con las que no tengo nada que ver.
—Diablo, Diablo, somos pocos y nos conocemos. Si sabré tus historias.
—No le estoy cuerpeando a mis historias, digo que me echan la culpa de algunas que son suyas. Usted también se toma sus venganzas.
—¿Yo? —dijo Dios mordiendo fuerte su palito.
Ya habían caminado mucho y tenían un poco de sed.
En ese momento llegaron a la orilla de un río donde dos lavanderas estaban enjabonando un atado de ropa.
Vaya a saber con qué facha estarían disfrazados Dios y el Diablo porque las lavanderas, apenas los vieron, comenzaron a reírse.
Dios, con toda educación, dijo:
—Somos dos viajeros con sed, ¿nos convidarían un jarro de agua?
—Claro que sí —dijo una de las lavanderas, y le alcanzó un jarro con agua jabonosa mientras la otra se reía a más no poder.
—Desde ahora ustedes serán pura espuma, como el agua que me dieron —dijo Dios.
Y las dos mujeres salieron volando, convertidas en chajás.
—Linda prueba —dijo el Diablo—. Muy linda prueba, digna del mejor mago. Yo admiro su habilidad, ¿pero se acuerda de lo que veníamos hablando? Ahora también me van a echar la culpa a mí.
—No, nadie te va a echar la culpa. Van a decir que fue un castigo ejemplar para los que no fueron capaces de calmar la sed de un viajero. Cualquiera sabe que a nadie se le niega un vaso de agua.
—¿Sabe, don Dios? Ahí es donde yo lo envidio. En cómo consigue usted tener tan buena prensa.
El pobre Diablo tenía razón. Si había llovido demasiado, era culpa del Diablo; si la sequía se venía larga, era cosa del Diablo; si llegaba la peste, el Diablo había metido la cola.
Y cuando algo ponía contentos a los hombres, meta dar gracias a Dios y a todos los santos.
—¡Carajo, carajo y tres veces carajo! ¡Lo que es tener buena prensa! ¡Pero esto no va a quedar así!
Y se sentó a meditar en un brasero encendido.
Pensó y pensó, pero estaba demasiado enojado para tener buenas ideas.
—Mejor me preparo unos amargos.
Y se levantó del brasero para poner la pava.
Como era de imaginar, el agua se le calentó de más, la yerba se lavó y no se quemó la lengua simplemente porque el Diablo no se quema con un mate caliente.
Al final respiró hondo, contó hasta siete mil, porque contar hasta diez no alcanza para un buen Diablo, y se tranquilizó un poco.
—Hay que tomar al toro por las astas —se dijo—, y lo vamos a hacer ya mismo.
Ahí nomás se comunicó con Dios y le pidió una cita para discutir algunos asuntos.
—¡Cómo no! —le dijo Dios—. Venite cuando quieras y charlamos un rato.
—¡Eso sí que no! ¿No sabe lo que pueden llegar a decir si ven a un diablo en el cielo? ¿Por qué no viene usted a visitarme?
—¿Y las habladurías? ¿Te imaginás lo que puede decir la gente si se entera que yo estuve en el infierno? También tengo que cuidar la imagen, uno se debe a su público.
—Tiene razón. Mejor busquemos un lugar neutral.
—Es lo mejor —dijo Dios—. ¿Qué te parece si nos encontramos en la Tierra? De paso echamos un vistazo a las cosas de la gente.
Y así fue. Una semana después se encontraron en la Tierra. Por supuesto, los dos disfrazados de hombres, porque no era cuestión de que no los dejaran charlar pidiéndoles autógrafos. Ya se sabe lo que pasa con los que son famosos.
Para mayor tranquilidad, y porque a los dos les gustaba pasear por el campo, se metieron por un caminito perdido y caminaron y caminaron.
El Diablo no se anduvo con vueltas y de entrada nomás planteó todas sus discrepancias con lo que andaba pasando.
Dios lo escuchó atentamente, sin distraerse con los pajaritos que pasaban volando ni con el color de las flores. Al final le dijo:
—Creo que tenés bastante razón, pero no hay que olvidar que aquí yo soy el bueno y vos sos el malo. Además, tan pero tan inocente no sos. Mirá que nos conocemos bien.
—Sí, don Dios, pero las cosas tienen un límite. Acuérdese de la historia del diluvio y del arca de Noé. Yo no fui el que los ahogó a todos los hombres. No voy a negar que saqué mis ventajas, si era un gusto ver como llegaba gente al infierno. Fueron días de fiesta para mí.
—Me imagino —dijo Dios mordiendo un palito.
—Tampoco tuve nada que ver con la destrucción de Sodoma y Gomorra. Ni yo hubiese sido tan duro. No fue un trabajo muy limpio, digo, pensando en los chicos y en los recién nacidos.
—Vamos, vamos, que también sacaste tus ventajas.
—Sí, pero yo voy a otra cosa. A mí también me preocupa el prestigio personal, y la gente me echa la culpa de cosas con las que no tengo nada que ver.
—Diablo, Diablo, somos pocos y nos conocemos. Si sabré tus historias.
—No le estoy cuerpeando a mis historias, digo que me echan la culpa de algunas que son suyas. Usted también se toma sus venganzas.
—¿Yo? —dijo Dios mordiendo fuerte su palito.
Ya habían caminado mucho y tenían un poco de sed.
En ese momento llegaron a la orilla de un río donde dos lavanderas estaban enjabonando un atado de ropa.
Vaya a saber con qué facha estarían disfrazados Dios y el Diablo porque las lavanderas, apenas los vieron, comenzaron a reírse.
Dios, con toda educación, dijo:
—Somos dos viajeros con sed, ¿nos convidarían un jarro de agua?
—Claro que sí —dijo una de las lavanderas, y le alcanzó un jarro con agua jabonosa mientras la otra se reía a más no poder.
—Desde ahora ustedes serán pura espuma, como el agua que me dieron —dijo Dios.
Y las dos mujeres salieron volando, convertidas en chajás.
—Linda prueba —dijo el Diablo—. Muy linda prueba, digna del mejor mago. Yo admiro su habilidad, ¿pero se acuerda de lo que veníamos hablando? Ahora también me van a echar la culpa a mí.
—No, nadie te va a echar la culpa. Van a decir que fue un castigo ejemplar para los que no fueron capaces de calmar la sed de un viajero. Cualquiera sabe que a nadie se le niega un vaso de agua.
—¿Sabe, don Dios? Ahí es donde yo lo envidio. En cómo consigue usted tener tan buena prensa.
Del libro Cuentos con plumas y sin plumas (Editorial Sudamericana, 2004. Colección Cuentamérica).
Microrelatos
El árbol de lilas
María Teresa Andruetto
UNO
Él se sentó a esperar bajo la sombra de un árbol florecido de lilas.
Pasó un señor rico y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de trabajar y hacer dinero?
Y el hombre le contestó:
Espero.
Pasó una mujer hermosa y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de conquistarme?
Y el hombre le contestó:
Espero.
Pasó un niño y le preguntó: ¿Qué hace Usted, señor, sentado bajo este árbol, en vez de jugar?
Y el hombre le contestó:
Espero.
Pasó la madre y le preguntó: ¿Qué hace este hijo mío, sentado bajo un árbol, en vez de ser feliz?
Y el hombre le contestó:
Espero.
DOS
Ella salió de su casa. Cruzó la calle, atravesó la plaza y pasó junto al árbol florecido de lilas.
Miró rápidamente al hombre. Al árbol. Pero no se detuvo. Había salido a buscar, y tenía prisa.
El la vio pasar, alejarse, volverse pequeña, desaparecer.
Y se quedó mirando el suelo nevado de lilas.
Ella fue por el mundo a buscar.
Por el mundo entero.
En el Este había un hombre con las manos de seda.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
Lo siento, pero no, dijo el hombre con las manos de seda.
Y se marchó.
En el Norte había un hombre con los ojos de agua.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
No lo creo, me voy, dijo el hombre con los ojos de agua.
Y se marchó.
En el Oeste había un hombre con los pies de alas.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
Te esperaba hace tiempo, ahora no, dijo el hombre con los pies de alas.
Y se marchó.
En el Sur había un hombre con la voz quebrada.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
No, no soy yo, dijo el hombre con la voz quebrada.
Y se marchó.
TRES
Ella siguió por el mundo buscando, por el mundo entero. Una tarde, subiendo una cuesta, encontró
a una gitana. La gitana la miró y le dijo:
El que buscas espera, bajo un árbol, en una plaza.
Ella recordó al hombre con los ojos de agua, al que tenía las manos de seda, al de los pies de alas y al
que tenía la voz quebrada. Y después se acordó de una plaza, de un árbol que tenía flores lilas, y del
hombre que estaba sentado a su sombra. Entonces se volvió sobre sus pasos, bajó la cuesta, y atravesó
el mundo. El mundo entero. Llegó a su pueblo, cruzó la plaza, caminó hasta el árbol y le preguntó al
hombre que estaba sentado a su sombra:
¿Qué hacés aquí, sentado bajo este árbol?
Y el hombre dijo con la voz quebrada:
Te espero.
Después él levantó la cabeza y ella vio que tenía los ojos de agua, la acarició y ella supo que tenía las
manos de seda, la llevó a volar y ella supo que tenía también los pies de alas.
María Teresa Andruetto
UNO
Él se sentó a esperar bajo la sombra de un árbol florecido de lilas.
Pasó un señor rico y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de trabajar y hacer dinero?
Y el hombre le contestó:
Espero.
Pasó una mujer hermosa y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de conquistarme?
Y el hombre le contestó:
Espero.
Pasó un niño y le preguntó: ¿Qué hace Usted, señor, sentado bajo este árbol, en vez de jugar?
Y el hombre le contestó:
Espero.
Pasó la madre y le preguntó: ¿Qué hace este hijo mío, sentado bajo un árbol, en vez de ser feliz?
Y el hombre le contestó:
Espero.
DOS
Ella salió de su casa. Cruzó la calle, atravesó la plaza y pasó junto al árbol florecido de lilas.
Miró rápidamente al hombre. Al árbol. Pero no se detuvo. Había salido a buscar, y tenía prisa.
El la vio pasar, alejarse, volverse pequeña, desaparecer.
Y se quedó mirando el suelo nevado de lilas.
Ella fue por el mundo a buscar.
Por el mundo entero.
En el Este había un hombre con las manos de seda.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
Lo siento, pero no, dijo el hombre con las manos de seda.
Y se marchó.
En el Norte había un hombre con los ojos de agua.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
No lo creo, me voy, dijo el hombre con los ojos de agua.
Y se marchó.
En el Oeste había un hombre con los pies de alas.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
Te esperaba hace tiempo, ahora no, dijo el hombre con los pies de alas.
Y se marchó.
En el Sur había un hombre con la voz quebrada.
Ella preguntó:
¿Sos el que busco?
No, no soy yo, dijo el hombre con la voz quebrada.
Y se marchó.
TRES
Ella siguió por el mundo buscando, por el mundo entero. Una tarde, subiendo una cuesta, encontró
a una gitana. La gitana la miró y le dijo:
El que buscas espera, bajo un árbol, en una plaza.
Ella recordó al hombre con los ojos de agua, al que tenía las manos de seda, al de los pies de alas y al
que tenía la voz quebrada. Y después se acordó de una plaza, de un árbol que tenía flores lilas, y del
hombre que estaba sentado a su sombra. Entonces se volvió sobre sus pasos, bajó la cuesta, y atravesó
el mundo. El mundo entero. Llegó a su pueblo, cruzó la plaza, caminó hasta el árbol y le preguntó al
hombre que estaba sentado a su sombra:
¿Qué hacés aquí, sentado bajo este árbol?
Y el hombre dijo con la voz quebrada:
Te espero.
Después él levantó la cabeza y ella vio que tenía los ojos de agua, la acarició y ella supo que tenía las
manos de seda, la llevó a volar y ella supo que tenía también los pies de alas.
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Microrelatos
Poesía porque sí
Yo, primera persona del singular.
Yo tengo
Pero Yo no soy Tengo
porque
si un huracán se lleva todo
y me deja tan solo con lo puesto.
Yo seguiría siendo.
Yo estoy.
Pero, atención,
porque aunque cambie de lugar,
aunque cambie de barrio y de ciudad
yo sigo siendo.
Por las noches yo duermo
pero no soy Dormir
porque cuando despierto
sigo siendo
Yo canto.
¿Y si no canto?
Yo juego.
¿Y si no juego?
Yo estoy aqui y allá
yo tengo, yo no tengo
yo canto y desencanto
yo esta tarde no juego
pero yo sigo siendo.
Yo soy yo cuando Soy.
No soy Tener.
No soy Estar.
Yo soy
Ser
en primera persona del singular.
Las 4 maravillas del mundo
Aire que silba
Fuego que fuega
Agua que corre
Tierra que espera
Agua más Tierra, arcilla
Agua más Aire, espuma
Fuego más Agua, agua calentita
Aire con aire, flauta
Tierra con tierra, huerto
Fuego con fuego, amor
Agua con aguacero
Apenas cuatro esencias,
cuatro dulces puñados
en el caldero,
¡y ya olía a magnolias
el Universo!
De “Poemas para niños”
de Liliana Bodoc
Del Blog www.perceptariopoesia.blogspot.com/
De Sofía Arroñade
Yo tengo
Pero Yo no soy Tengo
porque
si un huracán se lleva todo
y me deja tan solo con lo puesto.
Yo seguiría siendo.
Yo estoy.
Pero, atención,
porque aunque cambie de lugar,
aunque cambie de barrio y de ciudad
yo sigo siendo.
Por las noches yo duermo
pero no soy Dormir
porque cuando despierto
sigo siendo
Yo canto.
¿Y si no canto?
Yo juego.
¿Y si no juego?
Yo estoy aqui y allá
yo tengo, yo no tengo
yo canto y desencanto
yo esta tarde no juego
pero yo sigo siendo.
Yo soy yo cuando Soy.
No soy Tener.
No soy Estar.
Yo soy
Ser
en primera persona del singular.
Las 4 maravillas del mundo
Aire que silba
Fuego que fuega
Agua que corre
Tierra que espera
Agua más Tierra, arcilla
Agua más Aire, espuma
Fuego más Agua, agua calentita
Aire con aire, flauta
Tierra con tierra, huerto
Fuego con fuego, amor
Agua con aguacero
Apenas cuatro esencias,
cuatro dulces puñados
en el caldero,
¡y ya olía a magnolias
el Universo!
De “Poemas para niños”
de Liliana Bodoc
Vengo
de un huevo o cigota
de un adentro
de algo
adentro
no sé
si tenía vasos comunicantes
o membrana porosa
era un ombligo
era pelusa
de mí
tibia y fruncida
enrulada era
como una vaina
como una chaucha
era
hermosísima
una alga
fosforescente
y era ciega
no necesitaba ojos
para saberme
con mis propios pelitos
me acariciaba
conocía
hasta la risa
inventé
era cosquilla
(claro que eso no lo sabía)
Y lo increíble
lo más bello
era cómo
de cada sortija
seguía naciendo.
Era panadero
suave
volador
me desprendí de mi tallo
y asi vengo
estoy llegando
algo cansada
despeinada
el trajín los vientos
¿me dicen que estoy pelada?
¿arrugada por el costado?
Soy cascarita
pancita seca
me rasco y
ops!
soy semilla
Huevo, pelusa,
chaucha y panadero:
fue lindo
tantos lugares
¡cómo me hicieron andar!
Me voy yendo
estoy muerta
de sed y calor
redondita
ruedo
hasta la tierra
qué sueño
una siestita
no me acuerdo,
¿ qué decía?
¿qué decía? Primera persona
Del Blog www.perceptariopoesia.blogspot.com/
De Sofía Arroñade
¿Cómo ser más verde y feliz?
Pensá en tiempo y no en dinero
Venimos hablando sobre estos temas hace tiempo: las experiencias y no los objetos dan felicidad, los jóvenes están tendiendo a valorizar más otras cosas sobre el consumo y hay un deseo en general de volver a lo verde porque claramente el contacto con la naturaleza provoca bienestar.
Sin embargo, todavía siguen apareciendo más pruebas que nos empujan en una dirección alternativa. Esta vez se trata de un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania, en el que la investigadora Cassie Mogilner se embarcó en la tarea de observar cómo influye la concentración en ciertas ideas en el uso que hacemos del tiempo más tarde. Las conclusiones son sumamente interesantes.
Mogilner tomó a un grupo de voluntarios y los enfrentó con una serie de oraciones que contenían palabras relacionadas al tiempo (como reloj o día), mientras que propuso a otro trabajar con ideas relacionadas al dinero (con palabras como riqueza o dólares). Más tarde, se les preguntaba a las personas cómo pensaban pasar sus próximas 24 horas.
Aquellos que habían estado pensando en el tiempo, querían realizar actividades sociales; mientras que quienes habían estado pensando en dinero estaban planificando pasar más tiempo trabajando. Llevando el estudio al mundo real, la investigadora propuso a personas entrando a un café llenar un cuestionario con palabras relacionadas al tiempo o al dinero, y luego observó su comportamiento dentro del lugar (si estaban chateando o interactuando socialmente, o trabajando). A su salida, se les preguntaba cuán contentos y satisfechos estaban.
Una vez más, aquellos que estuvieron pensando en tiempo pasaron sus horas socializando y estaban más felices; al tiempo que quienes pensaron en dinero estuvieron trabajando y estaban menos satisfechos al salir.
La moraleja de este estudio no podría ser más contundente: la concentración en las cosas y el dinero saca el foco de aquello que es mucho más importante para nuestro bienestar, que es el invertir tiempo en conectarnos y ser felices. Cuando sacamos la atención del dinero, además, nos concentramos en tener una vida más frugal, lo cual lleva a disminuir nuestra huella en el planeta.
¿Se animan a probar el invertir el día de hoy pensando en el tiempo?
Venimos hablando sobre estos temas hace tiempo: las experiencias y no los objetos dan felicidad, los jóvenes están tendiendo a valorizar más otras cosas sobre el consumo y hay un deseo en general de volver a lo verde porque claramente el contacto con la naturaleza provoca bienestar.
Sin embargo, todavía siguen apareciendo más pruebas que nos empujan en una dirección alternativa. Esta vez se trata de un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania, en el que la investigadora Cassie Mogilner se embarcó en la tarea de observar cómo influye la concentración en ciertas ideas en el uso que hacemos del tiempo más tarde. Las conclusiones son sumamente interesantes.
Mogilner tomó a un grupo de voluntarios y los enfrentó con una serie de oraciones que contenían palabras relacionadas al tiempo (como reloj o día), mientras que propuso a otro trabajar con ideas relacionadas al dinero (con palabras como riqueza o dólares). Más tarde, se les preguntaba a las personas cómo pensaban pasar sus próximas 24 horas.
Aquellos que habían estado pensando en el tiempo, querían realizar actividades sociales; mientras que quienes habían estado pensando en dinero estaban planificando pasar más tiempo trabajando. Llevando el estudio al mundo real, la investigadora propuso a personas entrando a un café llenar un cuestionario con palabras relacionadas al tiempo o al dinero, y luego observó su comportamiento dentro del lugar (si estaban chateando o interactuando socialmente, o trabajando). A su salida, se les preguntaba cuán contentos y satisfechos estaban.
Una vez más, aquellos que estuvieron pensando en tiempo pasaron sus horas socializando y estaban más felices; al tiempo que quienes pensaron en dinero estuvieron trabajando y estaban menos satisfechos al salir.
La moraleja de este estudio no podría ser más contundente: la concentración en las cosas y el dinero saca el foco de aquello que es mucho más importante para nuestro bienestar, que es el invertir tiempo en conectarnos y ser felices. Cuando sacamos la atención del dinero, además, nos concentramos en tener una vida más frugal, lo cual lleva a disminuir nuestra huella en el planeta.
¿Se animan a probar el invertir el día de hoy pensando en el tiempo?
Fuente: blogs.tudiscovery.com
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Ecología y Salud
Ecología y Salud
La meditación puede mejorar la estructura de tu cerebro en sólo 8 semanas
Un grupo de científicos del Programa de investigación de neuro-imágenes psiquiátricas del Hospital General de Massachusetts probó recientemente que meditar -una actividad con nulo impacto ambiental para la cual no se necesita más equipamiento ni preparación que tu propio cuerpo y unos minutos de tu día- puede mejorar tu capacidad de atención, aprendizaje y reducir tus niveles de stress.
Después de haber practicado meditación, los cerebros de los participantes mostraron un aumento en la densidad de la materia gris del hipocampo (que tiene un papel importante en la memoria y capacidad de aprendizaje) y en estructuras asociadas con la auto-consciencia, compasión e introspección.
Además, indicaron que sentían una reducción en sus niveles de stress, y se comprobó que sus cerebros tenían menos concentración de materia gris en la amígdala (que influye en los niveles de ansiedad y stress).
Este es el primer estudio que documenta que la meditación produce efectivamente cambios en el cerebro. Antes se habían realizado estudios que demostraban que las personas que tenían una larga historia con la meditación tenían estructuras cerebrales diferentes, pero no era claro si la meditación las ocasionaba o si la estructura cerebral determinaba su inclinación por esa actividad. En cambio, este estudio demuestra que la meditación provoca estas modificaciones.
Muchas veces cuando uno piensa en mejorar su salud y reducir su stress, lo primero que viene a la mente es dinero, viajes a centros de relajación y demás actividades de alto impacto. Pero aquí está la prueba de que la respuesta está en el interior.
¿Alguno practica meditación? ¿Piensan empezar a hacerlo?
Un grupo de científicos del Programa de investigación de neuro-imágenes psiquiátricas del Hospital General de Massachusetts probó recientemente que meditar -una actividad con nulo impacto ambiental para la cual no se necesita más equipamiento ni preparación que tu propio cuerpo y unos minutos de tu día- puede mejorar tu capacidad de atención, aprendizaje y reducir tus niveles de stress.
Después de haber practicado meditación, los cerebros de los participantes mostraron un aumento en la densidad de la materia gris del hipocampo (que tiene un papel importante en la memoria y capacidad de aprendizaje) y en estructuras asociadas con la auto-consciencia, compasión e introspección.
Además, indicaron que sentían una reducción en sus niveles de stress, y se comprobó que sus cerebros tenían menos concentración de materia gris en la amígdala (que influye en los niveles de ansiedad y stress).
Este es el primer estudio que documenta que la meditación produce efectivamente cambios en el cerebro. Antes se habían realizado estudios que demostraban que las personas que tenían una larga historia con la meditación tenían estructuras cerebrales diferentes, pero no era claro si la meditación las ocasionaba o si la estructura cerebral determinaba su inclinación por esa actividad. En cambio, este estudio demuestra que la meditación provoca estas modificaciones.
Muchas veces cuando uno piensa en mejorar su salud y reducir su stress, lo primero que viene a la mente es dinero, viajes a centros de relajación y demás actividades de alto impacto. Pero aquí está la prueba de que la respuesta está en el interior.
¿Alguno practica meditación? ¿Piensan empezar a hacerlo?
Fuente: blogs.tudiscovery.com
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