domingo, 28 de agosto de 2011

Monserrat Cultural Nº 44

Imagen de Tapa: “Ángel” de Franchesco.

Editorial

Esta vez comparto una lectura que me permitió reapreciar una idea-sentimiento que el mercado agota y deforma, quitándole su poder de transformación para bien de todos. Espero lo disfruten tanto como yo.

El editor

El amor es un gesto muy fuerte porque significa que hay que aceptar que la existencia de otra persona se convierta en nuestra preocupación. Mi idea sobre la reinvención del amor quiere decir lo siguiente: puesto que el amor se refiere a esa parte de la humanidad que no está entregada a la competencia, al salvajismo; puesto que, en su intimidad más poderosa, el amor exige una suerte de confianza absoluta en el otro; puesto que vamos a aceptar que ese otro esté totalmente presente en nuestra propia vida, que nuestra vida esté ligada de manera interna a ese otro, pues bien, ya que todo esto es posible ello nos prueba que no es verdad que la competitividad, el odio, la violencia, la rivalidad y la separación sean la ley del mundo.
El amor está amenazado por la sociedad contemporánea. Esa sociedad bien quisiera sustituir el amor por una suerte de régimen comercial de pura satisfacción sexual, erótica, etc.
Entonces, el amor debe ser reinventado para defenderlo. El amor debe reafirmar su valor de ruptura, su valor de casi locura, su valor revolucionario como nunca lo hizo antes. No hay que dejar que el amor sea domesticado por la sociedad actual –que siempre busca domesticarlo–.
En otros tiempos, las sociedades clericales y tradicionales buscaron domesticarlo por el matrimonio y la familia. Hoy se busca domesticar al amor con una mezcla de pornografía libre y de contrato financiero.
Pero debemos preservar la potencia subversiva del amor y apartarlo de esas amenazas. Y ello es extensivo a otras cosas: el arte debe también apartarse de la potencia del mercado, la ciencia igualmente. Allí donde hay un pensamiento humano activo y desinteresado hay un combate para liberarlo de los intereses.
Hay que pelear por conservar lo excepcional que nos ocurre. Después veremos. De esa forma salvaremos la idea y sabremos qué es exactamente la felicidad. No soy un asceta. No estoy por el sacrificio. Estoy convencido de que si logramos organizar una reunión con obreros y ponemos en marcha una dinámica, si podemos superar una dificultad en el amor y nos reencontramos con la persona que amamos, si hacemos un descubrimiento científico, ahí empezamos a comprender qué es la felicidad. La felicidad es una idea fundamental.”

Alain Badiou
Filósofo, dramaturgo y novelista francés.

Ecología y Salud

Consumismo vs. creatividad:
Cómo el preocuparte por cosas afecta tu mente

Sabemos que el consumo desenfrenado de objetos y bienes materiales no es beneficioso para el planeta: cada nueva cosa que compramos requirió la extracción de materias primas y el empleo de energía para su producción, transporte para su comercialización, y creará basura cuando dejemos de usarlo o lo hayamos consumido. Multipliquemos esto por la cantidad de veces que compremos algo innecesario, y tendremos la idea del impacto. 
Pero podría haber una razón más por la cual evitar el consumismo: la búsqueda e investigación previa a la compra de un objeto estaría de hecho afectando nuestra creatividad y concentración, ya que el impulso consumista estimula la misma parte del cerebro que se activa cuando estás detrás de una buena idea: ese mecanismo que lleva a probar una alternativa detrás de otra y ver qué es lo que funciona mejor, ese deseo, olfato e instintos propios de la búsqueda de algo nuevo.
Llamado 'búsqueda' por el científico neurológico Jaak Panksepp, este estado emocional aplica tanto a nuestras necesidades físicas como a recompensas abstractas: lo importante es la emoción de hacer conexiones, anticipar el significado.
Lo que alimenta este estado es la liberación de dopamina en el cerebro, que promueve un estado de impaciencia y propósito. Un estado mental en el que los seres humanos adoran estar, sólo que en el caso del consumismo, lo empleamos con el fin de encontrar el producto perfecto en lugar de una nueva idea o un propósito mayor para nuestra vida. 
Es así que podemos pasarnos horas leyendo revisiones de artículos, comparando precios y buscando la mejor forma de envío, en lo que perdemos valioso tiempo que podríamos estar empleando en actividades que nos proporcionen más contenido que una nueva cámara de fotos. O buscando el mejor precio de un objeto en distintas tiendas, o pensando el mejor regalo material para alguien. Muchas veces la persona podrá decirse a sí misma que lo que busca le es necesario para su vida o para llegar a un fin mayor, pero en realidad la creatividad no depende de objetos materiales. De hecho, la carencia de recursos generalmente estimula la creatividad. 
Así es que la próxima vez que tengan un impulso de búsqueda consumista, piensen tanto en el medio ambiente como en estos temas. ¿Reconocen a sus hábitos en esta descripción?

Rincón Psi

¿Para qué consultar con un psicólogo/psicoanalista?

Existe un prejuicio que ha creado una enorme barrera frente a la consulta con un psicólogo/psicoanalista: “el psicólogo es para los locos”. Esto no es nuevo, por el contrario, se remonta a un tiempo donde se relacionaba de una forma oscura la psicología, la psiquiatría y el tratamiento de los enfermos mentales con los hospicios.  No se prestaba atención a la serie de padecimientos que hoy consideramos “sufrimiento psíquico o emocional” o “enfermedades psicosomáticas”.
Fue Sigmun Freud, un médico neurólogo vienés, quien a partir del año 1895 comenzó a llamar la atención sobre la importancia de escuchar de otra manera a los pacientes. Halló que los propios enfermos relacionaban su dolor físico, su imposibilidad de movimiento o su decaimiento generalizado con sucesos de su vida afectiva como desengaños amorosos o acontecimientos traumáticos como la larga enfermedad o muerte de un familiar.
A partir de estos hechos investigó y logró puntualizar dos cuestiones fundamentales en la comprensión de cómo se generan y como podrían tratarse las enfermedades físicas y el sufrimiento anímico:

 a- La gran intensidad con la cual la psique, palabra griega que en castellano significa alma, lo psíquico, influye sobre el cuerpo.
 b- La importancia de la palabra y el poder “mágico” que esta tiene sobre el ser humano.

Sobre el primer punto, como influye el alma sobre el cuerpo, podemos decir que en la vida cotidiana percibimos constantemente esta interacción, por ejemplo en cómo nos sentimos físicamente distintos si estamos tristes, enojados o felices. La risa o el llanto disparan reacciones diferentes en todos los sistemas corporales. Se modifica la expresión facial, el estado de tensión o relajación de los músculos voluntarios o involuntarios, la humedad o sequedad de la boca o los ojos, la respiración. Es sabido desde hace mucho (Freud lo decía ya en el año 1905) que el estado de tristeza permanente, de tipo depresivo, tiene efecto inmunosupresor y, al revés, los períodos de alegría y optimismo elevan los niveles de resistencia del sistema inmunológico.
Más aún, las expectativas optimistas o pesimistas respecto a la curación, la confianza en el médico tratante y el deseo de curación o por el contrario el deseo de abandono de la vida, influyen significativamente en el efecto de la medicación y de los tratamientos médicos. Respecto de la importancia de la palabra en la vida humana podemos agregar que muchos de los pacientes que le llegaron a Freud  habían sido tratados de simuladores o mentirosos por no responder a los tratamientos habituales de la época  Por ejemplo había mujeres que no podían mover el brazo y Freud se dio cuenta, gracias al trabajo analítico que allí mismo estaba creando, que lo afectado era la “idea” del  brazo que estas pacientes tenían, y que a su vez esta palabra (brazo) se conectaba inconscientemente a algún suceso o deseo que era insoportable para la conciencia de esa persona.
A partir de allí comenzó a elaborar las bases para entender el mecanismo en juego en el funcionamiento psíquico y a elaborar un método que permite procesar:
- experiencias traumáticas, - montos de angustia intolerables, - enfermedades físicas a repetición sin causas orgánicas que lo justifiquen, - miedos paralizantes, - ansiedad, - insatisfacción sin poder decir cuál es su causa, - frustración por no poder realizar lo que se desea aunque se conozca cuales son los pasos que se deberían seguir, - enojos permanentes y crítica intensa hacia los demás o hacia uno mismo, - imposibilidad de aceptar el fin de una relación afectiva  o de comenzar una nueva relación,  y muchos otros modos en que se expresa el malestar.
Lejos de ser para “los locos”, aunque estos también se benefician,  la terapia psicológica/psicoanalítica permite abrirse a pensar y sentir sobre las dificultades cotidianas que todos tenemos y nos impiden, simplemente, vivir más felices.

Lic. Héctor Frattini (psicólogo – psicoanalista) M.P. N° 19849 - Tel : 4374-3863
hectorfrattini@yahoo.com.ar

Cuento

El baile de las sombras
Por: Gustavo Roldán


—Quiero pelear, dragón —dijo la dragona.
El dragón no contestó nada. Simplemente voló, convertido en mariposa.
—Las golondrinas pueden comer una mariposa —dijo la dragona, y voló convertida en una golondrina.
Golondrina y mariposa subieron y subieron, y cuando la golondrina ya casi mordía el ala de la mariposa, la mariposa se convirtió en halcón.
—Los halcones pueden comerse a una golondrina —dijo el dragón.
—Las golondrinas vuelan más rápido —dijo la golondrina haciendo un giro en el aire y colocándose encima del halcón para picotearle la cabeza.
El halcón se lanzó en una violentísima caída y se metió entre las ramas de un árbol.
La golondrina bajó hasta el árbol, pero allí no había ningún halcón.
—Te escondiste, dragón —dijo la golondrina—. Igual te voy a encontrar.
La dragona miró rama por rama, buscando alguna oruga que pudiese ser el dragón. Miró rama por rama, y no se dio cuenta de que una rama se movía y se acercaba lentamente hacia ella. Cuando vio a la serpiente abriendo su enorme boca ya era tarde para escapar.
Y la serpiente mordió, pero mordió la cáscara de una tortuga. La tortuga se convirtió en ratón y saltó al suelo. La serpiente se convirtió en un águila que voló hacia el ratón, pero cuando llegó al suelo casi choca con un jabalí de inmensos colmillos.
Un jabalí es demasiado para un águila, no para el puma que rugió mientras saltaba.
El salto del puma terminó en el aire vacío. Allí no había nada. Nada más que una hormiga que se metía rápidamente en un profundo agujerito del tamaño de una hormiga.
—Para una hormiga, nada mejor que un oso hormiguero —dijo el puma que ya no era puma sino oso hormiguero, mientras metía su larguísima lengua buscando a la hormiga.
Y la encontró, y la hormiga salió pegada en la lengua del oso hormiguero.
—Me ganaste, dragón —dijo la hormiga convirtiéndose otra vez en dragona—, y ahora me puedo comer a un oso hormiguero que debe ser muy sabroso.
Pero el dragón otra vez era dragón.
—Bueno, basta —dijo el dragón—. Me cansé de pelear.
—Fue divertido —dijo la dragona—. Te viste en apuros más de una vez.
—Bah, lo hice para dejarte contenta, pura amabilidad de mi parte.
—¿Sí? —dijo la dragona—. Lo que pasa es que no te gusta perder.
—Dragona, me estás provocando. No me queda más remedio que invitarte al baile de las sombras.
—Eso me gusta más. Bailemos, dragón, bailemos el baile de las sombras.
Y los dos dragones se elevaron mirando sus sombras. Las sombras eran enormes y llenaban de oscuridad la tierra. Subieron y subieron, hasta que sus sombras en el suelo se veían apenas del tamaño de las sombras de una paloma.
Entonces giraron en el aire y las sombras giraron en la tierra, moviéndose muy lentamente. Y se juntaron los dragones en el aire y se juntaron las sombras en la tierra. Y juntaron las cabezas y en la tierra apareció la sombra de una mariposa. Y juntaron ala con ala, cola con cola, un ala sobre otra ala, y en la tierra fueron apareciendo diferentes figuras de animales conocidos y de animales desconocidos. Y bailaron el baile de las sombras hasta que el sol dejó de alumbrar desde arriba, porque el baile de las sombras sólo se puede bailar cuando el sol está en lo más alto del cielo.
Cuando bajaron, todo el campo estaba cubierto de flores. Tal vez porque el baile de una pareja de dragones, necesariamente, tiene que hacer que todo el mundo se llene de flores.

Poesía porque sí

UNO (fragmento)

Cómo hablarles de ella y de la esponja rosada que le bailaba en la boca, de la tumba de manzanas que guardaba en el armario de su pecho. De un solo manotazo me azotó el demonio de la lujuria para esta y otras vidas, para este y otros horizontes. Yo detrás de ella, cruzando el umbral, reventando las burbujas que nos estorbaban el paso, cerrando la puerta, resguardándola con leones, evitando que las estrellas y sus melodramas naveguen por las cicatrices de nuestro río. Los dos en un túnel de espuma, rezando a los dioses de cuatro patas, a los paisajes que luego quedaron cortos, rezando con movimientos tibios, abrigándolos en las chimeneas de nuestros pechos. Ella y yo, yo y la vía láctea deslizándonos en su cintura, en el extremo opuesto de su risa, en el lado derecho de sus peces de colores. Mi monte nublado, mis líneas de la mano mudas, arrimándome a la culpa por seguir lamiendo su sombra, la ola que se regaba desde sus axilas tiernas…

Walter Jimbo

Brújula de polvo

cuando tenga un hijo/ habrá un sol ocultándose de mi ventana/ y quizás porque ya no seré/ la única sangre derramada por el mundo/ cada día se alternarán/ la dicha y la agonía/ qué podré decirle a mi hijo/ sobre la guillotina del tiempo/ la miel silvestre de las caricias/ o los verdugos que acechan nuestras espaldas/ tendré que dejarle caer/ sobre una almohada de agujas/ o sobre un abismo de pétalos/ será otro jinete embistiendo la noche/ y no tendrá más alternativa/ que deambular con su brújula de polvo

Marcelo Villa Navarrete

el hombre desgarra
con sus dientes de acequia el aire del caos
camina la espalda del ángel
y con su voz de silencio

llora sobre un dios acorralado

Alba Estrella Gutiérrez



Domingo en Montserrat

Vivo en una casa revestida de sol,
encrucijada de prolijidad antigua
y deshilachada adolescencia.
Libros, cuadros, pretéritas molduras,
coordenadas de tiempo y de madera.

El barrio que habito es árido,
sus  angostas veredas verticales
estrechan toda idea de horizonte.
Sólo la voluptuosidad de algunas cúpulas
redimen su rectilínea tristeza.

Dos o tres viejos campanarios
dialogan   el silencio del domingo.
Casi en puntas de pie salgo a la calle,
como huyendo con un secreto amante.
Con mi barrio callado, interior y mío.

Al  conquistar la primera esquina
me abandono al zigzagueo,
y en irreversible ceremonia
 me concedo el tiempo de caminar sin rumbo,
lejana y abierta.

Antes de la noche estaré de vuelta.

María Elena Mittelman


hay un niño perdido
no sabe de guerra
el hambre lo apuñala
por su espalda indefensa
con los ojos abiertos
hilvanados de asombro
muere todos los días
muere en todos los muertos
en cartones de sueños
una cruz invertida

es un dios indefenso
un grito en la noche
lo descalza de miedos
en un andén vacío
le trafican el nombre
travestido de ausencia
hay un niño perdido
y buenos aires

llora

Alba Estrella Gutiérrez

sábado, 30 de julio de 2011

Monserrat Cultural Nº 43

Imagen de Tapa:"Antena" de Lora Delena

Editorial

Diversión, el arma silenciosa.
El arma del silencio es un tipo de arma biológica. Ataca la vitalidad, la capacidad intelectual y la movilidad de los individuos de una sociedad, mediante la manipulación y la desintegración del  entramado social,. Este tipo de arma es utilizada por la mayoría de las naciones en lo que se conoce como “guerras de baja intensidad”.
La experiencia ha mostrado que el método más simple para volver eficaz una arma silenciosa es ganar el control, manteniendo a las personas ignorantes de los principios básicos del poder. Esto se logra generando confusión y desorganización en la población, distrayéndola con temas sin importancia real. Así es como se manipulan los pensamientos, desplazando las necesidades personales hacia prioridades fabricadas (la moda y la tecnología contribuyen especialmente a ello).
Esto evita el interés, el posible descubrimiento de las armas silenciosas y del fomento del automatismo social como herramienta de control mundial.

¿Cómo se aplica el arma silenciosa?
-Desarrollo del egocentrismo, el individualismo, el “no te metás”(inducidos todo el tiempo mediante los medios masivos de comunicación), asociados a la idea de bienestar.
-Bombardeo constante de escenas de violencia, guerra y sexo por parte de los mismos medios. (El miedo paraliza a las personas y no les permite pensar claramente, y el deseo las desvía de la búsqueda de valores dignificantes).
-Oferta excesiva de lo que la mayoría desea: "comida chatarra" para la mente y el espíritu, con lo que se reemplazan las necesidades por deseos. (Sucede con las drogas de bajo costo como el paco: mantiene pasiva a una gran masa de gente que podría cambiar el curso de la historia -sobre todo la personal- si descubriera su poder, y de paso los destruye a muy bajo costo).

La regla general de este tipo de arma es que siempre hay ganancia en la confusión: a mayor desentendimiento de las personas sobre el poder político, mayor provecho para los que controlan el sistema de poder. Así, la mejor estrategia es crear problemas, para luego ofrecer aparentes soluciones. (Un claro ejemplo a nivel mundial fue la “pandemia de gripe porcina”).
Por suerte, el botón de apagado de cada pantalla permanece aún en cada hogar. La decisión de someterse a este sistema o de cambiarlo aún está en nosotros.

El editor

Poesía porque sí

Acostados en un sillón debajo de la autopista,
no hacen más que preguntarse
para que vinieron a este mundo
y leen algun diario,
alguna historieta,
o un libro robado, o encontrado.
Los ariscos pasan en colectivo
escuchando música
creyendo formular neuronalmente
alguna que otra teoría
de la justicia, y el merecimiento
que tienen de tener casa, o dormir en la calle.
Algún dia van a escapar todos
del gran laberinto entretejido
por los medios y la costumbre.
Cuando no queden más veranos donde esconderse,
ni inviernos donde llorar,
las manos serán tan intangibles
como el concepto de libertad.
Eso será la libertad.


La verdad de la manzana

La manzana despertaba.
Quiza no fue buena idea comerla, pero despertaba.
Por eso crece en los árboles.
Por eso se cae cuando madura.
Por eso el hombre sentado la ve caer.
Por eso la patea.
Por eso la imita.
Porque el hombre es la manzana,
y de a poco cae,
madura,
y se descubre.
Ignacio Escobio
   
nachoescobio@hotmail.com
http://eserinconapartado.blogspot.com/

EL TIEMPO

Por: María Elena Mittelman

Estoy enojada con el tiempo, siento que me está estafando.

Yo sé que la vivencia del transcurso del tiempo es subjetiva e intransferible, y que no existen parámetros para medirla. Pero mal que bien, cuando se habla de un año, de una vuelta alrededor del sol, de un regreso al punto de partida del horóscopo, de haber pasado por otros dos solsticios y equinoccios, uno se hace a la idea de un lapso razonablemente largo, que no puede abarcarse como si fuera un instante.

Un año es un tiempo que incluye muchos días y noches, encuentros, olvidos, libros, melodías, lluvias, riesgos, sueños e insomnios, aromas, dolores, uñas rotas, miradas ensimismadas, olor a café por las mañanas, un timbre imprevisto, palabras sedientas de palabras, desesperaciones por esperar y por no esperar, voces que llegan y voces que no llegan, agua fresca y el calor del fuego, alguna risa incontenible, alguna lágrima, una orquídea nostálgica, una casi infinita gama de silencios, en fin....

Pero no sé qué fenómeno macabro lleva a que todo eso se triture, se deshaga, se compacte, se pulverice, y quede reducido a algo casi imperceptible, apenas una vaga e inestable creencia....Aquí es nuevamente primavera, y mi primavera anterior comenzó ayer, o como mucho la semana pasada, y tengo la certeza de que el ramillete de jazmines que he comprado hoy, estará aun blanco y fresco cuando comience la primavera próxima.

Sucede como en los cuentos para niños, nos ilusionan con magos, duendes, hechizos, y también nos vendieron el cuento de que el tiempo transcurre prolija y mansamente a nuestro lado, y es mentira..., corre salvaje, mucho más adelante, se va , se escapa, se pierde de vista...., y de pronto ya dio toda otra vuelta, y nos sorprende apareciéndose de pronto por la espalda, haciéndonos una morisqueta, poniéndose por un instante a la par de nosotros, y así....., cada vez mas rápido, gira y gira vertiginosamente en derredor ......

Me estafaron, me dijeron que la vida es larga.

También sé que no es cuestión de tanta queja, que a veces te roban porque te dejás robar, te olvidan porque no hacés nada para que germine el recuerdo. Y entonces me pregunto qué hice, o qué no hice, para que el tiempo me estafe con tanta impunidad.. Y también me pregunto qué sistema antirrobo, qué ingeniosa alarma podría instalar en mi cerebro, en mi sangre, en mis insomnios, para agarrarlo al ladrón con las manos en la masa, y encerrarlo, e impedirle que siga mareándome con sus aceleradas vueltas.Qué bueno sería condenarlo, obligarlo a que de ahora en más respete mi ritmo, me acompañe, sea mi amigo, camine serenamente junto a mí.

Aunque sospecho que no existe el juez que dicte esa condena. No es que quiera lavarme las manos, y echar culpas , pero me parece escuchar una risita burlona que proviene del rincón de los jazmines, y me parece ver cómo las agujas del viejo reloj a cuerda apenas disimulan sus provocativas piruetas, y la conocida foto familiar en blanco y negro se vuelve monstruosa, demasiadas caras inquietantemente parecidas a la mía y sin embargo ajenas, y yo misma cristalizada en mi sonrisa un poco boba a los 6 años, todos iguales, los vivos y los muertos, todo se abalanza y destruye cualquier utópico pensamiento mío de soborno, de penitencia, de perdón…

Recién era todo tan nítido y diferenciado..., y de pronto los jazmines blancos, el reloj verde, los grises de la foto que nunca llegan a ser del todo negros o del todo blancos (hasta eso del blanco y negro es mentira), terminan siendo una única masa absurda, cada vez más homogénea e informe, licuándose, derramándose, inundando en mí cualquier resquicio de esperanza o de memoria.

lunes, 27 de junio de 2011

Monserrat Cultural Nº 42

Imagen de Tapa: “Frágil” de Soledad Mansilla.
http://coordenadasimperfectas.blogspot.com/

Editorial

Las experiencias generan más felicidad que comprar cosas.
Ya todos sabemos que el consumo desmedido produce derroche de energía y más basura en un planeta al borde del colapso. En su lugar, se propone la elección de experiencias sobre cosas: en vez de regalar un nuevo televisor, por qué no invitar a una cena o a un fin de semana de relax.
Estudios diversos respaldan estas premisas, comprobando que las experiencias pueden dar más felicidad que las cosas. Cuando compramos algo material, nos angustia pensar en qué otra cosa podríamos haber comprado, mientras que con una cena o un masaje el disfrute no es interrumpido por pensamientos o acciones basados en cálculos. Con las experiencias, sea compartiendo un asado con amigos, una salida al teatro o simplemente un paseo por el parque  nuestro cuerpo y mente se relajan y pueden recurrir a esa experiencia en el recuerdo, recuperando la sensación. En el caso de la compra de objetos, la sensación gratificante dura mucho menos en comparación con la experiencia compartida, y casi nadie relaciona el recuerdo de una compra como un hecho al que recurre en momentos difíciles.
Los estudios concluyen con algo que muchos saben, pero pocos llegan a comprender o vivirlo realmente. La idea se podría resumir en una frase del Indio Solari: “vivir, solo cuesta vida”.
Entonces, la próxima vez que te sientas ansioso, en vez de ir al kiosko a comprar una golosina o cigarrillos, probá dar una vuelta por un parque o una plaza, o poné un disco de la música que te guste y tomate el tiempo para escucharlo tranquilo. Quizá ese momento baste para entender que a veces es mejor dejar un vacío dentro nuestro para que nuevas experiencias y emociones nos sorprendan gratamente.

"No es fácil ser un hombre libre, huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia..."
G.Delleuze
“La tristeza, los afectos tristes (…) disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos"
G.Delleuze

El editor

Poesía porque sí

1/5

si estuviera en los setenta
hoy estaría seguramente
con una bandera, caminando, gritando
haciendo sonar algún estruendo pero
estoy acá: desde la ventana empañada veo
pasar a muchos hombres y algunas mujeres
van con gorras, remeras que representan
distintas maneras de entender la política
imperceptible me siento para casi todos pero
alguno me saluda, sobre todo me miran los niños y yo
me pongo los auriculares, necesito
algo de música que levanteme el ánimo


Ø
acomoda el cartón y se acuesta
lentamente porque tiene que agacharse hasta el piso
con la panza que le cae como una bolsa de boxeadora
mientras él sigue pitando algo que no se distingue
muy bien desde el colectivo
se tapan con una manta blanca, se cubren hasta la cabeza
desde mis anteojos todo se ve en sepia
pero llego a distinguir a una chica barriendo
la mugre de la vereda con una rama gigante
porque quiere que su puesto luzca
lo más parecido a uno de la feria de enfrente
y vender todos los ramitos de olivo
a los que salen a las 11 de la iglesia y
sigue la tradición de colocarlo
en el crucifijo plateado que está
sobre la cabecera de la cama

Victoria Sastre (Buenos Aires, 1982)
mvsastre@hotmail.com

Cuento

RAMONITA
Por: María Elena Mittelman

El cuerpo diminuto, arrugadísimo, casi inexistente de Ramonita, se me impuso con su realidad increíble. En el crepúsculo denso, sus ojos transparentes y lúcidos se abrieron como un refugio y albergaron mi asombro.
Me habías hablado muchas veces de ella, nombrándola con cariñosa intimidad como tu "noviecita de La Boca", y junto a la ráfaga olorosa de Riachuelo pobre y soñador, tu historia me llegaba en tonalidades de simpatía candorosa e inocente.
Nuestro propósito, al ir a visitar a Ramonita , tenía que ver con trasnochadas charlas que veníamos sosteniendo desde hacía largo tiempo sobre el hombre, la fe y el pecado. Pero entrampados en nuestros códigos de tantos años de aulas y de libros, el tema terminaba por languidecer entre palabras vacías y conclusiones inútiles.
Hacía falta un lenguaje más encarnado y primitivo, y mientras nos dirigíamos desde nuestras pequeñoburguesas calles habituales al áspero caos del puerto, yo ensayaba para mis adentros, con cierto nerviosismo, el próximo encuentro con ese personaje legendario que tus frecuentes menciones habían agigantado en mi fantasía.
Pero al verla, al dejarme envolver por su presencia vigorosa, comprendí que eso del "noviazgo" encerraba una profunda ironía. Comprendí que, lejos de ser una metáfora, Ramonita estaba implantada en tu mundo con una fuerza apasionada y vital, capaz de conmoverte y angustiarte como sólo el amor puede hacerlo, una fuerza totalmente ajena a la inocencia y al candor.
Fue después de atravesar barrios cada vez más pintorescos y humildes, de subir y bajar escalones obstinadamente erigidos contra los embates de las sudestadas, de orientarnos por la creciente proximidad del río más que por los escasos carteles deteriorados, que llegamos. Y allí estábamos, en ese mítico rincón de chapas y cortinas multicolores, síntesis de vidas esforzadas y humildes y de pintores bohemios, buscando la prometida y prometedora respuesta.
Golpeaste discretamente la puerta casi virtual de la pieza, dolorosamente miserable. Y luego de un largo minuto, la figura insólita de Ramonita emergió de la sombra como de la irrealidad de un sueño.
Se disculpó por su tardanza, diciéndonos que había estado hincada allí adentro, rogando por el bien del mundo. Y esa afirmación, que quizás en otro contexto y en otros labios me hubieran provocado sospecha o incredulidad, se instaló en mí con la misma naturalidad con que Ramonita nos miraba desde su transparencia, recortada contra el verdor de sus plantas hermosísimas.
Sacó tres sillas al patio crepuscular, extensión común de varias otras piezas-hogares, piezas-talleres, piezas-aguantaderos, piezas administradas por un dueño surreal, cotidiano e inaccesible a la vez. Dueño no solamente del espacio, sino también del tiempo, de las horas de jornadas duras, de las noches de insomnio, de los meses siempre demasiado largos, dueño de los incontables años de desposesión.
Pero con Ramonita era diferente. Ella había violado el dolor y la leyenda. Gracias a la ayuda de sus hermanos de fe, Ramonita se sabía dueña absoluta de las tres chapas del techo, y esa propiedad delirante la hacía trascender la estrechez del jornal, del lugar y de los días y erigirse en su pieza-hogar, pieza-patria y pieza-templo, con la serenidad del arraigo legítimo.
Mientras evoco todas estas imágenes, sujetas necesariamente al tiempo cronológico en el que se extienden las palabras, me sorprende la lentitud engañosa con que se impregna todo. Porque lo vivido, lo real, la presencia de Ramonita , sus plantas hermosísimas, su oración, sus ojos transparentes y su pieza con sus tres chapas inexpugnables, Ramonita y sus tres sillas en el patio crepuscular.... fueron una ráfaga instantánea que desbarató nuestra premeditada y ahora absurda idea de hablar del pecado.
El pecado y la fe, como temas de conversación explícita con Ramonita, hubiera sido algo tan fuera de lugar, tan obsceno, como preguntarle a un niño sobre la infancia o a un moribundo sobre la muerte.
Mientras su voz sencilla nos encantaba con anécdotas menudas y domésticas, yo fui poco a poco, como en una cirugía fantástica, estirando la piel gastada, modelando la turgencia de formas perdidas, recreando sobre su expresión vivaz la frescura esbelta de los pómulos, inyectándole en las venas el rumor olvidado de la sangre nueva. Y la ví, pujante y sensual, dueña de todos los secretos primarios, maestra innata y rotunda de la vida.
Ramonita, desde su raza remota, desde sus manos laboriosas, rescataba el carácter sagrado e irrenunciable de todo lo creado, mostrándonos su cuerpo disfrutado y sus ojos llenos como estandartes orgullosos de novia atemporal.
En el otro tiempo, en el otro cielo, el crepúsculo daba los últimos toques a su tela de luces y sombras contrastantes.
Supimos que era hora de irnos. Supimos que Ramonita, después de saciarnos con su sabiduría perturbadora y primordial, necesitaba volver a la intimidad de su pieza hogar-patria-templo, para seguir cosiendo su larguísimo vestido de novia y orando por el bien del mundo.

lunes, 30 de mayo de 2011

Monserrat Cultural Nº 41

Imagen de Tapa: “Sopa de Letras” de Soledad Mansilla.
http://coordenadasimperfectas.blogspot.com/

Editorial

Cansado de tanta contienda electoral, de tanta palabra vacía de algunos que buscan desesperadamente el voto; esta vez tomo un respiro y comparto con ustedes un poco de poesía; porque el alma también necesita de brisa fresca que alivie su andar.
El editor

POEMAS DE "PERSISTENCIA DEL ÁRBOL"
de Marcelo Villa Navarrete

1 Si la sangre no anega el desierto, si no hierve la saliva al cruzar el laberinto, si por la hojarasca no ruedan los ojos, entonces no.

2 Surco de neón, río invisible que brama y no cesa; cantar de cerezos, efluvio de seda y alabastro; sol siamés que germina e incendia un bosque.

3 No este cuerpo que extravió la lluvia, no estas manos invisibles desgarrando la sangre, no estos gritos que lamen los talones, no este hedor a mañana de agujas recobradas, no este nombre, no esta prisa, no el silencio.

4 Este y otros rostros. El bufido de cada peldaño al rozar el acantilado. Una sola mortaja de pétalos hilvanada con vinagre y rocío. Embarcaciones con velas de hielo. Este y otros pasos. Los sauces se recuestan en la espesura. Silencio.

5 Quién ha deslizado sus dedos en orquídeas de invisibles pétalos, quién ha tensado el arco y dispuesto la flecha para horadar la pulpa, quién era miel y hundió su lengua en miel.

6 En mis manos usted devenía en pluma, en camelia, en bolsa de té. De cada beso usted huía mas quedaba su sonrisa. Y una vez, la última, usted entró, buscó refugio en mis costillas. Corrí aullando entre campanarios y bocinas de automóviles: la sangre hervía y ya era tarde, siempre fue tarde: usted bebió silencio y no resbaló de mí.

7 Estas sábanas de soterrados pinceles, este azufre sobre lámparas, este vórtice desecho, yo.

8 Mírame: no pedí ese árbol desangrado (¿era sangre del árbol o de mis ojos?), pero como tantas veces subí, ebrio de sal y pétalos, y procuré no escuchar el latir del viento. En realidad fue solo un estribillo, cada vez más nítido y vacío, y el hambre de caer, apagarse, ser mis escombros, y decir: mírame.

9 Ni el ardor o el hielo de sus cejas, ni el páramo de su pecho, ni el eclipse surcado en su ombligo. Sí sus pies y sus manos de hostia, sí la leche de sus labios, sí el trigo derramado en su cintura.

10 Cae fría, ciega, exhausta, la luna, sobre estos cuerpos que solo saben inflamarse, reconocerse a oscuras, subir al dolor.

El Contrato tácito del "mundo libre"

He aquí el contrato que cada uno firma cada mañana simplemente por levantarnos y no hacer nada.
Poco importa nuestras creencias o nuestras ideas políticas, el sistema instaurado en nuestro mundo libre reposa sobre el acuerdo tácito de una especie de contrato realizado con cada uno de nosotros. Aquí el texto que nunca has leído, pero que sin saberlo has firmado:

1) Acepto la competencia como la base de nuestro sistema, aunque soy consciente de que esta operación crea frustración e ira en la gran mayoría de los perdedores.

2) Estoy de acuerdo en ser humillado o explotado, siempre y cuando no se modifique la vida a la que estoy acostumbrado, aunque incluso eso signifique humillar o explotar a alguien que ocupa un lugar más bajo en la pirámide social.

3) Acepto la exclusión de los inadaptados, marginales y de los endebles, porque creo que la gestión de la sociedad tiene sus límites.

4) Estoy de acuerdo en pagar a los bancos de mi salario para que ellos inviertan los ingresos obtenidos a su conveniencia, y además no deberán reintegrarme nada de sus enormes beneficios (que usarán para robar a otros países pobres, y a este mismo, lo que se acepta implícitamente). También acepto que me cobren una alta comisión por prestarme dinero que es, además, de otras personas.

5) Acepto que se congelen y se tiren toneladas de alimentos para mantener los precios del mercado o manipular la economía, en lugar de ofrecerlos a millones de personas que sufren y mueren de hambre cada día.

6) Estoy de acuerdo en que esté prohibido poner fin a su vida rápidamente, sin embargo, puedo tolerar que se haga lentamente, con la ingestión o inhalación de sustancias tóxicas permitidas por los gobiernos.

7) Acepto que se haga la guerra para mantener la paz…

8) Estoy de acuerdo en que se divida a la opinión pública mediante la creación de partidos políticos de izquierda y derecha que pasarán su tiempo peleándose, ya que esto me da la impresión de que hay “gobernabilidad”, y se están ocupando de mí. Acepto también toda clase de divisiones posibles, siempre que me permitan localizar un “enemigo” designado y focalizar mi enojo y frustración en él.

9) Estoy de acuerdo en que el poder de moldear la opinión pública esté en manos de especuladores no elegidos democráticamente y completamente libres de controlar a los gobiernos, porque estoy convencido de la buena utilización que ellos hacen de esto, además si sale en los “medios” debe ser verdad.

10) Acepto la idea de que la felicidad se reduce a la comodidad, el consumo, el sexo, y la libertad de poder satisfacer todos los deseos, porque eso es lo que la publicidad repite todo el día. Cuanto más infeliz me siento, más consumo: Así puedo cumplir mi papel en el sistema contribuyendo al buen funcionamiento de nuestra economía.

11) Estoy de acuerdo en que el valor de una persona se mida por el tamaño de su cuenta bancaria, y que se aprecie su utilidad en función de su productividad más bien que por su calidad y creatividad, y que se la excluya del sistema si no es productiva.

12) Estoy de acuerdo en que se pague generosamente a los jugadores de fútbol y a “gente del espectáculo”, y mucho menos a los maestros y a los médicos, encargados de la educación y la salud de las generaciones futuras.

13) Acepto que excluyamos (depositemos) a los “mayores” en lugar de beneficiarnos de sus experiencias y sabiduría, que como sabemos, en nuestra sociedad moderna y altamente evolucionada, eso no sirve de mucho.

14) Acepto que me presenten noticias negativas y aterradoras del mundo todos los días, así puedo apreciar lo normal de mi situación y la suerte que tengo de que a mi eso no me suceda. Sé que mantener el miedo en nuestra mente no sólo es normal sino que además puede ser beneficioso para nosotros.

15) Estoy de acuerdo en consumir alimentos tratados con hormonas, sustancias “químicas” y pesticidas sin que explícitamente me lo aclaren. Estoy de acuerdo en que los cultivos transgénicos se propaguen, permitiendo que los grandes monopolios (como el “pool” de siembra) se beneficien con patentes, jugosos dividendos y privilegios, manteniendo bajo su yugo a la agricultura mundial, y obviamente al pequeño y mediano productor.

16) Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países desfavorecidos (como Argentina) y que al no poder pagar los intereses usureros, no solo les de el derecho a intervenir en la política “interior” del país, sino además a quedarse con sus recursos.

17) Estoy de acuerdo en que las multinacionales no apliquen los avances sociales de los países “más desarrollados” en los países más pobres (como Argentina). Considerando que ya es “un regalo” que las personas puedan trabajar, aunque sea como esclavos, incluso está bien que se sirvan de las leyes existentes en estos países para que niños y mujeres trabajen en condiciones inhumanas y precarias. En nombre de los derechos del hombre y del ciudadano, no tenemos porque intervenir.

18) Estoy de acuerdo en que los políticos puedan ser gente de dudosa honradez e incluso corruptos. Que gocen de inmunidad, buena paga y de otros privilegios. Para el resto, está bien que no haya tolerancia ni privilegios.

19) Estoy de acuerdo en que las empresas farmacéuticas experimenten, especulen y vendan medicamentos, incluso si esto representa negociar con la salud de la población, y también que los fabricantes de alimentos vendan sus productos obsoletos o que usen sustancias cancerígenas que deberían estar prohibidas.

20) Acepto la búsqueda, a toda costa, del beneficio económico como el objetivo supremo de la humanidad, y la acumulación de riquezas como la realización de la vida humana.

21) Acepto la destrucción de los bosques, la virtual desaparición de los peces de los ríos y océanos. Acepto el aumento de la contaminación industrial y la propagación de venenos químicos y elementos radioactivos en la naturaleza. Acepto el uso de todo tipo de aditivos químicos en mi dieta porque estoy convencido de que si los ponen es por que son útiles y seguros, por otra parte, es lo que hacen “todos”.

22) Acepto esta situación, y admito que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla.

23) Acepto ser tratado como ganado, porque de todas formas, creo que no valgo más que eso.

24) Estoy de acuerdo en no hacer preguntas, ignorar todo esto y no crear una oposición real, porque estoy muy ocupado con mi vida y mis preocupaciones. Acepto, incluso si no me lo piden, defender a muerte este contrato.

25) Por lo tanto, acepto, de plena conciencia, y por último, la triste matriz que ponen delante de mí, aunque esta me impida ver la realidad de las cosas. Sé que lo hacen por mi causa y la de todos, gracias.

Si estás en contra, todavía puedes poner en práctica los recursos de la amistad y el amor, la fraternidad y la responsabilidad compartida, pensar, diseñar, construir y ser atrevidos, sin miedo y sin dejarse abusar. Todo retraso nos acerca más a la nada.

Poesía porque sí

Por: María Elena Mittelman

QUIZÁS

Quizás  deba mostrar
un poco más de mi cansancio,
con una sonrisa
decir
no puedo,
y embarcada en mi nave de lejanía
y viento,
volver
a cruzar los túneles celestes  de mis ojos
hasta el punto de dolor y olvido
donde quedé cautiva,
enredada
en una curva de la infancia.


A la edad que tenemos,
hay que sumarle
el tiempo que nos arrebató la desmemoria.

Breves e infinitos años iniciales, 
herméticos a todo intento
de relato,
a la vez clave y misterio,
burbuja prehistórica
en la que dicen que fuimos
improbablemente felices.

A la edad que tenemos
es bueno saber si fue conquista o fue derrota
el tiempo que nos arrebatò la fantasía.

Somos ciudades de postguerra,
largamente doloridas e íntimas.
Pero al final del dolor,
en el sitio del recuerdo
sólo queda el recuerdo de una sombra.
Y las sombras son livianas
y  libres.


A la edad que tenemos
hay que devolverle
el tiempo que nos arrebataron  la condena y la culpa.

Porque los plazos prescriben
y  a esta vida sin caràtula
debiéramos quererla y abarcarla
en toda su extensión sobreseída. 
Debièramos ejercer el derecho al desapego,
que no es desamor,
Y perdonarnos.


A la edad que tenemos
hay que restarle
cada instante que podamos arrebatar a los lamentos.

A  cambio,
las manos estarán menos crispadas,
el cuerpo se dejará acunar por el sillón antiguo,
buscaremos la vieja taza azul
que nos acompañó en tantas esperas
exhalando aromas.
Y el tiempo será de limón y de canela.

viernes, 29 de abril de 2011

Monserrat Cultural Nº 40

Imagen de Tapa: “Melly Mug” de Katiku

Editorial

Leyendo una revista encontré este cuento que representa muy bien algunas conductas y reacciones que muchos constatamos cotidianamente. Lo comparto con ustedes, esperando que se multiplique en todos la actitud del zapatero.

El editor

La verdadera importancia
Por: Paulo Coelho


Jean paseaba con su abuelo por una plaza de París. A determinada altura vio cómo un cliente increpaba a un zapatero por determinado defecto que presentaba su calzado. El zapatero escuchó con calma las quejas, pidió disculpas y prometió reparar el error.

Pararon para tomar un café en un bar. En la mesa de al lado, el camarero le pidió a un hombre que moviese un poco la silla para hacer espacio. El hombre soltó toda una retahíla de improperios, y se negó.

-Nunca olvides lo que acabas de ver – le dijo a Jean su abuelo -. El zapatero aceptó las reclamaciones, mientras que este hombre de nuestro lado no ha querido moverse. A los hombres útiles, que hacen algo útil, no les incomoda que los traten de inútiles. Pero los inútiles siempre se creen importantes, y esconden toda su incompetencia detrás de la autoridad.